Gisella Bonomi: la jugadora que creció junto al beach handball argentino

Por Jazmín Macoretta

Hay jugadoras que se vuelven importantes por su juego que aportan dentro de la cancha y otras que terminan convirtiéndose en parte de la historia de un deporte. Gisella Bonomi pertenece a ambas categorías. La neuquina que llegó a Buenos Aires apenas tenía 17 años para construir su carrera en el beach handball lleva más de una década vinculada a la Selección Argentina. Desde entonces, pasó de ser una joven que comenzaba a hacerse un lugar entre las mayores a convertirse en una de las referentes de Las Kamikazes, la selección femenina que llevó al beach handball argentino a lo más alto, siendo campeonas del mundo.

La primera vez que Leticia Brunati, entrenadora de la selección, la vio fue en una concentración en Viedma, en 2015. Su estatura de 1.83 metros llamaba la atención, pero no era lo único. Brunati recuerda que lo que más le impactó fue su mentalidad. “Es una jugadora que todo el tiempo quiere ser mejor, que quiere ser mejor por ella y por su equipo”, explica. Un año después en el Campeonato Panamericano de Beach Handball disputado en Venezuela comenzaría una historia que la convertiría en una de las caras más representativas del beach handball argentino.

Antes de los títulos, el reconocimiento internacional y la capitanía, hubo entrenamientos, viajes y un largo proceso de crecimiento. Bonomi dejó Neuquén para instalarse en Buenos Aires y continuar desarrollando una carrera que, con el tiempo, la llevaría a ser reconocida en distintos torneos, como una de las mejores jugadoras de su posición, pivot.

Mientras Bonomi construía su identidad como jugadora, el beach handball argentino también atravesaba su propia transformación. Durante más de 19 años, de forma oficial, la disciplina ocupó un lugar secundario dentro del deporte nacional. Sin embargo, a partir de 2023 el crecimiento de las selecciones argentinas y los resultados internacionales permitieron que empiece a ganar visibilidad. La rama femenina tuvo un papel fundamental en ese proceso.

Las Kamikazes dejaron de ser una selección que buscaba competir para convertirse en un equipo capaz de disputar los torneos Mundiales del deporte. El grupo construyó una identidad basada en la intensidad, el trabajo colectivo y la adaptación. Pero el recorrido comenzó mucho antes de las medallas. Las primeras generaciones se encontraron con un deporte en el que debían entrenarse en condiciones muy diferentes. El apodo de Las Kamikazes nació por la forma en la que aquellas jugadoras se lanzaban sobre la arena, sin miedo a las consecuencias.

Con el paso del tiempo, el seleccionado se transformó en uno de los grandes referentes del deporte femenino argentino. La medalla de plata en los Juegos Mundiales de Breslavia, Polonia 2017, el oro en los Juegos Olímpicos de la Juventud de Buenos Aires 2018, el bronce en los World Games de 2022, el subcampeonato mundial de Fuzhou, China 2024, el oro en los World Games de 2025 y el Sur-Centro de Rosario 2026 fueron algunos de los hitos que construyeron la identidad de un equipo que alcanzó su punto más alto con la consagración en el Mundial de Zagreb 2026.

En el beach handball, los partidos duran apenas 20 minutos, divididos en dos sets con un descanso de cinco minutos en el medio, pero obligan a tomar decisiones en cuestión de segundos. La velocidad del juego exige una adaptación permanente y esa capacidad se convirtió en una de las principales características de Bonomi. La disciplina comenzó a ocupar un lugar cada vez más importante dentro del deporte argentino gracias a un formato dinámico que combina velocidad y estrategia.

El crecimiento de los torneos internacionales, el desarrollo de las categorías juveniles y la consolidación de los seleccionados nacionales permitieron que Argentina pase de ser un país creciente a convertirse en una potencia. La conquista del primer título mundial femenino y de la medalla de oro para el femenino y la medalla de bronce para el masculino, conseguidas en Zagreb 2026 confirmaron el momento histórico que atraviesa el beach handball argentino.

Brunatti define a Gisella como una jugadora en permanente evolución, alguien que, después de cada torneo, vuelve a pensar cómo seguir creciendo. La entrenadora también destaca su capacidad para aparecer en los momentos decisivos: “En los partidos más difíciles, Gisela está al cien por ciento”. La admiración no solo aparece en el cuerpo técnico. Florencia Gallo, compañera de selección, reconoce que compartir la cancha con Bonomi representa un privilegio. La seguía desde que era muy chica y hoy forma parte del mismo plantel. La describe como una persona paciente, capaz de transmitir tranquilidad incluso en los momentos de mayor tensión. “Cuando la miro, siento tranquilidad, y para mí eso es fundamental”, asegura.

Sin embargo, quienes conviven con Bonomi conocen que detrás de la jugadora experimentada aparece una persona que transforma cualquier concentración en una oportunidad para sacar una sonrisa. Entre viajes, entrenamientos y competencias, las anécdotas compartidas fueron construyendo vínculos que van más allá del deporte. Cuando Gallo tiene que definirla en una palabra, no duda: “Leyenda, porque hizo, hace y va a seguir haciendo historia”.

La frase resume una carrera marcada por el esfuerzo y la constancia. La historia de Gisella Bonomi no habla únicamente de una jugadora que ganó campeonatos. También cuenta cómo una deportista nacida en Neuquén acompañó el crecimiento del beach handball argentino hasta convertirse en una de las principales referentes de una generación que cambió para siempre el lugar de Las Kamikazes en el deporte nacional.

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