Por Diego Kviatek
Con apenas 15 años, María Eiras Terranova se prepara para afrontar el desafío más
importante de su corta carrera deportiva. La amazona mendocina representará a Argentina
en los Juegos Olímpicos de la Juventud Dakar 2026, un objetivo que hasta hace pocos
meses ni siquiera imaginaba posible.
En apenas seis años, María pasó de acercarse a los caballos por curiosidad a
conseguir la clasificación a unos Juegos Olímpicos. Ahora, mientras continúa con el colegio
y los entrenamientos, se prepara para viajar a Senegal y vivir una experiencia que marcará
un antes y un después en su carrera.
El salto a Dakar
Una caída con su caballo Casper la complicó cuando disputaba la última jornada del
selectivo para los Juegos Olímpicos de Dakar y parecía arruinar la buena actuación de los
dos días anteriores. Pero, sin tiempo para lamentarse, en pocos minutos debía volver a
entrar a la pista con Stallone, el caballo con el que buscaba conseguir su clasificación.
“Entré muchísimo más nerviosa, pero después con Stallone pude hacer las cosas
bien”, recordó la mendocina, que logró reponerse de la caída y consiguió su objetivo.
Pero el camino para entrar al selectivo tampoco fue sencillo ya que debía habilitarse
previamente en una competencia de 1,30 metros, una altura superior a la que ella jamás
había saltado. Esta oportunidad apareció de forma repentina en Italia, y la amazona no la
desaprovechó.
“Mi mamá me dijo que había un concurso para habilitarse para la selectiva de Dakar
en Italia. Había que decidir al instante”, contó María, que a la semana ya estaba viajando
a Europa en busca de la habilitación.
Allí tuvo apenas tres días para conocer al caballo con el que iba a competir.
Después de derribar un obstáculo en la primera jornada y completar una buena segunda
actuación, terminó quinta en el último día y consiguió la habilitación que necesitaba para
disputar el selectivo en Argentina.
Tras ganar la selectiva en el Club Alemán de Equitación, Terranova reconoció que
no se imaginaba ir a unos Juegos Olímpicos y que lo máximo a lo que aspiraba era a un
Sudamericano. “Todavía no logro caer, ¡voy a ir a unos Juegos Olímpicos!”, expresó María con una sonrisa que reflejaba la felicidad por haber alcanzado su meta.
Pero en Dakar deberá afrontar un nuevo desafío: competir con un caballo que nunca
montó. Tres días antes del comienzo de la competencia, a cada participante se le asigna un
caballo por sorteo y María tendrá ese breve período para conocerlo y adaptarse de la mejor
manera posible.
“Eso es muy raro y muy difícil. Vos tenés que saber montar cualquier tipo de caballo.
Es cuestión de tener un feeling. Tenés que adaptarte a él”, explicó la amazona, que
considera que generar un vínculo en esos pocos días será fundamental.
Más allá de la competencia, María espera con entusiasmo conocer a los demás
atletas argentinos que viajarán, vivir la experiencia en la Villa Olímpica y conocer un país
que nunca imaginó visitar.
“Mi objetivo es disfrutar mucho la experiencia. Me gustaría poder hacer lindos
recorridos y dejar bien parada a la bandera. Me gustaría agarrar alguna cucarda”,
aseguró.

Una pasión no heredada
Desde chiquita, María iba todos los días en bicicleta al club de su barrio para ver a
los caballos y darles de comer. Desde el primer momento sintió una conexión que la
enamoró de ellos y, más tarde, del deporte. En 2020, por la pandemia, muchas actividades
deportivas se habían suspendido y las realizadas al aire libre eran una de las pocas
alternativas. Entonces, como siempre iba a verlos, le dijo a su mamá que quería empezar a
practicar equitación. Así comenzó su historia. “La verdad yo no conocía otras
disciplinas, en mi club sólo se da salto. Me gusta la adrenalina de entrar a la pista,
saltar e ir rápido”, afirmó la mendocina.
Vivir en Mendoza también significó una dificultad para sumar experiencia en
competencia. La provincia cuenta con pocos torneos importantes durante el año, por lo que
María comenzó desde chica a viajar a Buenos Aires para competir con mayor frecuencia.
“No es lo mismo un entrenamiento que un recorrido en competencia. Yo, por suerte,
tuve la oportunidad desde muy chica de poder concursar acá”, explicó la clasificada a
Dakar.
Algo usual entre quienes practican deportes ecuestres es la tradición familiar, pero el
caso de María es diferente. Su familia no tenía ningún vínculo con ese mundo e incluso a su
madre nunca le gustaron los caballos. Sin embargo, la pasión de su hija y sus ganas de
practicar el deporte fueron más fuertes.
“Mi familia no era del palo. Mi mamá odia los caballos. Cuando salto se va de
la pista, no me ve. Ni siquiera los toca, los odia”, reveló Terranova entre risas.

Obstáculos sin vallas
Mientras se prepara para los Juegos Olímpicos, María se enfrenta cada día a un
desafío: combinar el entrenamiento con el colegio. La mendocina está en tercer año de
secundaria y realiza jornada completa, desde las 8 hasta las 16:30, por lo que cada viaje
de competencia debe organizarse con anticipación para no atrasarse con las materias.
“Las semanas como estas que me voy y después tengo que volver me mata.
Trato de hablar con los profesores más que nada la semana anterior a la que me
voy y organizar las fechas de exámenes”, comentó Terranova.
Pero el tiempo no es el único sacrificio que requiere sostener su carrera deportiva.
La equitación también significa un importante esfuerzo económico. Traslados, concursos,
equipamiento y el pequeño detalle de tener un caballo propio son algunos de los costos
principales de este deporte.
“Lamentablemente el deporte no es muy accesible para todos. No solo depende
de vos, sino también del caballo”, explicó María, y remarcó que no tiene un
sponsor ni nadie externo que la apoye económicamente.

Otro de los aspectos que María debe trabajar diariamente es el mental,
principalmente el control de los nervios antes de cada competencia. La amazona
asegura que esta faceta es una de las más importantes del deporte, ya que el caballo
logra percibir el estado emocional del jinete.
“Los nervios siempre van a estar y son necesarios para estar conscientes de lo
que estamos haciendo, pero no hay que llevarlo a un lado malo. Hay que tranquilizarse y pensar que uno lo hace para disfrutar”, reconoció Terranova, que se considera una persona bastante nerviosa a la hora de competir.
Más allá de los resultados, las competencias y sus sueños, hay algo que
María mantiene desde que comenzó en el deporte: su vínculo con sus caballos.
Casper y Stallone para ella son mucho más que sus compañeros en cada concurso,
ya forman una parte fundamental en su vida.
“Los adoro. Me cambiaron la vida por completo. Son el amor de mi vida.
Son como mis hijos y mis amigos, todo junto”, concluyó la mendocina, a quien se
le iluminó la cara cada vez que habló de sus caballos a lo largo de la nota.





