viernes, abril 12, 2024

De planos y gambetas

Julián Princic

Guillermo, mi viejo, es amante del fútbol y por consecuencia, de Maradona. A él, como a casi todos, le resulta muy difícil separar sentimientos. Como arquitecto, no puede evitar ver la cancha como un plano en el que se trazan gambetas constantemente. Uno, que hereda las pasiones, se anima y disfruta escribir, en conjunto con su padre y desde el arte, sobre el “gol del siglo”.

Difícilmente Maradona haya estudiado cálculo matemático o física. De todas maneras, no hizo falta. Aunque no lo supiera, él ya sabía de ángulos y parábolas. También entendía a la perfección la ley de la gravedad, esa que hace que una pelota baje luego de haber superado una barrera y entre a donde se supone que debe. Lo más maravilloso de todo es que a sus geniales planos los trazó a mano alzada. Perdón, a pie alzado.

Según mi viejo, la arquitectura es el arte de resolver espacios y Maradona no hizo otra cosa que esto a lo largo de su carrera – especialmente en ese gol –. Bien hace Víctor Hugo en definir esta obra magistral como “la jugada de todos los tiempos” ya que, si uno se aventura en los movimientos artísticos de la historia de la humanidad, se encontrará con que el gol tiene una mezcla de estilos imperdibles.

Este arquitecto petiso, hablador y de pelo lanoso recibió la pelota con una simpleza dórica digna del Partenón. Repentinamente, se sacó dos hombres de encima volcando ese estilo clásico a la moderna, sugerente y curvilínea época del Art Noveau, como si de un momento a otro hubiera construido la Torre Eiffel.

Luego empieza una carrera barroca – interminable y en un espacio infinito – como si corriera por los Jardines de Versalles. En eso, en su aceleración, el alrededor ya no importa y todo se vuelve borroso. La jugada pareciera abstraccionista hasta que, en un instante, ya de cara al gol, su imagen se embellece e inmortaliza cual gótico vitraux en Notre-Dame para depositar esa obra de arte en el pedestal de la gloria eterna. Pedestal que estaba vacío hasta ese momento, ya que se encontraba esperando el mejor gol de la historia, la jugada de todos los tiempos.

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