martes, abril 16, 2024

El campeón entre alegría y silbidos

Por Fernando Bajo

Gabriel Jesús no duda ni un segundo, con la misma rapidez que elude a los rivales en la cancha define su infancia y su juventud: “Mi vida se transformó de agua a vino”, escribió en The Players Tribune. El delantero que pintaba calles durante la preparación para que su país sea el anfitrión del Mundial 2014, cuando era un niño soñaba con jugar al fútbol profesionalmente y lo pudo cumplir gracias a su mamá que siempre lo acompañó, afirma.

El atacante de 22 años, en sus inicios, gambeteaba a sus rivales en el potrero. Lo hacía a pesar de que las canchas no eran las mejores y muchas veces el barro interrumpía aquellos encuentros. Quizás, por eso ahora que es profesional, parece bailar sobre el campo de juego, como en el primer gol de su equipo en el que engancha ante dos peruanos y lanza el centro, para que, por detrás de todos, aparezca Everton y ponga el 1 a 0 de Brasil ante Perú.

La Canarinha estaba en ventaja y dominaba el encuentro, pero cuando finalizaba el segundo tiempo Paolo Guerrero igualó el partido con un gol de penal. Sin embargo, cuatro minutos después, en tiempo adicional, Gabriel Jesús recibió un pase de Arthur y mandó la pelota al fondo de la red y a la derecha del arquero Pedro Gallese. Golazo.

Parecía que con ese tanto que llegó sobre el final de la primera parte y al que los psicólogos deportivos denominan gol psicológico, La Canarinha festejaría. Y así terminó, ya que superó casi sin problemas a su rival aunque el local finalizó con 10 jugadores.

El delantero del Manchester City se fue expulsado a los 69 minutos del segundo tiempo. Es la primera vez en la historia que un jugador marca un gol y ve la roja en una final de Copa América. Minutos después, las cámaras de la transmisión muestran al joven sentado en las escaleras que conducen al vestuario mientras llora desconsoladamente. Pero ese llanto luego se convertiría en alegría cuando en el último minuto de juego Richarlison anotó de penal el 3 a 1 definitivo.

Brasil es campeón y comienzan los festejos. El presidente Jair Bolsonaro ingresa a la cancha para la entrega de medallas y, a pesar de que saluda y realiza una alabanza ante los espectadores, los silbidos del público hacia él, se apoderan de la escena. A pesar del título, muchos brasileños no pudieron esconder su enojo contra el primer mandatario.

El seleccionado de Tité pareció no extrañar a Neymar en esta competición, sin embargo quien seguro en ese momento se estaba acordando del atacante del Paris Saint Germain era Gabriel Jesús, ya que por inspiración de este decidió hacerse un tatuaje en su cuerpo.  “Me hice uno parecido porque realmente el dibujo lo dice todo: es un niño, mirando desde la base de una colina hacia las favelas. Tiene una pelota debajo del brazo y sueña”, describió no hace mucho tiempo.

Jair Bolsonaro se retira del campo y se dirige hacía los vestuarios. El público, que advierte su salida, vuelve a repudiarlo, pero esta vez los silbidos se hacen oír aún más. Seguramente, no sepa del tatuaje de Jesús ya que, probablemente, no le gustaría. “Hay que dar seis horas para que los delincuentes se entreguen, si no, se ametralla el barrio pobre desde el aire”, había declarado Bolsonaro.

Además del autor de una asistencia y un tanto en el encuentro de hoy, Neymar también se crió en uno de esos barrios precarios a los que odia el presidente de Brasil. Quizás la brillante actuación de un joven criado en una favela le haga repensar sus convicciones al exmilitar. Aunque sería casi una utopía.

Es la novena Copa América que obtiene La Verdeamarela. Los festejos de los jugadores posiblemente duren varios días, pero el pueblo brasileño difícilmente pueda dejar de lado los conflictos sociales que atraviesa el país. La competición comenzó con una huelga de movilizaciones sociales reclamando por la reforma jubilatoria, y terminó con el repudio total al presidente. La selección ostenta un título más, pero eso, a los ciudadanos, que se retiran mientras los festejos continúan, no aparenta importarles tanto. A Bolsonaro, pareciera que sí.

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