Por Franco D’Amore Cristos
Central Ballester no sólo milita en la Primera C, sino que exprime al máximo el concepto de tomar postura alguna sobre ciertos acontecimientos y, además, milita constantemente en la política social argentina. El Canalla es un club acostumbrado a tomar partido en defensa de los derechos humanos, ubicado en José León Suarez, partido donde se realizó un fusilamiento clandestino durante la dictadura cívico militar del general Pedro Eugenio Aramburu.
Esta historia existe gracias al inventor del género periodístico de no ficción, y no es Truman Capote, escritor estadounidense que en 1966 y a sangre fría le quitó mérito a un argentino. Operación Masacre es la obra madre del género, publicada en diciembre de 1957. Dicho patriota es Rodolfo Walsh, escritor y periodista que, sin saberlo, con notas de veracidad, hibridez y su propia perspectiva, inventó un estilo narrativo.
Impuesta la proscripción del peronismo, el 8 de junio de 1956 la Argentina vivía una noche de sábado como cualquier otra, sin saber lo que pasaría en la madrugada del domingo 9. La cita máxima de esa noche para el fanático argentino era la pelea de boxeo por el campeonato sudamericano entre Eduardo Lausse y Humberto Loayza. Algunos tuvieron el privilegio de verla en el Luna Park, otros, hasta donde pudieron, la escucharon por radio.
La pelea comenzó a las 23, horario donde estaba estipulado el anuncio mediante una cadena nacional de la ley marcial. Este estatuto consiste en la toma por parte de los militares de todo tipo de decisiones o acciones gubernamentales y, en caso de haber oposición o alguna resistencia, la ley otorga la aplicación de la fuerza. Una de las tantas normas de la ley marcial fue la prohibición de cualquier tipo de reunión entre tres o más personas. Sí, en medio de una velada de gran convocatoria hogareña y radial.
Aramburu y sus subordinados tenían todo planificado, anunciarían la ley y detendrían, “legal” e injustamente, a comandantes rebeldes y a ciertas personas que, para ellos, suponían ser peronistas. Y así fue. Aunque gracias a Rodolfo Walsh, se supo que fue un hecho totalmente delictivo.
Esta historia se centra en un grupo de doce presos políticos de diferentes casas de Florida (Vicente López). Resulta que los militares que aguardaban la orden de sus comandantes para ingresar a los hogares y detener a “ciertas gentes”, no recibían la señal. Todo esto durante la efímera pelea entre Lausse y Loayza que duró menos de 10 minutos, el argentino derribó al chileno -respectivamente- antes de que finalice el tercer round.
Por ende, la velada terminó alrededor de las 23:10 horas. Minutos más tarde y, ante la inquietud que provocaba el silencio de no recibir ninguna orden, los militares entraron a las casas por la fuerza.
En un colectivo improvisado, dirigido por el comandante Rodríguez Moreno, los militares trasladaron a estos doce prisioneros a la Unidad Regional. Llegaron a las 0.45 del domingo 9.
Antes de su llegada, concretamente a las 0.32, se anuncia la Ley Marcial en cadena nacional. Los secuestros primero, la sanción después. Walsh dio con el orden cronológico de los hechos y encontró la ilegalidad.
El fusilamiento clandestino se dio a las 5 de la madrugada en José León Suarez. Siete de doce prisioneros se salvaron. Entre ellos se destaca Carlos Livraga, sobreviviente por el cual Rodolfo Walsh comenzó esta investigación al escuchar, en el café donde habitualmente concurría, estas cinco palabras: “Hay un fusilado que vive”.
Los cinco asesinados fueron Mario Brion, Nicolás Carranza, Francisco Garibotti, Carlos Alberto Lizaso y Vicente Damián Rodríguez. Sus tibios cadáveres que yacían sobre la Ruta 4 fueron observados por los desprevenidos pobladores. Curiosos, generaron una ronda que impedía el paso de los vehículos hasta que llegó un auto, aparentemente de clase alta. Una mujer sacó la cabeza por la ventana y preguntó “¿Qué sucedía?” Seguido de un gesto irónico, “¡Muy bien hecho! Tendrían que matarlos a todos”. Al oír esto, las personas que se encontraban allí llenaron de piedrazos y cascotes al coche.
En conclusión, desde el 9 de junio de 1956 hasta el día de hoy, los ciudadanos de José León Suarez y su principal club de fútbol, Central Ballester, se comprometen con todo tipo de causa social, reclaman por los derechos humanos y recriminan los crímenes de lesa humanidad.





