La cultura de la inmediatez en el fútbol: ni los pibes se salvan

Por Joaquín Algañaraz

El miércoles último Argentina venció 1-0 a Perú en la categoría Sub-19 de fútbol masculino por las semifinales de los Juegos Suramericanos. Lo llamativo ocurrió a falta de diez minutos para el final del encuentro, cuando varios espectadores comenzaron a cantar desde las tribunas del estadio Marcelo Bielsa: “Jugadores, la c… de su madre, a ver si ponen huevos, que no juegan con nadie”.

Los insultos apuntaron contra futbolistas que todavía se encuentran en una etapa de formación. Jugadores de 18 y 19 años que, además, no estaban representando a un club, sino a la Selección Argentina en un torneo internacional.

Lo ocurrido forma parte de una tendencia que en los últimos años se volvió cada vez más habitual en el fútbol: la necesidad de obtener resultados de manera inmediata. Hay poco margen para esperar, aprender o equivocarse cuando un mal resultado puede generar cuestionamientos apenas termina un partido (o ni siquiera termine el partido).

En el fútbol profesional, esta dinámica se puede observar con frecuencia. Un entrenador puede quedar cuestionado después de una serie de derrotas, un jugador puede pasar de ser elogiado a recibir críticas en cuestión de días y las redes sociales pueden convertir un mal partido en una ola de cuestionamientos. Los resultados suelen ocupar un lugar central en la evaluación de equipos y futbolistas.

En las categorías formativas aparecen otros tiempos y objetivos. El desarrollo de un jugador requiere atravesar distintas etapas, adquirir experiencia y convivir con errores que forman parte del aprendizaje. El resultado de un partido continúa siendo importante, pero comparte espacio con otros aspectos vinculados a la formación.

Pablo Aimar, uno de los referentes del trabajo con juveniles, se refirió en 2022 a la importancia de ese proceso. “Nosotros siempre defendemos que si durante una competencia hay buen clima grupal, buena leche, siempre suma, pero así y todo eso no garantiza el título; lo que eso garantiza es el disfrute del proceso”, explicó durante una charla organizada por la Asociación del Fútbol Argentino.

En Rosario, esa paciencia quedó en segundo plano. A falta de diez minutos para el final de una semifinal internacional, los futbolistas recibieron insultos desde las tribunas pese a encontrarse todavía en una etapa de formación.

La situación no quedó aislada de lo que ocurre en el fútbol profesional. Las redes sociales, la exigencia permanente por resultados y la poca tolerancia ante las derrotas forman parte de un contexto en el que los tiempos parecen haberse acortado. Esa lógica también puede alcanzar a los jugadores más jóvenes, incluso cuando todavía atraviesan el proceso que los prepara para llegar a Primera.

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