Lautaro Vouilloz, la promesa del martillo argentino

Por Valentín Mazzini

En 2024, a las ocho de la noche, después de salir del Instituto Superior de Formación Docente N°84 y con el frío de Mar del Plata, Lautaro Vouilloz llega en bicicleta a una sesión de masajes. Al día siguiente, a las siete de la mañana, vuelve a la pista. Otra vez en bicicleta y otra vez con frío. Desirée Guix, su masajista, lo conoció después de una sesión. “Me dije: ‘Éste está loco'”. Pero también dice que desde ese primer día vio su resiliencia y su dedicación.

Vouilloz tiene 23 años y compite en lanzamiento de martillo. En 2026 alcanzó los 69,87 metros en el CeNARD, su mejor marca personal y la sexta mejor de la historia argentina en la prueba. Está entre los principales lanzadores del país, después de haber representado a Argentina en distintas competencias internacionales. Fue subcampeón sudamericano U23 en 2023 y sexto en los Juegos Panamericanos Junior de Asunción 2025.

Pero todas las historias de los deportistas tienen un inicio y la de Vouilloz fue de pura casualidad y hasta sin querer. Tenía nueve años cuando un compañero que hacía atletismo lo acercó al deporte. Un día se encontraron cerca de la pista de Mar del Plata y entró con el profesor de su amigo. En su familia nadie tenía relación con el atletismo. Con nueve años, descubrió algo nuevo y su familia también. Al principio probó distintas pruebas hasta que se fue acercando a los lanzamientos. A los 12 años apareció el martillo y empezó a destacarse. Daniel López, su entrenador, fue quien terminó de descubrir que tenía condiciones para esa prueba.

Todo empezó como una actividad para compartir con un amigo porque estaba aburrido, o para acompañarlo, pero terminó descubriendo el comienzo de su nueva vida y a lo que quería dedicarse. Con el tiempo también cambió su manera de entrenar. Claudia Bernachea, su madre, cuenta que Lautaro empezó a analizar sus errores y a entender por dónde podía mejorar: “Se volvió mucho más analítico, mucho más crítico”.

Pero no siempre le sale todo lo que espera. La masajista Guix comenta que Lautaro se frustra y se enoja consigo mismo cuando una competencia o un entrenamiento no le salen como esperaba, pero que rápidamente acepta la situación y sigue: “Jamás pierde el control ni se descarga con terceros”.

Pero antes de consolidarse entre los principales lanzadores del país, también hubo un momento en el que pensó en dejar el atletismo. En 2017, después de llegar a los juegos Sudamericano Escolares 2017, realizados en Bolivia, con posibilidades de conseguir una medalla, hizo nulos sus tres lanzamientos y quedó eliminado. Fue, según él mismo contó, “la peor competencia de mi vida”. Llegó a pensar en abandonar el atletismo, hasta que volvió a competir por otra razón: porque quería hacerlo y no porque sentía que tenía que hacerlo.

Entonces siguió. En 2022 rompió el récord histórico de la provincia de Buenos Aires con un lanzamiento de 58,70 metros. En 2023 consiguió la medalla de plata en el Sudamericano U23 con 65,03 metros. Después llegaron nuevas competencias internacionales y, en 2026, el lanzamiento llegó hasta los 69,87 metros.

 

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Pero una marca no muestra todo lo que atraviesa Vouilloz. Trabaja la fuerza en el gimnasio, realiza ejercicios específicos en la jaula de martillo y sigue planes de entrenamiento en la pista. A eso le suma sus estudios. Se recibió de guardavidas y está terminando el profesorado de Educación Física en Mar del Plata.

Para Claudia, su madre, una de las imágenes que mejor muestra ese esfuerzo son los sábados por la mañana. Mientras otros chicos de su edad pueden estar volviendo de salir de fiesta, su hijo se levanta temprano para entrenar. Si hace frío, va. Si llueve, va. No porque alguien lo obligue, sino porque eligió hacerlo. “No hay mal tiempo para él para ir a entrenar. Le dio una capacidad de perseverar, de intentar mil veces y de resiliencia”, cuenta su mamá. Esa forma tan perseverante de enfrentar las cosas, Lautaro la lleva al estudio, a las lesiones y a los problemas cotidianos. Hay otra imagen que Claudia guarda de estos años. Lautaro poniéndose la camiseta de Argentina. Para ella no existe un único momento que pueda resumir todo lo que hizo desde que entró a aquella pista a los nueve años. Hay muchos. Pero cuando se pone la camiseta, aparecen todos juntos.

Mientras tanto, su familia sigue acompañándolo en un deporte que descubrieron junto con él y que todavía recibe menos apoyo en comparación a otras disciplinas. El atletismo puede no ocupar demasiado espacio fuera de las pistas, pero para Vouilloz hace años que dejó de ser solamente lanzar un martillo. Es una parte de su vida y también una forma de enfrentarla.

Quizás por eso aquella escena que recuerda la masajista Guix diga bastante. Ocho de la noche, frío en Mar del Plata, una bicicleta después de un día largo. Y siete de la mañana del día siguiente, otra vez en la pista. Lautaro Vouilloz sigue. Y todavía tiene una larga carrera por delante.

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