Baltazar Leguizamón, el primer argentino en llegar a NASCAR

Por Lucas Svaluto Cantore

“Balta”, “Baltazar”, “rayito” o incluso “el de los Reyes Magos”. De chico tuvo varios apodos, pero todos quedaron vinculados a una misma historia: la de un piloto que desde muy pequeño estuvo rodeado por el automovilismo. Nació en Arrecifes y tiene su casa en La Luisa, localidad del partido de Capitán Sarmiento. Allí también construyó vínculos: tiene amigos tanto en Sarmiento como en Arrecifes.

Su relación con las carreras comenzó mucho antes de ponerse un casco. Su abuelo, su tío y su papá fueron pilotos, aunque cuando tiene que señalar a una persona como principal influencia no duda: “Sin dudas, mi papá”. Desde que nació lo acompañaba al autódromo y, cuando salía de la escuela, iba directamente al taller. Entre aprender, jugar con el simulador y hacer sus primeras experiencias alrededor de los autos, el automovilismo se convirtió en parte de su rutina diaria.

A los 9 años llegó una fecha que todavía recuerda con claridad. En Suipacha disputó su primera carrera de karting y consiguió también su primera victoria. El trofeo se lo entregó Emilio Satriano. “Un día hermoso”, recuerda Leguizamón, que ubica ese momento como el comienzo de su carrera automovilística. Después de aquella competencia, nunca volvió a detenerse. Antes de cumplir los 14 años ya había conseguido tres campeonatos y dos subcampeonatos.

El paso siguiente llegó por una combinación de edad, altura y reglamento. En su última carrera de la Copa Rotax se bajó del podio y entendió que el cambio de reglamento podía perjudicarlo por su peso. A los 13 o 14 años decidió que no quería continuar en el karting y se subió por primera vez a un Fórmula 4 Sudamericana. “Yo ya quería competir en auto”, explica. En ese momento, además, su papá se había retirado del automovilismo grande y él comenzó su propio recorrido.

En 2015, con 15 años, debutó en la Fórmula 4 Sudamericana. En siete carreras consiguió una victoria y otros seis podios, además de llegar a liderar el campeonato. Poco después apareció la posibilidad de probar suerte en Europa. Sin embargo, Leguizamón aclara que nunca llegó a competir oficialmente allí: realizó un test de invierno en el que estaban presentes equipos de las Fórmulas 4 alemana e italiana. Compartió pista con otras categorías en las que participaban pilotos como Lando Norris y Max Verstappen.

En Valencia tuvo una de las actuaciones que marcaron aquella etapa. Consiguió el récord de pista y llamó la atención de Motopark, pero una dificultad económica impidió que el proyecto continuara. “Por un problema económico no se dio y al otro año arranqué en Estados Unidos”, cuenta.

Antes de llegar a Estados Unidos, también tuvo que encontrar la forma de combinar su carrera deportiva con los estudios. A los 15 años, cuando comenzó a correr en el exterior, la situación se volvió más complicada. Llegó a asistir a dos turnos escolares en un mismo día para recuperar faltas. A los 16 se mudó solo a Estados Unidos y pasó a rendir todas las materias a fin de año. Así logró terminar la secundaria sin llevarse ninguna asignatura, algo que también atribuye al acompañamiento de sus compañeros.

Estados Unidos se convirtió entonces en el escenario de una nueva etapa. En 2016 debutó en la F4 US. Después de un comienzo complicado por la falta de competitividad del auto, cambió de equipo a mitad de temporada y terminó el año con mayor protagonismo. En 2017 continuó en uno de los campeonatos más competitivos del mundo, con un promedio de 45 autos por fecha. Allí comenzó también una rivalidad que se extendería durante tres años con Kyle Kirkwood.

La disputa entre ambos atravesó desde la Fórmula 4 hasta el final de la Fórmula 3. Leguizamón recuerda que luchar contra Kirkwood era especialmente difícil porque el estadounidense era el favorito. “En pista era muy difícil competirle”, sostiene. Sin embargo, consiguió convertirse en el único piloto que pudo vencerlo durante aquella etapa, cuando Kirkwood llegaba invicto en las distintas categorías. Hoy, ya posicionado como piloto de Indy, sigue siendo un rival al que Leguizamón le gustaría volver a enfrentar.

Cuando se refiere a Kirkwood, destaca principalmente su velocidad y menciona como punto negativo los momentos de roce que tuvieron cuando estaba bajo presión. Para describirse a sí mismo, en cambio, habla de su capacidad de adaptación. También reconoce una característica que en determinados momentos jugó en su contra: nunca se guardaba nada y buscaba llevar todo al límite. “Ser rápido de entrada te desfavorece más de lo que te favorece. Mostrás mucho y después te juega en contra”, analiza.

En esa etapa también llegó su primera victoria en Estados Unidos. El recuerdo está relacionado con una temporada en la que, junto a “Tito” Pérez, habían dominado los entrenamientos y aparecían como candidatos al campeonato. Los problemas de temperatura complicaron el rendimiento hasta que un cambio de motor permitió recuperar competitividad. “Fue un desahogo”, recuerda sobre aquella victoria.

El 2018 fue uno de los años más destacados de su trayectoria. En la Fórmula Atlantic Series ganó 14 de las 16 fechas y se consagró campeón. Ese mismo año compitió en la Fórmula 3 Américas, donde consiguió 14 podios y dos victorias. Sin embargo, los problemas de rendimiento del motor le impidieron luchar por el título y terminó como subcampeón. En 2019 volvió a disputar la misma categoría y consiguió subir al podio en todas las carreras de la primera mitad de la temporada. Ante la falta de competitividad del auto decidió retirarse a mitad de año.

Poco después recibió un llamado para disputar un campeonato de verano con un prototipo de endurance LMP3. Ganó las tres fechas y se consagró campeón, demostrando una rápida adaptación a distintas disciplinas y vehículos. El siguiente cambio fue provocado por un contexto que escapaba de las pistas. Para 2020 tenía previsto competir en Indy Lights, pero la pandemia y la falta de apoyo económico hicieron que el proyecto se suspendiera. La situación económica argentina también influyó en su regreso al país. Según explica, en ese momento las empresas todavía no habían dimensionado el valor que podía tener para ellas respaldar a un piloto que compitiera en el exterior.

De vuelta en Argentina, comenzó a construir una nueva etapa desde su propio equipo, DM Team. Debutó en Top Race Series con una pole position y en sus primeras seis carreras consiguió seis podios y una victoria. Después pasó al Top Race V6, la categoría principal de la especialidad, donde sumó cinco podios y otra victoria.

Al año siguiente llegó a las categorías de la ACTC con una Dodge de su propia estructura. El equipo tuvo que construir el auto desde cero y desarrollar todos los elementos necesarios para competir contra estructuras que ya tenían experiencia y recursos. Para Leguizamón, el problema no estuvo en adaptarse al manejo: en Top Race había debutado con una pole y en TC Mouras había terminado entre los cinco mejores en el primer entrenamiento. La dificultad estaba en contar con los mismos elementos competitivos que los equipos más fuertes.

“Lo terminé pagando yo con lo más caro que es el tiempo”, resume. A pesar de las dificultades, el proyecto consiguió llevar el auto al podio y obtener una victoria en una serie. Durante aquella etapa se convirtió en uno de los referentes de la categoría y recibió el apodo de “Pac-Man”, relacionado con su manera agresiva de correr y su capacidad para avanzar posiciones.

Su paso por Argentina también le dejó herramientas que ahora considera útiles en NASCAR. Leguizamón destaca que el automovilismo del exterior cuenta con una infraestructura más desarrollada, aunque sostiene que en Argentina existe mucha capacidad y desarrollo. Para él, la diferencia no pasa solamente por los autos o los equipos: “La cabeza te cambia mucho cuando estás afuera, tenés otras prioridades”.

 También encontró una herramienta de preparación que lo acompaña desde niño. A los siete años recibió su primer volante y desde entonces nunca dejó de utilizar simuladores. Lo considera fundamental para mantenerse entrenado y conocer circuitos. Actualmente también recibe ayuda de Rondoletto, piloto argentino de simulador vinculado a un equipo de NASCAR.

Después de sus experiencias en Argentina y Estados Unidos, llegó el salto que cambió nuevamente su carrera. Leguizamón recibió la licencia de NASCAR para competir en sus categorías y se convirtió en el primer piloto argentino en obtenerla. En 2025 debutó en la NASCAR O’Reilly Series, anteriormente conocida como Xfinity, y comenzó una nueva etapa dentro del automovilismo estadounidense. Actualmente corre para Young Motorsports. Su adaptación también tuvo momentos difíciles. En COTA sufrió un choque después de quedarse sin frenos. Al recordar aquel episodio, rescata la seguridad del auto y la reacción que tuvo para evitar consecuencias mayores. “Pude zafar físicamente y salvar muchas cosas del auto, fue una reacción positiva, pudo ser peor”, cuenta.

En NASCAR, además, Leguizamón ocupa un lugar particular: es el único sudamericano de su división. Lo vive como una responsabilidad y, al mismo tiempo, como un desafío. “A mí siempre me gustó representar, en este caso me toca en todo el continente”, explica. También observa las diferencias entre el público estadounidense y el argentino. Considera que el fan estadounidense tiene como virtud el respeto y la capacidad de acompañar desde el primero hasta el último piloto. Del público argentino rescata la pasión, la adrenalina y el aliento. Para él, esa intensidad es difícil de encontrar en otro lugar.

La vida cotidiana en Charlotte tampoco está separada del automovilismo. Leguizamón sostiene que su rutina continúa concentrada en el entrenamiento y la preparación, pero destaca la cantidad de talleres que existen en la ciudad y las conexiones que se pueden generar. “Se respira automovilismo en todas partes”, afirma.

Su relación con NASCAR incluso tiene un componente que viene de mucho antes de llegar a la categoría. De chico veía Cars y soñaba con ser el Rayo McQueen. Ahora encuentra una conexión inesperada entre aquella fantasía y su presente: considera que la película está basada en NASCAR y que hoy, como piloto de la categoría, siente que forma parte de ese mundo.

 Fuera de los autos también aparece otra pasión. Leguizamón es hincha de Boca y cuenta que tiene la camiseta del club desde que nació. Siempre que puede va a la cancha, tanto para ver al equipo como a la Selección Argentina.

Dentro de la categoría también tuvo la posibilidad de encontrarse con figuras que exceden al automovilismo. Una de ellas es Donald Trump, que va a ver las carreras según el originario de Arrecifes. Entre otras, Michael Jordan, propietario de un equipo de NASCAR. Leguizamón cuenta que durante los fines de semana de carrera es posible cruzárselo varias veces y que el ex basquetbolista participa activamente de la categoría. La presencia de celebridades, políticos, actores y deportistas forma parte de la dimensión de espectáculo que, según el piloto, caracteriza a NASCAR.

Para Leguizamón, el atractivo de la categoría en Estados Unidos se explica por varios factores. La considera un deporte federal, destaca la pasión de los estadounidenses por los autos y resalta el trabajo de las marcas y el espectáculo que genera la propia organización. “Es un conjunto de cosas que lo hace muy atractivo”, resume.

Ese espectáculo también forma parte de lo que diferencia a NASCAR de otras categorías. Leguizamón considera que los estadounidenses disfrutan especialmente ese aspecto y sostiene que la categoría es permisiva con lo que ocurre dentro y fuera de la pista. En ese contexto, los roces entre pilotos y las situaciones que se producen alrededor de las carreras forman parte de una cultura deportiva diferente a la que se conoce en Argentina.

Su presente también está relacionado con un posible crecimiento internacional de NASCAR. Según cuenta, la categoría busca expandirse a nivel mundial y Sudamérica aparece como una región de interés. En Argentina ya existen conversaciones para llevar un “show car” de NASCAR a Buenos Aires a corto plazo, mientras que también se analiza la posibilidad de que la categoría tenga presencia en el país. El proyecto todavía depende de distintos factores, entre ellos la continuidad y el crecimiento de Leguizamón dentro de NASCAR.

En lo deportivo, uno de los grandes objetivos está relacionado con las 500 Millas de Daytona. Para Leguizamón es una de las carreras más emblemáticas del calendario, junto con las 400 Millas de Indianápolis. Su última actuación registrada fue en San Diego, el 20 de junio de 2026, donde avanzó hasta el top 15 antes de abandonar por una rotura de motor cuando quedaban 12 vueltas. Ese resultado, sin embargo, le permitió obtener la habilitación para competir en óvalos.

El objetivo para lo que resta de 2026 es sumar experiencia en óvalos y consolidar el proyecto. Para 2027, el principal desafío pasa por conseguir el presupuesto que le permita tener una mayor presencia en la categoría. Young Motorsports tiene interés en continuar con él, aunque todavía falta una parte del presupuesto para cerrar el acuerdo. Leguizamón lo tiene claro: “Primero y principal es poder tener la tranquilidad de contar con todo el presupuesto”.

Su sueño va más allá de una temporada puntual. Quiere convertirse en piloto full time de un equipo competitivo y permanecer durante mucho tiempo dentro de NASCAR. Después de haber comenzado entre los kartings de Arrecifes, pasar por Europa, competir en Estados Unidos y regresar a construir su propio equipo en Argentina, el objetivo ahora es transformar todos esos años de experiencia en una carrera estable dentro de la categoría estadounidense.

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