El otro 6 de octubre

Por Lautaro Vázquez

El 6 de octubre quedó marcado en la historia reciente de la Selección Argentina por ser la fecha del último partido de Lionel Messi con la camiseta albiceleste. Pero un siglo antes, en 1920, ese mismo día Argentina y Brasil protagonizaron un partido insólito, atravesado por el racismo y con consecuencias que fueron mucho más allá de la cancha.

El contexto de esta historia comenzó unos días antes. Entre el 11 de septiembre y el 3 de octubre de 1920 se disputó un Campeonato Sudamericano en Viña del Mar, Chile. La selección de Brasil tenía que hacer escala en Buenos Aires durante su regreso al país y, aprovechando su paso por Argentina, ambos equipos decidieron organizar un amistoso a beneficio. El partido había sido pactado para el 3 de octubre en la cancha de Sportivo Barracas.

Cuando el conjunto brasileño llegó al país, el diario Crítica publicó en una de sus páginas un recuadro de bienvenida con el título: “Monos en Buenos Aires. Un saludo a los ilustres huéspedes”, acompañado por una ilustración de varios monos vestidos con la camiseta de Brasil.

La publicación llegó a manos del plantel brasileño luego de que la lluvia postergara el encuentro por tres días. Los jugadores se dirigieron hasta el edificio donde funcionaba el diario para recriminar al autor del artículo, el periodista uruguayo Antonio Palacio Zino, y al dibujante Diógenes Taborda. El enojo no estaba solamente en el título y la ilustración, sino también en el contenido del texto, donde aparecían frases como “Ya están los macaquitos en tierra argentina” y comentarios sobre la necesidad de prender las luces a las cuatro de la tarde debido al color de piel de los futbolistas brasileños.

A raíz del episodio racista, seis jugadores se negaron a participar del encuentro: Telefone, Rodrigo, Japonés, Junqueira, Fortes y Zezé. El resto del plantel decidió presentarse por respeto al público, pero no llegaba a completar los once jugadores. Por eso, Oswaldo Gomes, jefe de la delegación brasileña, tuvo que sumarse para llegar a siete.

Cuatro futbolistas argentinos decidieron entonces ponerse la camiseta de Brasil para completar el equipo. Sin embargo, los hinchas reconocieron que eran jugadores locales y comenzaron a arrojar distintos objetos al campo de juego. La situación obligó a retirar a los cuatro futbolistas. La Nación, en su edición del día siguiente, resumió la reacción del público con una frase: “Querían ver fútbol internacional, para eso habían pagado su entrada, no para ver al 4 de Chicago”.

Ante este escenario, se decidió disputar un partido de siete contra siete, dividido en dos tiempos de 30 minutos. Argentina terminó ganando 3-1, con dos goles de Raúl Echeverría y uno de Fausto Lucarelli, mientras que Castelhano convirtió para Brasil. El encuentro quedó registrado como uno de los partidos más particulares entre ambas selecciones. La AFA lo reconoce dentro de sus antecedentes, aunque no es considerado oficial por FIFA ni por la Confederación Brasileña.

El episodio no terminó con el pitazo final. Un año después, durante la Copa América de 1921, disputada en Argentina, el presidente brasileño Epitácio Pessoa, que además era presidente de honor de la Federación Brasileña, dispuso que la delegación estuviera integrada únicamente por jugadores blancos. La medida buscaba evitar nuevos conflictos con los futbolistas brasileños y proteger la imagen del país después del episodio ocurrido en Buenos Aires.

El 6 de octubre de 1920 quedó así como una fecha particular en la historia de Argentina y Brasil. Lo que debía ser un amistoso a beneficio terminó con un partido de siete contra siete, un plantel brasileño diezmado por los insultos y una consecuencia que llegó hasta la Copa América del año siguiente. Más que una anécdota de un fútbol de hace más de un siglo, aquel partido muestra cómo el racismo podía salir de las páginas de un diario, llegar a una cancha y tener consecuencias incluso fuera de ella.

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