Por Matías Cohen
Tomás Sultani no había proyectado una carrera en el fútbol profesional. Mientras estudiaba Abogacía en la UBA atajaba en un intercountry y una propuesta le abrió una puerta que, hasta entonces, ni siquiera se había planteado. Desde ahí empezó un recorrido que lo llevó por distintas categorías del ascenso, hasta jugar en Primera División y en el fútbol israelí.
—¿Cómo fue tu llegada a Comunicaciones? ¿De dónde surgió la posibilidad de probarte en un club?
—Yo estaba en Miraflores jugando un intercountry y un técnico, Jorge Cembal, me preguntó si tenía ganas de probarme en un club. Recién había terminado el secundario y estudiaba Abogacía en la UBA. Hice una prueba en Comunicaciones, quedé y arranqué en Quinta División. No tenía la intención de ser jugador, pero dije que sí porque no quería quedarme con la pregunta de qué hubiese pasado.
—En Comunicaciones te tocó vivir la polémica definición por el ascenso ante Deportivo Riestra. ¿Cómo recordás aquel partido y la experiencia de tener que preparar cinco minutos de juego?
—Era el tercer arquero, pero fue muy polémico lo que pasó. Fue una lástima porque veníamos haciendo las cosas muy bien, de la mano de Alejandro Orfila. Los últimos cinco minutos se jugaron en la cancha de Defensores de Belgrano y fue una locura. Sentíamos que todo el país estaba con nosotros: un gol nos llevaba a los penales y hubiese sido épico.
Algo así no se prepara, era más corazón que táctica. Orfila puso a Fede Barrionuevo, nuestro diez, de central para que pateara largo y después metió gente alta. Yo no iba al banco, pero para ese partido se le había vencido el contrato a Sebastián Giovini, el arquero suplente y tuve que ir a hacer la entrada en calor. Veía que el arquero de Riestra solo calentaba centros. Nosotros pusimos gente alta para ver si quedaba alguna pelota y tuvimos alguna chance. Fue una lástima que no se diera.
—Después llegaste a Real Pilar, donde ascendiste y le ganaste a Vélez por Copa Argentina. ¿Qué significó esa etapa?
—Llegué a un club espectacular para la categoría. El cuerpo técnico de Tomas Arroeta me enseñó todo, tanto en la D como después en la C. Fue el que más me marcó desde lo futbolístico y lo táctico: entendí cómo jugar, me utilizaron y me potenciaron. Además, teníamos un plantel extraordinario, con jugadores que venían de inferiores de clubes grandes. Fue el mejor plantel que tuve en mi vida.
Lo de Vélez fue extraordinario. Fuimos el primer equipo de la D en ganarle a uno de Primera. No fue casualidad: teníamos un plan de juego. La cancha algo ayudó porque había mucho barro y Vélez no podía desarrollar su juego, pero le pusimos corazón y nos lo merecíamos. En el vestuario no lo podíamos creer. Yo cobraba un viático y jugaba con futbolistas que habían pasado por Europa o por la Selección Argentina.
—¿Real Pilar te cambió la carrera?
—Cien por cien. Crecí mucho y aprendí a entender el juego. Soy un agradecido con el club. Para mí es mi casa, sigo yendo y hasta lo extraño. Me sentí muy identificado con el lugar y con la oportunidad que me dio.
—En 2022 pasaste a San Telmo y debutaste en la Primera Nacional. ¿Cómo viviste ese salto?
—Fue un progreso impresionante. Seis años para atrás, estaba jugando en el country. Debute el primer partido siendo titular y jugué las primeras ocho fechas. Creo que me había ido muy bien pero terminé saliendo y volví a atajar en las últimas ocho fechas. La categoría es muy dura, con jugadores físicos, experimentados y complicados. De repente pase de la cancha de Real Pilar a jugar en el estadio de Belgrano de Córdoba con treinta mil personas. Es otra cosa.
—Después llegó Arsenal y la posibilidad de estar en Primera División.
—Sí, me llamó Luca Marcogiuseppe, que me había dirigido en Real Pilar y también me había marcado mucho desde lo futbolístico. Yo quería ir a Primera y terminé firmando en Arsenal. Fue todo muy rápido: en febrero de 2023 ya estaba sentado en el banco del Nuevo Gasómetro. Ahí aprendí mucho de compañeros con experiencia, como Alejandro Medina. Después fue un año complicado, descendimos y dolió muchísimo, pero rescato lo humano de ese plantel. Nunca bajamos los brazos.
—De Arsenal pasaste a Maccabi Haifa. ¿Qué significó esa oportunidad?
—Fue un paso importantísimo. Maccabi Haifa es un equipo enorme, para mí el mejor de Israel. En los seis meses anteriores había trabajado muy bien con Tobías Kohan en la Primera Nacional, que me dio mucho protagonismo con el juego de pies. Creo que eso también hizo que me buscaran. Pasé de jugar en el Nacional B a ir al banco en la Conference League en dos meses. Fue una experiencia inolvidable.
—¿Cómo eran los entrenamientos de arquero en Europa?
—Fue el mejor entrenamiento de arqueros que tuve en mi vida, lejos. El puesto estaba muy avanzado con ese cuerpo técnico. Guy Weisinger y Eliad Graf fueron los mejores entrenadores de arqueros que tuve. Hoy el arquero necesita mucho más que atajar: tiene que jugar con los pies, entender el juego y ser una opción para el equipo. El puesto cambió muchísimo, sobre todo desde la llegada de Neuer. Antes quizás entrenabas a la par del plantel y después te mandaban a atajar. Ahora se trabaja todo.

—¿Qué diferencias encontraste entre el fútbol argentino y el israelí?
—El israelí es muy físico, con muchas transiciones ofensivas y defensivas. Técnicamente son muy buenos. El argentino quizás es más agresivo y mañoso. Allá tenés que rendir físicamente porque, sino, te pasa factura. Pero los dos son muy competitivos. En Israel tenés equipos que juegan competición europea, jugadores de muchísima calidad y de selección.
—Después volviste al país para jugar en Tigre. ¿Cómo llegas al club?
—Se dieron muchas cosas para que llegara: gente conocida, el cuerpo técnico, el mánager, el director deportivo, los agentes y hasta el psicólogo. Fue otro paso hacia adelante. Con Diego Dabove tuvimos un año muy bueno, llegamos a los playoffs y perdimos con Racing por penales, después de haber eliminado a Lanús. También pude ir al banco por Sudamericana y viajar por Colombia, Ecuador y Perú. Experiencias hermosas que fui valorando en el día a día.
—Te tocó jugar contra Barracas Central en lo que fue tu último partido
—No me fue bien. Hacía mucho que no jugaba, pero no es excusa. Intenté hacer las cosas simples y no me salió el partido que quería. Creo que fue una de las razones por las que después no seguí en el plantel. En el día a día siento que me brindé al máximo y estuve comprometido. No quiero que mi resumen en Tigre sea ese partido, porque no me define. Me define el día a día. Pero el fútbol es resultados.
—¿En qué etapa de tu carrera estás hoy?
—En el retiro.
—¿Por qué tomaste esa decisión?
—Estoy proyectando otras cosas por un estilo de vida distinto. No lo hago por desgaste, ni porque me haya cansado o enojado. Veo mi vida después del fútbol y quiero empezar con proyectos desde ahora. Lo venía pensando hace unos meses, estoy contento. Es raro, porque me retiro en una etapa en la que quizás ya agarré mucha experiencia y estoy en el momento justo. Dicen que el arquero se hace arquero a los 27 o 28 años. Pero son decisiones de vida.
—¿Te llegaron ofertas para seguir jugando?
—Tuve dos ofertas de la Primera Nacional que eran muy buenas. Las pensé y las analicé, pero ya tenía más o menos esta decisión en la cabeza. Nunca sabés al cien por ciento si es la correcta, porque hay incertidumbre todo el tiempo y no tenemos una bola de cristal.
—¿Cuál fue el partido que más disfrutaste de tu carrera?
—El debut en Primera División contra Talleres, en el Kempes, con Arsenal. También el primer partido en Israel y el debut en Primera Nacional con San Telmo. Me quedo con los primeros partidos de cada proceso. En Real Pilar disfruté mucho el ascenso, el partido contra Vélez lo sufrí más porque el puesto también es bravo.
—¿Cómo definirías lo que significa ser arquero?
—Para mí es disfrutar de la responsabilidad que uno tiene. El arquero debe sostener una seriedad y una concentración durante mucho tiempo. Parece que hay muchas lagunas, pero, como tenés tanto tiempo para pensar, tenés que poder responder cuando te toca. No podés dejar que esos momentos te desenfoquen. Hoy el arquero es una parte de la columna vertebral de un equipo.
Fuera de la cancha, Sultani ya comenzó una nueva etapa en la industria deportiva. Es socio y representante de First League, una agencia de representación de futbolistas y fundador de Global Sports Supply, dedicada a proyectos de infraestructura deportiva y césped sintético. Además, está finalizando la Licenciatura en Gestión Deportiva en UADE y cuenta con una diplomatura en Psicología Deportiva de la Universidad Austral.





