Por Luján Pantano
Lo sabían, era como si hubiese un código de vestimenta. Como si el entrenamiento para todas las categorías se hubiesen puesto de acuerdo para usarla. La celeste y blanca, la azul, la de entrenamiento, no importaba cual fuera, la que tuviera el “10” en la espalda servía. “Vamos chicos, rápido que nos tenemos que ir a ver a Messi jugar”, gritaba el entrenador.
El club adelantó el entrenamiento. Las categorías de baby fútbol y los profesores de cada una se organizaron para poder entrenar como de costumbre, pero más temprano en Comunicaciones.
El evento que movilizaba a cualquier argentino. Los 2018 tal vez ni siquiera son muy conscientes de la carrera que tuvo Leo antes de Qatar 2022, pero igual visten su camiseta. Los 2014, en cambio, la visten sabiendo quien es y cuál es el valor que tiene como jugador.
Sin embargo, sin importar la edad que tengan, cualquiera de ellos, tiene como ídolo a Messi. Lo ama como argentino, como futbolero y como viviente de la cultura futbolística que genera en su gente. Y no importa si es con una remera trucha comprada en el negocio del barrio o la original de Adidas en la tienda oficial. Si es la última edición o la de 2006 apenas empezaba a sonar su nombre. No importa si a la familia del pibe no le alcanzó para comprar una entrada para su partido de despedida, lo vivirán como si estuviesen dentro del Monumental, donde sea que lo miren.
La despedida menos esperada. El fin de una era. Con su familia en el palco, con el director técnico que lo acompañó a ganar la esperada Copa del Mundo, con uno de los estadios más grandes del mundo con capacidad completa. Y él mirando por la ventana con los ojos llenos de lágrimas. La frase “gracias” que se repite en las calles, en el Fan Fest, en los trapos de la cancha, porque no queda nada más que agradecer. El capitán de un barco que sin importar las condiciones del mar seguía navegando en búsqueda de tierra firme. Con un país entero, que se moviliza -o inmoviliza- cuando juega él, más aún, cuando es la última vez que lo verán con la camiseta celeste y blanca.





