miércoles, abril 17, 2024

Argentina, Francia y el arco embrujado

Pedro Carbone

El sábado será la tercera vez que Argentina Francia se enfrenten en un Mundial, la última fue en el certamen del 1978, realizado en el país sudamericano. La anterior había sido en la primera Copa del Mundo, en Uruguay 1930, donde los argentinos ganaron gracias, según cuenta la leyenda, a una intervención divina.

Aquel encuentro se disputó el 15 de julio en el estadio de Parque Central, donde hace de local el club Nacional de Montevideo. Por detrás de una de las cabeceras del recinto solía pasar un tren, y el mito urbano de la época decía que cada vez que el ferrocarril pasaba un día de partido, y hacía sonar su silbato, un gol se marcaba casi instantáneamente en el arco que daba a esa tribuna. “Creer o reventar” dirían.

Sin tener en cuenta aquella leyenda, el combinado argentino saltó al campo para hacer su debut en la primera Copa Mundial. Cerca de las tres de la tarde, el árbitro dio comienzo al partido, y así el equipo sudamericano intentó quebrar el marcador con numerosos disparos al arco europeo; pero debajo de los tres palos se encontraba Alex Thépot, quien en el encuentro anterior debió abandonar el choque ante México por un fortísimo golpe que recibió en la cabeza.

Aun así, la contusión que sufrió Thépot días atrás no lo imposibilitó para ser figura de Franciagracias a sus múltiples atajadas, con manos, pies, piernas, codos y hasta con el pecho. Un verdadero gato que deslumbraba con sus reflejos para ahogar los gritos de gol del elenco argentino.Y con Thépot como estandarte, Francia evitaba la caída cuando el partido estaba llegando a su final.

Fue a los 80 minutos de juego cuando el delantero Mario Evaristo recibió una dura falta a 35 metros del área francés y el árbitro brasileño Almeida Rego sancionó con un tiro libre. Aunque la posición donde se efectuaría la reanudación del juego no parecía peligrosa debido a que era sobre el costado derecho y esquinada respecto al arco, Thépot armó una barrera de tres hombres y él se colocó en el medio de los postes para facilitar su intervención.

Luis “Doble Ancho” Monti, dueño de un fortísimo remate, tomó la pelota y se propuso ejecutar la falta. Mientras el mediocampista de San Lorenzo tomaba carrera, por detrás del arco defendido por Thépot, pasó un tren y su maquinista, al ver el estadio repleto, hizo sonar el silbato de la locomotora. En ese momento, Monti desenfundó un sólido disparo que se filtró por un hueco de la barrera y terminó por estrellarse contra la red, sobre el ángulo superior derecho del atónito Thépot, que se quedó tieso ante el fuerte tiro.

El gol significaría, entonces, la primera victoria de Argentina en los Mundiales y aunque los compañeros de Monti lo abrazaron y vitorearon por el fantástico gol, más de uno le agradecía para sus adentros al maquinista de aquel tren por desembrujar el arco maldito.

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