Por Iván Fradkin

Al leer la lista del equipo nigeriano para el Mundial de China que se avecina, algún nostálgico prevenido puede subrayar la ausencia de un reciente campeón de la NBA. A pesar de contar con un puñado de jugadores de la liga estadounidense, como Al-Farouq Aminu, Josh Okogie y Chimezie Metu, no pasa de largo quien fuera elegido en la primera ronda del Draft de 2012, Festus Ezeli.

A pesar de no haber formado parte activamente del ciclo del seleccionado, ya fuera por problemas físicos, no haber clasificado -como en el último Mundial- o compromisos con sus franquicias -Golden State Warriors y Portland Trail Blazers-, Ezeli fue durante su estadía en la NBA una cara del deporte nigeriano y africano, participando incluso del primer evento de la liga en África. Festus siempre mostró un profundo orgullo y sentido de pertenencia por sus orígenes, y seguro una de sus cuentas pendientes fue representar a su país en una competencia a escala global.

En 2004, con aspiraciones académicas, Ezeli dejó Nigeria a los catorce años para irse a vivir con su tío en California. Sus comienzos no fueron particularmente auspiciosos, marcando de hecho sus primeros puntos en su propia canasta. En una entrevista en 2011, Festus remarcó lo dificultad que le planteó su inicio baloncestístico, debido a que no se había desarrollado antes en términos tácticos ni técnicos del mencionado deporte. “No sabía lo que estaba haciendo. Imagine a alguien que tiene 14 o 15 años, y usted le está enseñando como si fuera un niño de 6 años. Fue difícil. Todos se estaban frustrando conmigo. Me estaba frustrando con eso”, dijo.

Tras años de malas experiencias, una volcada en una liga de verano de 2006, realizada en Las Vegas, le modificó el paradigma. Allí, cuenta, empezó a disfrutar del juego. Un lustro duró su permanencia en la Universidad de Vanderbilt, donde pasó de estudiar biología a especializarse en economía, por los tiempos que le demandaba el básquet. Este brillante alumno, según afirman rectores y profesores, pasó de tener un rol menor por la presencia de Andrew Ogilvy a poseer un papel muy importante en el equipo, al punto de promediar trece tantos, más de seis rebotes y dos tapones y medio por partido. Luego de la temporada 2011/12, tomó la decisión de declararse elegible para el Draft de la NBA, donde fue seleccionado en el último lugar de la primera ronda por los Warriors.

Pese a haber contado con un número reducido de minutos durante los tres años que formó parte de la plantilla del conjunto de La Bahía -aproximadamente quince por juego-, Ezeli se dio el gusto de jugar en uno de los mejores equipos de la historia de este deporte. Luego de una temporada de rookie en la que pasó relativamente desapercibido, por contar con poco tiempo en la cancha y por no ser su equipo lo que lograría años después, llegó la previa de un calvario que lo azota hasta el día de hoy: las lesiones. Una operación en su rodilla derecha lo marginó por todo el curso 2013/14.

En la temporada 2014/15 llegó la consagración colectiva: logró su primer y único anillo de la NBA con el conjunto de Oakland. Sin embargo, al poco tiempo del inicio de la temporada regular, recién regresado de la lesión de la rodilla, se torció el tobillo izquierdo y se vio marginado de la competencia por más de un mes. Este nuevo imprevisto no cambió los planes de unos Warriors que se recibían de campeones por primera vez en cuarenta años. En la 2015/16, en la que Ezeli fue sometido a una artroscopía para una limpieza de su rodilla izquierda, su equipo rompió el récord de victorias en una temporada regular, aunque luego perdió en siete juegos la final ante los Cleveland Cavaliers. No obstante el resultado global, algo andaba mal en la rodilla que Ezeli se había operado recientemente. La titularidad en el Game 7 ante los Cavs evidenció su malestar físico; de todas maneras, el pívot afirmó: “No había posibilidad de que hubiera estado sentado en el séptimo partido de las Finales. Salí y lo di todo. Así es como soy yo. Siempre que caes crees que podrías haber hecho más, pero cuando pierdes el impulso es difícil volver”. Finalizado su contrato de rookie, llegaba el tiempo de buscar un nuevo paradero, y los Trail Blazers asomaban en su horizonte. Un contrato de 15,2 millones de dólares por dos años (8,4 garantizados) lo terminó de convencer de pasar a Portland.

Y allí, junto a su llegada a la franquicia de Oregon, comenzó su martirio. Primero se perdió los Juegos Olímpicos por un desacuerdo en términos de seguro entre la federación nacional y su nuevo equipo. Luego, el infortunio de las lesiones le jugó una nueva mala pasada. Y, a tres años de esta situación, nos encontramos en condiciones de pronosticar que de forma definitiva. Una serie de lesiones en la segunda parte de 2016 fue el comienzo de una hecatombe pronunciada, que culminó con una agresiva operación en marzo de 2017. Esta cirugía, que incluyó el implante ligamentario de un cadáver, fue su última jugada. Un manotazo de ahogado, si se quiere. Para colmo, como es de esperar para un jugador de más de dos metros, diez centímetros, fue difícil encontrar un donante de su talla. El 30 de junio de 2017 fue cortado por la franquicia de Portland.

El sueño de volver a jugar de Ezeli sigue latente. Desde ese fatídico tramo de lesiones e intervenciones quirúrgicas sigue entrenando por su cuenta, con el objetivo de vestir una musculosa y, por qué no, la verde de los D’Tigers. Es, sin duda, una desdicha que los últimos minutos de este sacrificado jugador hayan sido los de una derrota que determinó la mayor remontada en la historia de las Finales de la NBA, cuando las molestias físicas no le permitieron rendir al máximo, al punto de ser superado ampliamente por sus rivales. Lo seguro es que durante el mes de septiembre alentará a sus compatriotas desde su casa en Sacramento, anhelando un buen resultado durante el día y soñando con la vuelta perfecta por la noche.

El combinado nacional nigeriano comparte el grupo B con Argentina, Rusia y Corea del Sur. A pesar de ocupar la trigésimo tercera ubicación del ranking mundial, el reciente Power Ranking de la FIBA lo ubica como octavo máximo candidato al título, un puesto abajo de Argentina, cabeza de serie de la zona. Un roster conformado por jugadores NBA, universitarios y de las mejores ligas europeas, sumado a las bajas de Rusia y un grupo complementario (el A, con el que se cruzarán los dos mejores del B) poco competitivo, invitan a Nigeria a soñar con los cuartos de final, lo que configuraría su mejor clasificación histórica.

Pero no todo es color de rosas para el equipo africano. En las últimas horas, Ekpe Udoh y Stan Okoye alzaron la voz contra la federación en nombre de todo el grupo. “La Comisión de Deportes no ha liberado los fondos que necesitamos para alojarnos, viajar y demás. Por supuesto que nos las arreglaremos ante las adversidades, nos presentaremos en China y lucharemos por este país”, afirmó Okoye. Mientras que Udoh, quien pasó por cuatro equipos de la NBA y a partir de la próxima temporada será el jugador mejor pago de la liga china, agregó:  “Dos semanas antes de la Copa del Mundo, se niegan a liberar el dinero que se nos asignó. Tenemos un equipo especial y posiblemente el mejor de la historia. Espero que esto se resuelva pronto”. De esta manera, con muchos factores en contra y por Festus Ezeli, Nigeria buscará dar un golpe sobre la mesa. A priori, superar la fase de grupos es un objetivo alcanzable, y en esa situación los cuartos de final estarían a la vuelta de la esquina. Quién le quita la ilusión a, según sus integrantes, quizás el mejor equipo de la historia del país.