Por Julieta Juárez
Mikaela Monzón jugó al hockey desde los 5 hasta los 16 años, hasta que sufrió una mala praxis durante una operación respiratoria, lo que la obligó a alejarse de un deporte que había sido parte de su infancia. El vóley apareció casi de casualidad. Tres años después de su intervención quirúrgica, en 2025, la llevó a representar a Argentina en el Mundial Universitario en Berlín.
Para ella, Alemania fue mucho más que un torneo, fue en donde confirmó que el vóley era lo que quería en su vida. Quizá no haya sido la competencia en la que más pudo desarrollarse como jugadora, pero sí una experiencia que todavía conserva. Y para alguien que apenas llevaba tres años en el vóley, llegar a competir a nivel internacional ya significaba mucho. Porque antes de esa camiseta argentina hubo otra vida deportiva.
Mikaela empezó a jugar al hockey a los cinco años en Ferro. Durante casi once temporadas, las canchas fueron parte de su rutina pero a los 16 años algo empezó a cambiar. En 2022 cargaba con las consecuencias de una operación respiratoria que no había sido exitosa. Para volver a jugar al hockey necesitaba otra intervención y, según le habían recomendado, debía esperar hasta los 18.

Mientras tanto, Monzón había quedado en Vélez. Pero fue allí, casi por accidente, donde apareció el vóley. Los técnicos la hicieron entrenar este nuevo deporte para ella y algo le hizo clic. No lo había practicado desde chica. Era, justamente, lo contrario: algo nuevo, desconocido, todavía por aprender. “Lo sentía más para mí”, explica Monzón cuando intenta encontrar una razón para aquel cambio. No hubo una planificación detrás. Tampoco una certeza de que el vóley se convertiría en su nuevo camino. Simplemente apareció una sensación distinta a la que había tenido hasta entonces.
Conoció a Candelaria Tomps en el Club Ciudad. Las dos habían llegado al vóley después de haber jugado hockey y llevaban apenas tres años en su nuevo deporte. La diferencia era que Candelaria casi no conocía el mundo del vóley; Mikaela, en cambio, ya tenía cierta cercanía por su hermano quien lo practicaba. “Nos dimos cuenta de que teníamos muchas cosas en común”, recuerda Tomps. Y esa amistad también terminó siendo clave para que Mikaela viaje a Berlín.
El Mundial Universitario de Vóley es una competencia internacional de alto rendimiento que reúne a los mejores atletas-estudiantes del mundo con nivel similar al olímpico. Lejos de ser un torneo recreativo, exige que los competidores tengan entre 18 y 25 años y cursen estudios superiores en universidades o institutos terciarios. En este nivel universitario, el viaje debía ser autofinanciado por las jugadoras, a diferencia de lo que ocurre en estructuras profesionales o en la Selección.
Cuando Candelaria vio la convocatoria para el Mundial Universitario se anotó y enseguida se lo contó a Mikaela. La invitó a probarse. Mikaela aceptó. Durante meses entrenaron sin saber si alguna de las dos iba a quedar. Para Alejandro Mohadeb, amigo de Mikaela, aquel proceso tenía además una particularidad: ella casi no contaba que estaba probándose para el Mundial. “Era una ley del secretismo”, recuerda entre risas. La posibilidad era demasiado buena como para arriesgarse a “mufarla”.
Hasta que llegaron las confirmaciones. Primero Candelaria. Luego, Mikaela. Desde Argentina, Alejandro y otros amigos siguieron los partidos. La diferencia horaria obligaba a madrugar para ver las transmisiones por YouTube. Él recuerda estar mandándole mensajes a ella mientras jugaba. Pero mientras para quienes estaban afuera era un motivo de orgullo verla con la camiseta argentina, para Mikaela el Mundial Universitario también fue una especie de espejo luego de quedar últimas de su grupo. La experiencia le mostró todo lo que había conseguido en tan solo tres años, pero también lo que todavía le faltaba, ya que en el vóley universitario internacional muchas de las rivales llegaban con un nivel cercano al de una selección mayor.

En agosto de este año llegó el Panamericano Universitario, en Perú. Para Mohadeb, quien practica vóley, empezó a consolidarse como jugadora: “Tiene muchísimo potencial para explotar”. Altura (1,80), ganas y amor por el deporte, dice, no le faltan. De Lima se llevó el tercer puesto frente al local.
El objetivo inmediato de Mikaela es jugar una Liga Federal. Y, con 20 años, también busca dar el salto a mayores, encontrar un club en el que pueda competir a un nivel más exigente y tener más protagonismo dentro de la cancha.
Hace tres años, Mikaela Monzón esperaba poder volver a jugar al hockey. Hoy se prepara para el Mundial Universitario de 2027, esta vez en Corea del Sur. El hockey fue una parte enorme de su vida. Once años no desaparecen simplemente porque una pelota cambie de forma. Pero el vóley no llegó para ocupar un espacio vacío. Llegó para construir uno nuevo.





