En el oeste está el agite y también los clubes que luchan la lucha por sostener sus actividades

Por Julieta Borches y Tiziano Moreira

Las voces que se mezclan desde distintas canchas, el sonido de las pelotas golpeadas y el movimiento de gente que entra y sale forman parte de una escena cotidiana en los clubes de barrio. Para algunos, el club es un lugar donde se aprende a jugar, pero para otros es el punto de encuentro que acompaña gran parte de sus vidas.

En Villa Sarmiento, partido de Morón, el Centro Social y Recreativo Español lleva más de nueve décadas formando parte de esa historia. Fue fundado el 24 de junio de 1934 por inmigrantes españoles y nació como un espacio para reunirse y practicar deportes. A lo largo de los años, amplió sus actividades e instalaciones hasta convertirse en una institución que reúne a personas de distintas edades.

En Estanislao del Campo 989, la vida del club se reparte entre tres gimnasios, dos canchas de pádel cubiertas, dos quinchos, una cancha descubierta para baby fútbol, un buffet, vestuarios y una pileta climatizada.

A varios kilómetros, en Pontevedra, el club cuenta con otro predio para los entrenamientos y partidos de las divisiones inferiores de la AFA.

La institución también fue construyendo su identidad alrededor del fútbol. En 1959 se afilió a la AFA y durante años compitió en las categorías de ascenso, hasta que en 2023 se consagró campeón de la Primera D, lo que le permitió llegar a Primera C, categoría en la que participa actualmente.

Pero no todo es fútbol en el club. En sus instalaciones también se practican futsal masculino y femenino, baby fútbol, básquet masculino y femenino, natación, patín, gimnasia artística, taekwondo, waterpolo y ajedrez. Cada disciplina tiene sus propios horarios y necesidades.

Con estas nuevas incorporaciones deportivas, la cantidad de personas que se acercan al club también aumentó. “La cantidad de socios creció un montón, hoy contamos con una cifra variable de aproximadamente 1.500 socios”, contó Pablo Apezteguia, vicepresidente del club en diálogo con El Equipo.

Sin embargo, sumar socios no significa que las dificultades económicas vayan a desaparecer, porque mantener las instalaciones, pagar los servicios y financiar las obras necesarias requiere ingresos constantes. Además, Apezteguia señaló que el club dejó de contar con programas estatales.

“Perdimos el acceso al programa ‘Clubes en Obras’, que nos resultaba muy práctico para financiar proyectos de infraestructura, porque el Gobierno de Milei lo eliminó. Hoy en día, no recibimos fondos estatales ni provinciales para realizar obras”, explicó.

En cuanto a los aportes económicos que recibe, Apezteguia detalló: “La AFA otorga al club unos 10 millones de pesos mensuales, mientras que la Municipalidad de Morón aporta un promedio aproximado de un millón y medio de pesos al mes”.

Son ingresos que ayudan a sostener el funcionamiento de la institución, aunque no eliminan la necesidad de administrar los recursos y priorizar las inversiones. En un club con tantas disciplinas, las decisiones económicas repercuten en distintos sectores, desde el mantenimiento de las instalaciones hasta la posibilidad de incorporar mejoras.

Por eso, la diputada nacional Natalia Zaracho presentó un proyecto de ley para modificar la Ley 27.098, de Clubes de Barrio, con el objetivo de fortalecer a aquellas instituciones que atraviesan una crisis económica. La iniciativa plantea un ingreso mínimo por club de alrededor de 250 UVA mensuales, financiado a través de un aumento de las alícuotas aplicadas a las casas de apuestas deportivas online, con una escala del 10% al 30%, según el caso. También contempla la posibilidad de que ese monto se actualice de acuerdo con la inflación.

A su vez, una historia similar se repite a unas cuadras. En Ramos Mejía, el Lawn Tennis Club también construyó su historia a partir del deporte y la participación de los vecinos. Fundado en 1931, comenzó con una sede humilde de madera y techo de chapa, conocida como el «rancho del Lawn Tennis». Con los años, la institución creció y amplió su propuesta.

En la actualidad, ubicado en Esteban Echeverría 361, ofrece distintas actividades deportivas. Entre ellas se encuentran tenis, básquet, vóley, natación, taekwondo, tenis de mesa, artes marciales y otras propuestas físicas y recreativas. Sus actividades incluyen a niños desde los cuatro años y cuentan con equipos femeninos, masculinos y mixtos en distintas disciplinas.

El tenis fue el punto de partida, pero el crecimiento de la cantidad de socios impulsó la incorporación de otras propuestas, entre ellas el básquet, que con el tiempo adquirió un lugar importante.

Sin embargo, según Fabio Francini, exentrenador y actual psicólogo, los clubes de la zona tienen todos el mismo problema. “Ahora se está buscando en los clubes chicos, de barrio, que vuelva a ser el club donde alguien, de alguna manera, pasaba parte de toda la semana. Y lo que noto mucho es que hay muchos chicos en la calle, con la tecnología, y eso ha dejado un poco a los clubes acéfalos. Ese es el gran problema”, explicó.

Por otro lado, en El Palomar, el Club Atlético El Palomar forma parte de una historia todavía más antigua que la de muchas de las construcciones que hoy rodean sus instalaciones. La institución fue fundada en 1926 por iniciativa de un grupo de jóvenes interesados en practicar deportes. Durante sus primeros años, organizó equipos de fútbol que jugaban y competían en los baldíos de la localidad.

Después de pasar por distintas sedes, en 1948 adquirió los terrenos de la esquina de Marconi y Galán. El 23 de octubre de 1949 se colocó la piedra fundamental de la sede definitiva y, el 17 de diciembre de 1950, se inauguró el campo deportivo, que contaba con cancha de pelota paleta, buffet y sanitarios. Más adelante se incorporaron otras instalaciones, como las canchas de bochas, básquet y tenis.

La propuesta deportiva también se amplió. Entre las actividades que ofrece se encuentran básquet, fútbol, boxeo, patín artístico, artes marciales, taekwondo, judo y danzas. La institución se presenta como una entidad sin fines de lucro que busca ofrecer a niños y adultos un ámbito familiar para desarrollar actividades deportivas y culturales.

“Buscamos que los chicos sientan al club como su casa. Lo otro que buscamos es inculcarles valores y costumbres para la vida en sociedad. Trabajar a través del deporte cuestiones que después les van a servir para la vida”, contó Julio Ramírez, entrenador de básquet.

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