El fútbol americano en Argentina: desde adentro

Por Mateo Bartolomei

Sin apoyo económico ni instalaciones propias para entrenar, un equipo va dos veces por semana a una plaza para tratar de mejorar y buscar nuevos jóvenes que deseen unirse para fomentar la práctica de esta actividad en el país.

Era una tarde noche depresiva. Un cielo oscuro y una fresca brisa que te obligaba a salir con buzo y campera. En la zona de Belgrano, Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), solo había césped y árboles.

Cerca de la pista de skate seis jóvenes -entre 18 y 22 años- practicaban una actividad poco conocida en Argentina pero muy popular en Estados Unidos, fútbol americano. Formaron dos hileras y los de adelante corrían de frente para intentar atrapar el balón ovalado.

En este deporte hay tres grupos: ofensiva, defensiva y equipos especiales. El primero está conformado por el mariscal de campo quien dirige a los demás, comunica las jugadas y da pases a los receptores. Después está el corredor y los cinco “tackles ofensivos” de gran contextura corporal cuya función es bloquear a los defensores rivales para proteger al quarterback (qb).

Durante quince minutos realizaron aquel ejercicio. A las 19.55 juntaron todas sus pertenencias y se desplazaron a un espacio más abierto. Con el correr de los segundos llegaron varios hombres, entre 18 y 38 años, que cargaban sobre sus espaldas bolsos con cascos y hombreras para protección.

Mientras se preparaban, el entrenador, conocido como coach, los separó de acuerdo a sus posiciones. Cada uno portaba una vestimenta distinta. Algunos con camisetas de equipos profesionales de la NFL como las Águilas de Philadelphia, remeras lisas negras y blancas pero la mayoría usaban una camiseta roja con un tiburón en el pecho.

Antes de iniciar los ejercicios con pelota se reunieron para la entrada en calor. Elongaron gemelos, aductores y cuádriceps. Luego trotaron diez minutos excepto Andrés Periyolo, apodado “riñón”, quien se separó del resto para ajustarse el vendaje de la mano izquierda. Respecto a qué lo motivó a jugar, comentó: “Fue cuando empecé a ver la NFL por la tele y películas basadas en este deporte. Cuando me enteré que se jugaba en Buenos Aires vine sin dudarlo y me encantó”.

La entidad que fomenta la práctica es la FAA (Football americano argentino), fundada en 2004, y cuenta con cinco asociaciones en el país: AEFA (Asociación entrerriana de football americano), FABA (Football americano Buenos Aires), CFA (Córdoba football americano), FAMDP (Football americano Mar del Plata) y ADFA (Football americano Mendoza).

Los seis equipos de la FABA son: Tiburones, Jabalíes, Osos Polares, Corsarios, Legionarios y Cruzados. En la fase regular juegan todos contra todos, en formato de ida y vuelta. Los cuatro primeros clasifican a semifinales y los ganadores disputan la final por el “Tazón Austral”.

Con una brillante pelada, barba prolija y ojos negros Periyolo contó que su gran sueño es volver a salir campeón, pero también que el equipo tenga un lugar propio para entrenar y no tener que ir a una plaza los martes y jueves de 20 a 22. Además, anhela que en algún momento el fútbol americano deje de ser amateur y con ello no pagar entre 400 y 600 dólares por un casco, hombreras, protectores y botines.

Todos los equipos de Buenos Aires entrenan en plazas cerca de la Avenida Figueroa Alcorta y Pampa. Cada fecha se disputa los sábados en el club Champagnat, Pilar, en una cancha de rugby de césped sintético que la liga alquila. Cada uno juega dos partidos, uno a las 13 y otro a las 15:30.

A su vez, todas las plantillas en enero y febrero realizan entrenamientos abiertos para convocar nuevos jugadores y a principio de año, la liga tiene un curso de ingreso para habilitar a los nuevos y así puedan quedar en algún plantel.

Pasaba el tiempo y la temperatura iba en descenso. Los defensores chocaban contra una colchoneta azul simulando el enfrentamiento contra un rival. Luego se dividieron en dos grupos de cinco para entrenar situaciones de partido.

La defensa está compuesta por once jugadores: dos tackles defensivos que defienden el centro, dos alas defensivas que protegen las bandas, tres apoyadores que se ocupan del corredor contrario, dos esquineros que defienden a los receptores más abiertos y dos profundos que quedan como último hombre para interceptar los pases del rival.

Alejados del resto estaban los corredores tratando de eludir los conos del piso en el menor tiempo posible. Los mismos, son los encargados de trasladar el balón por tierra en caso de que el mariscal tenga dificultades para buscar a los receptores. Los tres eran de baja altura pero tenían una increíble agilidad y velocidad de pies.

Uno de los jugadores sostenía un termo Stanley verde con el brazo izquierdo y, con el derecho enyesado, el mate en la mano, se llamaba Daniel Vázquez. Respecto a sus inicios en el deporte, el oriundo de CABA contó: “En julio de 2018 me surgió la posibilidad de empezar en juveniles por invitación de un amigo y la verdad que me encantó. Lo que más disfruto es el contacto físico, chocar con los rivales e ir para adelante con la pelota”.

En el fútbol americano el objetivo del equipo es tratar de llegar a la zona de anotación del contrario pero iniciando desde campo propio. En cada oportunidad el equipo tiene cuatro intentos para avanzar diez yardas y en caso de no hacerlo en el último, deben despejar el balón lo más lejos posible.

En un abrir y cerrar de ojos se hicieron las 21. En los alrededores no quedaba un alma salvo por los Tiburones y los autos que iban y venían sobre Figueroa Alcorta. Ninguno se detuvo a descansar. El mariscal lanzaba el balón hacia los receptores, los defensores chocaban entre sí mientras el entrenador tomaba nota de sus jugadores para plantear alguna nueva jugada.

Minutos más tarde, Tomás Celis tuvo que abandonar el ejercicio para tomar un poco de aire. Extenuado, con algo de vergüenza, rostro pálido y nariz achatada, el oriundo de Avellaneda mencionó: “Empecé hace cuatro años más o menos, mis papás eran los que más veían fútbol americano en la tele y de a poco me interesó. Buscando algún lugar para jugar me salió una publicidad de un equipo para ir a entrenar así que agarré mis cosas y fui”.

El joven de 24 años también dijo que a pesar de haber entrenado con varios equipos, Tiburones es una familia que cuando tiene un problema siempre alguno le da una mano en la semana y, si su cuerpo lo permite, desea jugar hasta ser el más veterano del plantel y obviamente salir campeón.

El fútbol americano en Buenos Aires es de carácter amateur y gratuito. Para los jóvenes de 15 a 21 años existe la posibilidad de participar en la liga de juveniles en la que solo hay tres equipos: Coyotes, Aztecas y Yacarés. Cuando cumplen la mayoría de edad todos van al denominado “draft” que es el evento en el cual los equipos de Primera seleccionan nuevos jugadores.

Otra manera es participar de los campamentos de ingreso que se llevan a cabo cuando finaliza la temporada, en “off season”, allí los nuevos deben cumplir con ciertos requisitos para aprobar y ser elegidos por algún equipo.

Faltaba poco para las 22 y todos mantenían la misma intensidad. Aquellos que veían el entrenamiento desde afuera podrían haber creído que los jugadores se estaban exigiendo al máximo pero la realidad era otra. Cuando están en plena competencia las cargas suelen ser mínimas para evitar lesiones con vistas a los dos partidos del sábado.

Los Tiburones, como los demás equipos, realizan la pretemporada en los meses de marzo y abril, y en mayo afrontan dos partidos de preparación. Durante ese período el entrenador no hace foco en lo táctico sino en la preparación física con ejercicios de explosión, resistencia, velocidad y fuerza.

Tras beber un poco de agua, Tomás Mandeli relató un poco su experiencia personal. “Juego hace 13 años, lo empecé a ver por primera vez en la tele en ESPN y me divertía verlos. Un día busqué en Google “fútbol americano en Argentina” y descubrí que había una liga de seis equipos y el primero que aparecía en el listado era Tiburones. Así que le mandé un mail en ese momento y me dijeron que hacían entrenamientos en febrero, vinimos con un amigo, entrenamos, nos gustó, y desde ahí no paramos”.

El coach sopló el silbato para marcar el final del entrenamiento. En el ambiente reinaban las risas y la buena onda entre los compañeros. Mientras se sacaban los cascos, hombreras y guardaban sus pertenencias, el entrenador mostraba qué jugadas iban a ensayar el jueves de cara al partido contra Corsarios.

Pese a que es un deporte amateur los jugadores lo practican y juegan como si fuesen profesionales y afrontan las adversidades que se presentan como no tener un campo propio y solventar ellos mismos los gastos del equipamiento. Todos los sábados, 240 deportistas disputan una nueva fecha en busca de alzarse con el “Tazón Austral” y a la vez con la ilusión de que el fútbol americano crezca cada día más en el país.

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