domingo, marzo 3, 2024

Argentina, por la gloria

Por Santiago Ballatore

Argentina se metió en la final del Mundial de básquet por tercera vez en su historia –las anteriores fueron en el torneo que se disputó en Buenos Aires en 1950 y en Indianápolis 2002- tras vencer a Francia por 80 a 66 en un auténtico partidazo del Alma, que respetó a rajatabla el plan de juego que ideó Sergio Hernández, el entrenador.

Una característica que se dio en casi todos los partidos –el juego de cuartos de final ante Serbia fue la excepción-, es que Argentina tuvo siempre muy buenos terceros cuartos. Es en ese momento en el que se demuestra la dureza física de cada equipo porque es necesario volver a empezar después de 15 minutos de descanso. Allí muchos tienen una debilidad o, como en este caso, una virtud.

En el debut frente a Corea del Sur la diferencia estuvo marcada desde el primer minuto, por lo que sería rebuscado plantear que en el tercer cuarto estuvo la clave de la victoria. La realidad es que ese fue el período en el que más diferencia sacó y más puntos hizo, aprovechando el cansancio de Guna Ra, la figura rival: terminó 28 a 16.

Contra Nigeria esta tendencia comenzó a tomar importancia. Después de un gran primer cuarto argentino, los africanos habían conseguido empatar el partido en el segundo, aprovechando la superioridad física. Pero en el tercer parcial aparecieron los triples de Nicolás Laprovíttola y la Albiceleste pudo volver a sacar más de 10 puntos de ventaja, ganando el período por 29 a 18.

El partido ante Rusia fue particular: después de un mal primer cuarto, salvado por un triple de Facundo Campazzo en el final, Argentina había conseguido dar vuelta la historia ganando el segundo parcial por más de 10 puntos. La principal particularidad del tercero estuvo situada en la defensa: convirtió nada más que 14 puntos, pero permitió solamente 7.

El primer encuentro de la segunda fase fue frente a Venezuela. El juego fue totalmente dominado por El Alma, que ganó los cuatro períodos. Con Polonia el partido también tuvo esas características, ya que fue una clase magistral de la defensa del equipo: en el tercer cuarto recibió 14 puntos y anotó 28, la mayor ventaja en un parcial del enfrentamiento.

Si bien Serbia ganó el tercer cuarto 18 a 14, Argentina venció en la totalidad del juego con autoridad y llegó a las semis, donde se enfrentó con Francia. Y también le ganó a los galos, con más convicción aún que contra los serbios: se ganaron todos los parciales, pero el 21 a 16 del tercero fue en el que más diferencia hubo. Tayavek Gallizzi fue una de las claves de este momento argentino, ya que reemplazó a Marcos Delía para hacer un trabajo de obrero: luchar cada balón debajo de los tableros frente a los gigantes franceses.

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