Por Brooke Peluffo, Joaquín Chilo Díaz y Juan Romano Mancuso
En Argentina, entre 2017 y 2025, la cantidad de suicidios registrados aumentó de 3.304 a 5.209 casos, lo que representa un incremento del 57,7%. Una psicóloga explica qué puede observar el entorno, cómo acompañar y aborda la importancia de sostener los tratamientos de salud mental.
Durante 2025, el país registró una tasa de suicidios de 11,8 casos cada 100 mil habitantes, la cifra más elevada de su historia. La situación adquiere mayor dimensión al compararla con el promedio mundial, que se ubica en 9,2 casos cada 100 mil habitantes. De esta manera, la tasa argentina supera en casi un 30% a la registrada a nivel global.
Cada 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, una fecha promovida por la Organización Mundial de la Salud junto con la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio. El día se encuentra enmarcado en Septiembre Amarillo, una campaña que busca visibilizar la problemática, reducir el estigma y promover la búsqueda de ayuda.
Para profundizar sobre prevención, señales de alerta, acompañamiento y acceso a la atención en salud mental, la psicóloga Agustina Reides (MP. 63835) explica qué significa realmente prevenir, qué señales pueden advertirse en el entorno y cómo acompañar a alguien que atraviesa una crisis. También aborda una de las discusiones que atraviesan la salud mental en la actualidad: el acceso a los tratamientos, la importancia de su continuidad y el uso cada vez más frecuente de la inteligencia artificial como espacio para expresar aquello que muchas veces cuesta contarle a otra persona.
—¿Por qué creés que es importante que exista un “Mes Amarillo” y que se hable públicamente de la prevención del suicidio?
—Creo que es importante porque durante mucho tiempo fue un tema tabú rodeado de estigma, y cuando algo no se habla muchas veces las personas que están sufriendo sienten que tampoco pueden pedir ayuda. El Mes Amarillo permite visibilizar que el sufrimiento psíquico puede atravesar a cualquier persona y que pedir ayuda no es un signo de debilidad.
—¿Qué significa realmente prevenir el suicidio? ¿Es posible detectar señales antes de que una persona llegue a ese punto?
—Prevenir no significa necesariamente poder evitar todas las situaciones ni detectar siempre de antemano lo que va a suceder. Significa generar condiciones para que una persona pueda pedir ayuda antes de sentirse completamente sola, sin salida o sin alternativas. Muchas veces existen señales previas y cambios en la forma de comportarse, de relacionarse o de expresar el sufrimiento. Pero es importante mencionar que no todas las personas muestran las mismas señales y ninguna señal aislada permite predecir lo que va a ocurrir.
—¿Cuáles son algunas señales de alerta que el entorno puede detectar y que muchas veces pasan desapercibidas?
—Algunas pueden ser cambios importantes en el estado de ánimo o en la conducta. Por ejemplo aislamiento, pérdida de interés por actividades que antes disfrutaba, desesperanza, sentimientos intensos de culpa, de ser una carga o de no encontrar sentido a la vida, entre otras. A veces una persona puede seguir funcionando “normalmente” hacia afuera. Puede trabajar, estudiar, salir y relacionarse, y al mismo tiempo estar atravesando un sufrimiento enorme. Por eso no siempre es evidente.
—¿Por qué a algunas personas les cuesta tanto reconocer que necesitan ayuda?
—Porque pedir ayuda implica, muchas veces, reconocer que algo nos está superando. Vivimos en una sociedad que suele valorar mucho la idea de que tenemos que poder con todo. También pueden aparecer vergüenza, miedo a ser juzgados o la sensación de que “lo mío no es para tanto”.
—¿Creés que todavía existe la idea de que ir al psicólogo significa “estar mal” o “estar loco”?
—Sí, aunque creo que esa idea se ha ido transformando. Todavía existen prejuicios, pero cada vez hay mayor reconocimiento de la salud mental como parte de la salud integral. Ir al psicólogo no significa estar “loco”. Una persona puede consultar porque está atravesando una crisis, una separación, dificultades vinculares, ansiedad, problemas de autoestima, un duelo o simplemente porque quiere comprenderse mejor y desarrollar nuevas herramientas. Para mí, hacer psicoterapia también puede ser una forma de prevención… no hace falta llegar al límite para pedir ayuda.
—¿Qué pasa cuando alguien sostiene durante mucho tiempo que “puede solo” y posterga pedir ayuda?
—El problema es que el sufrimiento no necesariamente desaparece porque no lo nombremos. Muchas veces se va acumulando y la persona comienza a desarrollar estrategias para sostenerse que quizás funcionan a corto plazo, pero terminan teniendo un costo. Por ejemplo, puede empezar a aislarse, evitar determinadas situaciones, consumir más sustancias, desconectarse de lo que siente o simplemente acostumbrarse a vivir sintiéndose mal. Por eso creo que pedir ayuda a tiempo no significa reconocer que no tenemos por qué esperar a estar completamente desbordados para permitirnos acompañamiento.
—¿Cómo se le pregunta a una persona si está pensando en suicidarse? ¿Preguntarlo puede “incitar” a hacerlo?
—Preguntar de manera clara y sin juzgar puede ser muy importante. Existe el mito de que hablar sobre suicidio puede instalar la idea o incitar a una persona a hacerlo. Preguntar no genera por sí mismo una conducta suicida. Lo que puede hacer es abrir una puerta para que alguien pueda decir algo que quizás venía ocultando. Considero que la clave está en cómo preguntamos… debe ser desde la preocupación genuina y la escucha, no desde el interrogatorio ni el juicio.
—¿Qué debería hacer una persona si un amigo o familiar le cuenta que está teniendo pensamientos suicidas?
—Lo primero es tomarlo en serio. Escuchar, permanecer disponible y evitar respuestas como “tenés que ponerle ganas”, “pensá en todo lo bueno que tenés” o “hay gente que está peor”. No es necesario tener una solución. A veces ayudar significa justamente escuchar, comprender y acompañar a la persona a buscar ayuda profesional.
—¿Y qué debería hacer si siente que no tiene las herramientas para ayudar?
—Si existe un riesgo de vida inmediato, la prioridad es buscar asistencia urgente. Es importante saber que las guardias de los hospitales y centros de salud también son un recurso ante una crisis de salud mental; no es necesario esperar a conseguir un turno con un psicólogo o psiquiatra para pedir ayuda. Si la persona está en riesgo, se puede acudir a una guardia acompañado, explicando claramente lo que está sucediendo para que puedan evaluar la situación y orientar los pasos a seguir.
—¿Qué tan importante es que la salud mental sea accesible y no quede como un privilegio para quienes pueden pagarla?
—¡Sin lugar a dudas es fundamental! La salud mental forma parte de la salud y, por lo tanto, el acceso a tratamientos de calidad no debería depender exclusivamente de la capacidad económica de una persona. Por eso creo que es necesario seguir trabajando para que existan más espacios de atención accesibles, de calidad y que permitan sostener los tratamientos en el tiempo. También es importante que las personas conozcan los recursos disponibles dentro del sistema de salud y que pedir ayuda no se convierta en una decisión que dependa de cuánto dinero tienen disponible en ese momento.
—¿Cómo afecta la falta de continuidad en los tratamientos? Por ejemplo, cuando una persona tiene que dejar a su profesional porque ya no puede pagarlo.
—La continuidad del tratamiento es muy importante ya que permite construir un vínculo terapéutico, profundizar en determinadas problemáticas y acompañar los cambios a lo largo del tiempo. En relación al ejemplo que me brindas puede ser muy difícil y lamentablemente sucede a menudo… tener que interrumpir un tratamiento por una cuestión económica puede generar frustración, sensación de retroceso o incluso dejar a la persona sin un espacio de contención en un momento importante. Por eso, creo que es importante que los profesionales podamos pensar alternativas que se adecuen a cada tratamiento para evitar que esto suceda.
—Si pudieras cambiar algo del sistema de salud mental, ¿qué cambiarías?
—Me gustaría que hubiera mayor accesibilidad, pero también mayor continuidad y articulación entre los distintos dispositivos de salud. También considero importante fortalecer la prevención y la promoción de la salud mental, especialmente en escuelas, espacios comunitarios y ámbitos laborales. Y algo que considero fundamental es que la salud mental no aparezca únicamente cuando existe una urgencia. Necesitamos trabajar mucho más en prevención.

—Cada vez más personas utilizan ChatGPT u otras inteligencias artificiales para contar lo que sienten. ¿Qué opinión tenés de que alguien utilice una IA como si fuera su terapeuta?
—Creo que la inteligencia artificial puede ser una herramienta útil para determinadas cosas… por ejemplo buscar información o encontrar recursos. Pero hay una diferencia muy importante entre una herramienta de apoyo y un proceso psicoterapéutico. La psicoterapia implica un vínculo humano, una evaluación clínica, conocimiento del contexto de la persona y una responsabilidad profesional. Es poder encontrarse con alguien que no solamente recibe lo que uno dice, sino que puede registrar cómo lo dice, sus silencios, sus emociones y lo que sucede en ese vínculo. Por eso me parece que una IA puede complementar determinados recursos, pero no debe reemplazar el espacio terapéutico bajo ningún término.
—¿Qué riesgos existen cuando una persona empieza a confiar en una IA para tomar decisiones relacionadas con su salud mental?
—Uno de los principales riesgos es que la persona empiece a tomar decisiones importantes basándose únicamente en respuestas que no reemplazan una evaluación clínica. También puede ocurrir que la IA valide una interpretación equivocada o que utilice la conversación para evitar pedir ayuda humana. Y hay algo especialmente importante en situaciones de riesgo… una IA no puede asumir el rol de una red de contención real. Si alguien está atravesando una crisis necesita poder acceder a personas y servicios que puedan intervenir de manera concreta y acorde al nivel de riesgo.
—Si alguien que está atravesando un momento muy difícil está leyendo esta entrevista, ¿qué te gustaría decirle?
—Le diría que no tiene que esperar a tocar fondo para pedir ayuda. A veces, cuando estamos sufriendo mucho, nuestra mente nos hace creer que lo que sentimos va a durar para siempre o que no hay alternativas. Pero estar atravesando un momento así no significa que esa vaya a ser nuestra realidad para siempre. Si hoy no podés imaginar una solución, no significa que no exista. Quizás ahora mismo no necesitás encontrar todas las respuestas, sino poder dar un primer paso y contarle a alguien cómo estás. Pedir ayuda no te hace débil, ni una carga, ni significa que no puedas solo. Somos seres humanos y, en determinados momentos, necesitamos que otro nos ayude a sostener aquello que solos se vuelve demasiado pesado.
La prevención del suicidio requiere atención, acompañamiento y acceso a los servicios de salud. Ante una situación de riesgo inmediato, Reides señala que se debe recurrir a una guardia hospitalaria o de un centro de salud, incluso cuando todavía no se haya conseguido un turno con un profesional de salud mental. La recomendación es no dejar sola a la persona y explicar claramente al equipo de salud lo que está sucediendo para que pueda evaluar la situación.
“Septiembre Amarillo” busca instalar esta problemática en la agenda pública y promover la prevención. Para la psicóloga, ese trabajo debe sostenerse durante todo el año mediante mayor accesibilidad a los tratamientos, continuidad en la atención y espacios de prevención en escuelas, ámbitos laborales y comunidades.
La prevención también implica saber dónde recurrir ante una situación de crisis. El Centro de Asistencia al Suicida brinda atención en el 135 para CABA y Gran Buenos Aires, en el (011) 5275-1135 y en el 0800-345-1435 desde todo el país. Ante una emergencia inmediata, también se puede llamar al 911 o al 107.





