Por Lola Fariña
En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires hay 215 clubes de barrio registrados oficialmente, según los datos del Registro Único de Instituciones Deportivas (RUID) del Gobierno porteño. Estas instituciones enfrentan el desafío de sostener sus actividades y espacios en una ciudad donde los costos de funcionamiento aumentan y los recursos para afrontarlos no siempre alcanzan.
La Secretaría de Deportes otorga subsidios para proyectos deportivos, infraestructura, insumos y mantenimiento. En la convocatoria de 2024, el monto máximo previsto era de $2.000.000 por proyecto, y las instituciones debían afrontar con recursos propios cualquier diferencia.
Sin embargo, muchos de estos clubes no pueden acceder al subsidio por no contar con personería jurídica, un requisito que les impide obtener el reconocimiento oficial del Estado e inscribirse en el RUID. Según Natalia Zaracho, diputada del Frente Patria Grande, esta situación responde a trabas burocráticas.
Un ejemplo es la Asociación de Fomento de Parque Chas, que no cuenta con personería jurídica. Por ese motivo, carece del reconocimiento oficial por parte del Estado y no puede acceder al subsidio.
El Club La Floresta, fundado en 1897 sobre la calle Avellaneda al 3885, es el más antiguo de la Capital Federal. Cuenta con más de 100 miembros vitalicios y varios socios activos. Como muchas otras instituciones, se sostiene a través de las cuotas sociales, la escuelita de fútbol, el alquiler de sus salones, el natatorio y la organización de eventos.
Sin embargo, también enfrenta dificultades económicas. “La situación es bastante ajustada, estoy luchando para conseguir subsidios”, declaró Arnaldo Miranda Tumbarello, presidente del club.
Candela y Sofía, dos jóvenes que practican fútbol los martes a las 19, aseguran haber visto ratas en reiteradas ocasiones dentro del establecimiento. “No hay fumigación desde hace años”, afirmó Lautaro Freyre, profesor de fútbol femenino del club.
La falta de recursos no solo condiciona la posibilidad de sostener las actividades deportivas, sino también el mantenimiento de los espacios donde se desarrollan. Entre los gastos cotidianos y las dificultades para acceder a la ayuda estatal, los clubes de barrio deben encontrar la manera de seguir funcionando.





