sábado, abril 13, 2024

Nikola Jokic: demasiado grande, demasiado bueno

Por Santiago Ballatore

Si el mundo se dejara llevar completamente por los prejuicios, Nikola Jokic nunca podría ser el deportista que es hoy. Sacando de la ecuación sus 2,13 metros de altura, es un basquetbolista completamente opuesto al modelo moderno, que prioriza el atletismo antes que el juego en sí. No tiene un gran físico y cuando corre parece que caminara, pero a la hora de parar la pelota y pensar, es de los mejores. Pases para atrás, de faja, de caño. Claro está, hay varios jugadores con gran capacidad de asistir, ¿pero uno de este tamaño? Esta capacidad de ver sin mirar, de imaginarse las cosas segundos antes de que pasen, hicieron que El Joker firmara en julio de 2018 un contrato por más de 145 millones de dólares, distribuidos en cinco temporadas, con Denver Nuggets. 

Nacido en 1995 en Sombor, un pueblito de Serbia que no supera los 50 mil habitantes, Jokic y su familia vivieron una época intensa. Yugoslavia vivía las Guerras Yugoslavas, que habían empezado en 1991 y durarían una década. Tenía solo cuatro años cuando las tropas de la OTAN decidieron bombardear su país durante 11 semanas. “Me acuerdo de cosas como sirenas, refugios de bombas, siempre estar con la luz apagada. Prácticamente vivíamos en la oscuridad. Incluso a las nueve de la mañana era de noche”, comentó hace unos años en una entrevista con el medio norteamericano Bleacher Report.

En el momento en el que los Nuggets lo estaban eligiendo en el Draft de 2014, Jokic estaba durmiendo profundamente. Fue Nemanja, uno de sus dos hermanos mayores, el que lo llamó desde Nueva York para avisarle. Ser profesional no era algo en lo que él pensara en sus comienzos en este deporte. Nunca fue muy responsable con los entrenamientos y todo lo referido al, valga la redundancia, profesionalismo. Cuando era chico porque no quería entrenar y su padre tenía que convencerlo, y ya de más grande cuando, siendo un adolescente, tomaba tres litros de Coca Cola por día. Nunca durante la mañana porque tenía la práctica con su club, pero una vez terminada era un vaso tras otro. Cuando viajó a Denver en 2015 para jugar su primera temporada, tomó la última Coca Cola hasta el día de hoy.

Al haber nacido en un pueblo tan chico, es una persona bastante familiera. En más de una ocasión dijo que, cuando termine su carrera en la NBA, su idea es volver a su casa, donde pertenece. Y así se lo explicó a Zach Lowe, uno de los más importantes especialistas de básquet en el norte del continente: “Me gusta mi pueblo porque es muy tranquilo, pero se puede hacer cualquier cosa. Solo quiero estar en un lugar en el que sepa manejar un auto sin ayuda del GPS. No hay lugar como el hogar”. Tiene una gran relación con sus hermanos, que viven en Estados Unidos con él y van a alentarlo siempre que tienen la oportunidad. A la hora de jugar a las cartas con ellos, no se lo toma a la ligera, ya que dice Nikola Jokic, demque siempre hay que vigilar a todos en la mesa.

Hablando exclusivamente de su juego, es posible que haya nacido con las dimensiones equivocadas: es un base encerrado en el cuerpo de un pivot. Esta situación no lo limita en absoluto, ya que son muchas las veces que agarra el rebote y, él mismo, sube la pelota para organizar el ataque. Además de su mejoría física –bajó 15 kilos solo en su primera temporada, cuatro años atrás- también hay un progreso evidente en sus números, una parte para nada menor del básquet. Allá por la temporada 2015-16, promedió 10 puntos, 7 rebotes y 2,4 asistencias por partido; números que le alcanzaron para ser elegido en el mejor equipo de novatos. Durante el último año, consiguió 20 puntos, casi 11 rebotes y poco más de 7 asistencias; con el agregado de haber clasificado por primera vez a los Playoffs, en los que quedó afuera en las semifinales de la conferencia oeste. 

Con Nikola a la cabeza, Serbia es uno de los grandes candidatos a robarle la corona a Estados Unidos en el Mundial de China porque, a pesar de ser el director de la orquesta, cuenta con grandes trompetistas, como Boban Marjanovic, Bogdan Bogdanovic y Nemanja Bjelica, que también juegan en la mejor liga del mundo.

 

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