jueves, mayo 30, 2024

Mariana Redi: todo gran cambio empieza con una transformación personal

Por Micaela Tripodi

En la entrada del Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo está ella. Carga un gran bolso en su hombro y viste un short que deja al descubierto la prótesis que lleva en su pierna derecha, algo que no habría hecho un tiempo atrás. Por un largo pasillo, se dirige hacia la cancha para entrenarse con Las Lobas. Se viene el Campeonato Sudamericano de Básquetbol sobre Silla de Ruedas y Mariana Redi, al igual que sus compañeras de plantel, quiere estar al cien para encarar este nuevo desafío. Uno más en los cuatro años que lleva representando a la Argentina.

Activa y siempre positiva, como la describe su compañera de equipo Evangelina Paiva, Mariana tiene sus objetivos claros en vista del próximo torneo internacional: “La verdad es que estamos muy bien. Mucho mejor que otros años. Creo que tenemos muy buenas posibilidades de ser campeonas”. La jugadora está convencida de que quiere conseguir la tan ansiada medalla de oro que se le viene negando, pero que está cerca. En los Juegos Paralímpicos de Lima 2019, Las Lobas, sobrenombre con el que se identifica la Selección, alcanzaron la cuarta posición, quedando a sólo un lugar de meterse en el podio. 

Mientras tanto, la actual jugadora de SICA sigue trabajando para forjar su camino en el deporte. Porque si hay una palabra que la caracteriza, esa es “luchadora”, según Sergio, su padre.  Mariana convive con su discapacidad desde que nació, el 4 de octubre de 1992, en el Hospital Policlínico del docente. Parte de su pierna derecha y la falange de cinco dedos de sus manos no alcanzaron a formarse. Sin embargo, pese a que el camino de la aceptación fue complejo, eso nunca la detuvo.

Durante su infancia, vivió momentos buenos y malos, aunque el ser diferente a los demás niños y niñas, hizo que sufriera algunos señalamientos. “El haber nacido con una discapacidad física me diferenciaba muy fácil del resto. Eso generaba cierta incertidumbre en los otros y también me juzgaban un poco, tal vez por la falta de información que hay en la sociedad respecto a la discapacidad”, recordó. 

Pese a esas situaciones, Redi siempre tuvo la contención de su familia: su hermana, sus primos, tíos y también sus amigos. Pero en quienes más se apoyó toda su vida fue en sus padres, Ana y Sergio, de quienes heredó la pasión por el deporte. Ellos, ambos profesores de Educación Física, fueron los principales responsables de su inserción en la esfera deportiva desde pequeña. Con apenas dos años, Mai –como la llaman sus allegados–  ya practicaba equitación. 

La mayoría de las veces que sus padres iban a dar clases, ella los acompañaba. Incluso, con frecuencia se metía a jugar, sin importar de qué deporte se trataba. Siempre le gustó probar diferentes disciplinas. De hecho, antes de iniciarse en el básquet, experimentó con más de diez deportes distintos (siempre de manera convencional), como gimnasia artística, danza natación, patín y vóley. Tal y como ella se describe a sí misma, en la escuela era una “kamikaze” total. Llegó a jugar sóftbol, handball, hockey y quemado. Más adelante, también aprendió a esquiar y bucear. Muy pronto, Mariana se adaptó al deporte como pocos lo hicieron y lo aprovechó como una herramienta para superarse día a día.

“El deporte también me ayudó con la estimulación y la motricidad de mis piernas y manos, sobre todo, que al tener pocos dedos en ellas todo se me complica, desde abrir una botella hasta picar una pelota, así que el básquet me ayudó muchísimo”, agregó.

Al dejar atrás el secundario, aún no tenía claro lo que quería hacer. Empezó a estudiar diseño de interiores, después comercio internacional y, justo antes de meterse de lleno con el básquet, estaba estudiando diseño multimedial. 

Al mismo tiempo, Mariana trabajaba. “Se me hacía muy difícil conseguir un trabajo que me permitiera desempeñarme bien sin que la discapacidad sea un problema, porque la mayoría de los empleos más fáciles de conseguir para los jóvenes, implican pasar mucho tiempo parado, y yo no podía hacerlo”, explicó. Mesera, operaria en una fábrica de juguetes, preceptora de un colegio secundario, niñera, profesora de inglés particular y vendedora en una tienda de ropa, fueron algunos de los trabajos en los que pudo desempeñarse.

A principios de 2016, Redi comenzó a trabajar todos los sábados como auxiliar de un profesor de Educación Física en una colonia para personas con discapacidad, en el Servicio Nacional de Rehabilitación (Ramsay), ubicado en Belgrano. Lo que ella ni siquiera sospechaba es que, a partir de aquel momento, su vida daría un giro inesperado y se le presentaría la oportunidad soñada.

En ese mismo centro, se ntrenan las selecciones femenina y masculina de básquet adaptado. Uno de los coordinadores vio que Mariana podía encajar en la disciplina y se lo transmitió a Carlos Cardarelli, entrenador de la Selección nacional, quien decidió darle una oportunidad. A sus 24 años, ella no lo dudó. Era el primer deporte adaptado con el que iba a tener contacto y, además, se iba a subir a una silla de ruedas por primera vez. 

“En mi casa siempre hubo aro de básquet y todo tipo de pelotas, pero nunca me plantee hacerlo porque es mucho el recorrido que hay que trasladarse y me podía doler la pierna que no tengo desarrollada. Cuando me dijeron que podía practicarlo y mi prótesis no iba a ser un problema, ni siquiera lo pensé dos veces y me metí con todo”, añadió la jugadora.

Al poco tiempo, Mariana ya estaba convencida de que la cancha de básquet era su lugar en el mundo. Motivada por la chance de ser convocada a la pre-selección, donde se elige quiénes viajan a disputar los torneos internacionales, comenzó a buscar club para poder entrar en consideración. Finalmente, River fue el que le abrió las puertas.

“Empecé a entrenarme con River y la pre-selección, hasta que a los cuatro meses jugó torneo y ahí quedé en la selección. Fue una gran emoción, no entendía nada. De ahí en más, viajé a todos los torneos internacionales”, contó.

Entre las competencias más importantes que disputó a nivel internacional, el Mundial de Hamburgo, Alemania, en 2018, la marcó de manera particular. En aquel torneo, Las Lobas no consiguieron el rendimiento esperado por las autoridades, por lo que el Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (ENARD), decidió no renovarles la beca que cobraban.  

A raíz de esa injusticia, la número 8 del seleccionado se animó a publicar un extenso mensaje a través de sus redes sociales denunciando a la entidad. Ante la fuerte difusión de aquel posteo, el ENARD se retractó y prometió pagarles a todas las jugadoras. Es por eso que en sus compañeras de equipo, Redi genera admiración. Y eso no es lo único que consiguió para las suyas. Su amiga Evangelina contó que también fue la única que pudo adquirir un sponsor para la selección: “Siempre está pendiente del equipo. Hizo mucho por nosotras”.

“Lo que más me gusta de ella es su franqueza, es muy abierta a la hora de expresar inquietudes, no tiene problema y siempre lo hace con respeto”, agregó Paiva, quien la conoce hace cinco años.

Con sus compañeras de selección mantiene una excelente relación desde el primer momento. “Me recibieron con mucho cariño y paciencia cuando llegué. Yo también creo que fui buena con ellas. Soy una persona generosa, que siempre tiene ganas de ayudar al otro. Somos un gran equipo, cuando una está mal o necesita algo, estamos todas, no importa si tenés más afinidad con unas o con otras”, expresó Redi. 

Por parte de su entrenador, quien destaca su carisma y predisposición, también tiene el visto bueno. “Avanzó mucho desde sus inicios. No sabía cómo moverse en una silla y ahora el crecimiento es notorio. Obviamente faltan cosas por pulir, pero creo que va por buen camino para lograr uno de sus mayores sueños, que es jugar en Europa”, dijo Cardarelli. 

En la misma línea, la basquetbolista asegura que nunca se había relacionado tanto con personas con discapacidad. Su irrupción en el básquet adaptado, la hizo dejar de sentirse un “bicho raro”, como ella se consideraba: “Fue muy positivo haberme relacionado con las chicas, los chicos. Todos los días me enseñan algo: al principio, me pasaba con las chicas que están en sillas de ruedas permanente de querer ayudarlas con todo y después me di cuenta que no necesitaban de esa ayuda, que podían hacer todo igual. Pero necesitás vivirlo para saber cómo manejar estas situaciones”.

A su vez, este cambio de perspectiva, contribuyó mucho a su avance en el plano personal. Redi había entrado en una depresión muy grande y, durante mucho tiempo, la invadieron pensamientos feos: “Fue loco porque el tema de la depresión es como un bichito que te dice ‘vos te quedás acá’, como que te controla. Yo siempre había tenido el control de mi vida y algo que no podía ver, intangible, me estaba controlando”. Sin embargo, tomó la decisión de no quedarse de brazos cruzados. 

Aunque el tratamiento psicológico que había comenzado la ayudó mucho, su fuerza mental fue el factor determinante para lograr la transformación: “Creo que el clic lo hacés vos en tu cabeza. Por más pastillas o más cosas que te den, si no lo hacés vos es lo mismo que nada”. Desde ese momento, y hasta el día de hoy, es otra persona. Poco a poco se fue soltando. Empezó a vestir pantalones cortos para entrenar, sin preocuparse por el qué dirán. El básquet fue el disparador de su proceso de aceptación. De allí, la frase “los límites sólo están en tu cabeza” se convirtió en su lema.

Luego, Mariana se animó a ir por más. Motivada por su fuerte atracción a las artes, cumplió su meta de desempeñarse como actriz y modelo. Participó en varios capítulos de la serie Bia –de Disney Channel– y modeló para distintas marcas de ropa.  Si bien sus máximas aspiraciones están vinculadas al básquet, la Loba siguió sumando experiencia en lo que más disfruta.

Esta faceta artística, además, la comparte con su pareja. Franco Filloy, o Kid Filly, nombre con el cual es conocido en redes por sus canciones de trap, apareció en su vida durante la pandemia. Comenzaron a hablar cada vez más seguido, hasta que pudieron conocerse personalmente. Franco la acompaña en todo, comprende a lo que se dedica, y la cantidad de tiempo que eso conlleva.

“Tuvimos la suerte de poder unirnos por el arte. Fui protagonista junto a él del video de una de las canciones que escribió para mí y lo grabamos en una cancha de básquet. Fue muy divertido. Nos encanta pensar cosas en conjunto. En ese sentido lo ayudo a pensar locaciones para sus videos, lo maquillo, elijo la ropa, le saco fotos, hago videos, entre otras cosas”, indicó.

Empática, solidaria y sociable, como se define Mariana a sí misma, logró superar el largo camino hacia su aceptación: “Me gustaría ser recordada como alguien que sumó al área de discapacidad a nivel nacional y como alguien que deja el alma en la cancha en cada partido y en cada entrenamiento”. Porque, al fin y al cabo, “los límites sólo están en tu cabeza”.

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