Natalia y Verónica Vergna: cuerpo y mente no deberían pensarse por separado

Por Juan Cruz Sánchez, Mateo Tempone y Pedro Ayerdi

Las hermanas Verónica y Natalia Vergna están al frente del centro neuropsiquiátrico “Marañón” de Castelar. En diálogo con ambas, las dueñas recorrieron la historia de la institución fundada por su abuelo y explicaron cómo las actividades físicas, recreativas y deportivas pueden ayudar a los procesos de rehabilitación y recuperación.

El ejercicio físico no solo transforma el cuerpo, también la mente. En Marañón, estas actividades ocupan un lugar como un método para acompañar a cada una de las personas según sus necesidades. Las titulares de este establecimiento explican cómo esto puede contribuir a recuperar hábitos, fortalecer vínculos, plantearse objetivos y reconocer capacidades. A lo largo de la entrevista, también reflexionan sobre la importancia del acompañamiento psicológico en el deporte y sobre una idea que refleja su mirada: la salud no puede pensarse separando el cuerpo de la mente.

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– ¿Qué significa Marañón para ustedes?

– Marañón tiene para nosotras un significado muy especial porque es parte de nuestra historia familiar. La clínica fue fundada por nuestro abuelo hace aproximadamente 70 años y, de alguna manera, crecimos viendo lo que significaba para nuestra familia y para tantas personas que fueron pasando por la institución.

Hoy sentimos una responsabilidad muy grande de continuar ese legado, pero también de hacerlo evolucionar y adaptarlo a una mirada actual de la salud mental. Marañón no es solamente nuestro trabajo: es una historia familiar, un proyecto de vida y una institución a la que pertenecieron distintas generaciones de nuestra familia.

– ¿Por qué eligieron dedicarse a este tipo de institución?

– En nuestro caso también hubo una continuidad natural de una historia familiar. Crecimos muy cerca de la institución y conociendo desde chicas lo que implicaba trabajar en salud mental.

Con el tiempo, ya desde nuestro propio lugar, fuimos entendiendo la enorme responsabilidad que implica acompañar a personas que atraviesan situaciones de mucha vulnerabilidad y también la importancia de hacerlo desde una mirada humana, interdisciplinaria y respetuosa.

Elegimos continuar este camino, pero también aportar nuestra propia mirada y seguir transformando la institución.

– ¿Cómo fue creciendo desde que comenzó?

– Marañón tiene una historia de aproximadamente 70 años, por lo que atravesó distintas etapas y también enormes cambios en la manera de comprender y abordar la salud mental.

Desde aquella institución que comenzó nuestro abuelo hasta la actualidad hubo un crecimiento muy importante, no solamente en infraestructura o en cantidad de personas asistidas, sino principalmente en la diversidad de disciplinas, tratamientos y dispositivos.

Cada generación fue incorporando cambios y hoy nos toca a nosotras continuar ese proceso: profesionalizar cada vez más el trabajo, incorporar nuevas herramientas, ampliar las actividades y adaptarnos permanentemente a las necesidades actuales de los pacientes.

Para nosotras es muy importante conservar la esencia y los valores con los que nació Marañón, pero al mismo tiempo seguir evolucionando.

– ¿Qué profesionales forman parte de la clínica?

– Trabajamos con un equipo interdisciplinario porque entendemos que la salud mental no puede abordarse desde una sola disciplina.

Participan médicos psiquiatras, médicos clínicos, psicólogos, trabajadores sociales, terapistas ocupacionales, enfermeros, nutricionistas, profesores y coordinadores de distintas actividades terapéuticas, recreativas y físicas, además de todo el personal asistencial y de apoyo que acompaña diariamente a los pacientes.

El trabajo en equipo es fundamental porque cada profesional aporta una mirada diferente sobre una misma persona.

– ¿Qué tipo de personas concurren al centro y qué servicios brindan?

– Recibimos personas adultas con distintas problemáticas vinculadas a la salud mental y también personas con discapacidad que requieren diferentes niveles de apoyo.

La institución brinda distintos dispositivos de tratamiento, rehabilitación y acompañamiento. Hay personas que necesitan internación y otras que pueden participar de espacios de rehabilitación, actividades terapéuticas, sociales o recreativas.

Lo importante es poder pensar qué necesita cada persona en particular, porque no todos los pacientes atraviesan la misma situación ni requieren el mismo abordaje.

– ¿Cómo se dividen las responsabilidades entre las dos? ¿Tienen distintos roles?

– Sí, tenemos roles diferentes, aunque estamos permanentemente comunicadas y muchas decisiones importantes las tomamos en conjunto.

Cada una tiene áreas en las que se involucra más directamente, y eso permite distribuir responsabilidades y aprovechar las fortalezas de cada una. Pero tratándose de una institución de estas características, hay muchos temas que necesariamente se atraviesan entre sí, por lo que el trabajo conjunto es permanente.

– ¿Hay algo que hayan aprendido estos años de trabajo que quizás no esperaban?

– Muchísimas cosas. Probablemente una de las más importantes sea entender que los procesos no son lineales.

En salud mental puede haber avances, retrocesos, momentos de mucha evolución y momentos más difíciles. Aprendimos a valorar cambios que desde afuera pueden parecer pequeños pero que para una persona pueden representar un logro enorme.

También aprendimos cuánto puede modificar la evolución de un paciente sentirse escuchado, respetado, acompañado y parte de un grupo.

– ¿Creen que existen prejuicios alrededor de las instituciones neuropsiquiátricas?

– Sí, todavía existen muchos prejuicios, tanto alrededor de las instituciones como de las propias personas que atraviesan una problemática de salud mental.

Durante muchos años existió una mirada muy estigmatizante. Por eso creemos que uno de los grandes desafíos actuales es mostrar que una institución de salud mental no debe ser solamente un lugar de asistencia, sino un espacio terapéutico, de rehabilitación, de encuentro y de construcción de autonomía.

También es fundamental dejar de definir a una persona por un diagnóstico. Primero está la persona, con su historia, sus capacidades, sus deseos y sus vínculos.

– ¿Qué importancia tiene el acompañamiento de la familia para los pacientes?

– Es muy importante. Cuando es posible y beneficioso para el paciente, la familia forma parte fundamental del proceso.

El tratamiento no ocurre solamente dentro de la institución. Los vínculos, el entorno y la red de apoyo influyen muchísimo en la evolución de una persona.

También es importante acompañar a las familias, porque muchas veces llegan cansadas, preocupadas o sin saber cómo manejar determinadas situaciones. Darles orientación y herramientas también forma parte del tratamiento.

– ¿Hay alguna actividad en particular que hayan implementado en el centro que genere una muy buena respuesta?

– Las actividades que permiten a los pacientes participar activamente suelen generar respuestas muy positivas.

Los espacios recreativos, artísticos, de movimiento, los talleres y las actividades grupales tienen algo muy valioso: permiten que por un momento la persona deje de estar ubicada únicamente en el lugar de “paciente”.

Aparecen intereses, habilidades, vínculos, responsabilidades y posibilidades que muchas veces sorprenden incluso a ellos mismos.

– ¿Qué importancia tienen las actividades sociales y recreativas para estos casos?

– Tienen una importancia enorme porque la rehabilitación también implica recuperar vínculos, hábitos, intereses y participación social.

Compartir una actividad, conversar, esperar un turno, organizar algo entre varios, asumir una responsabilidad o simplemente disfrutar con otra persona son experiencias que parecen cotidianas, pero que tienen muchísimo valor terapéutico.

Además, generan pertenencia, autoestima y motivación.

– ¿Qué diferencia encuentran entre una actividad individual y una grupal?

– Las dos son importantes y tienen objetivos diferentes.

En una actividad individual se puede trabajar de manera mucho más específica sobre las necesidades, dificultades o capacidades de una persona.

En cambio, el grupo incorpora algo que individualmente no se puede reproducir: el vínculo con los demás. Aparecen la comunicación, la convivencia, la cooperación, la tolerancia, la empatía y también la posibilidad de sentirse parte de algo.

Por eso consideramos que ambas modalidades se complementan.

– ¿Qué lugar ocupa la actividad física aquí?

– La actividad física ocupa un lugar importante dentro de una concepción integral de la salud.

El movimiento tiene beneficios físicos evidentes, pero también puede mejorar el estado de ánimo, disminuir niveles de ansiedad, favorecer el descanso y ayudar a recuperar rutinas y hábitos saludables.

Además, muchas actividades físicas permiten trabajar aspectos como la coordinación, la motivación, la autoestima y el vínculo con otros.

– ¿Se realizan actividades deportivas o relacionadas con el ejercicio? ¿Cuáles serían sus beneficios?

– Sí, se desarrollan actividades vinculadas al movimiento y al ejercicio, adaptadas siempre a las posibilidades y necesidades de cada persona.

Los beneficios son múltiples. No se trata solamente de mejorar la condición física. También permiten establecer rutinas, proponerse objetivos, compartir con otros, descargar tensiones y experimentar la satisfacción de ir logrando pequeñas metas.

Y algo muy importante es que permiten descubrir capacidades. Muchas veces una persona comienza una actividad pensando que no puede hacerla y termina sorprendiéndose de lo que sí puede lograr.

En el deporte se menciona mucho la disciplina, constancia y la superación. ¿Esos valores también son importantes en estos procesos de recuperación?

Sí, muchísimo, aunque siempre entendiendo la superación de una manera personal.

No se trata de competir con otro, sino de poder avanzar respecto de uno mismo.

La constancia es fundamental en cualquier proceso terapéutico. Poder sostener una rutina, comprometerse con una actividad, tolerar una frustración, intentarlo nuevamente o reconocer un pequeño progreso son aprendizajes muy valiosos.

Cada persona tiene su propio punto de partida y sus propios objetivos.

– ¿Creen que los deportistas deberían tener un mayor acompañamiento psicológico?

– Sí. Durante mucho tiempo en el deporte se priorizó casi exclusivamente el rendimiento físico, cuando la dimensión emocional tiene una influencia enorme.

Un deportista también atraviesa presión, frustración, miedo al fracaso, lesiones, exigencias, expectativas externas y momentos de mucha exposición.

El acompañamiento psicológico no debería aparecer solamente cuando existe un problema. También puede ser una herramienta preventiva y de fortalecimiento, ayudando al deportista a manejar las emociones, la presión, los objetivos y también su identidad más allá del rendimiento deportivo.

En definitiva, tanto en el deporte como en la salud en general, creemos que cuerpo y mente no deberían pensarse por separado.

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En conclusión, la actividad física puede ser mucho más que movimiento: puede significar recuperar una rutina, compartir con otras personas, superar una dificultad o alcanzar un objetivo personal. En Marañón, esos logros forman parte de procesos de rehabilitación que buscan mirar a cada persona más allá de su condición, teniendo en cuenta sus vínculos, capacidades y necesidades. A lo largo de sus aproximadamente 70 años de historia, la institución atravesó varios cambios y hoy busca acompañar a cada persona teniendo en cuenta sus distintas carencias. En ese contexto, las actividades recreativas, grupales y deportivas ocupan un lugar que va más allá del entretenimiento. En el deporte, las hermanas Vergna encuentran una mirada parecida: detrás de cada resultado hay emociones que necesitan ser acompañadas. Así, la experiencia de la institución y su mirada sobre el deporte coinciden en una misma idea: cuidar la salud implica atender tanto al cuerpo como a la mente.

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