El día a día de un club que sueña con el URBA TOP 14

Por Gustavo Llancapani

Diego Conde llegó al club San Cirano en 1982, a los 8 años. Su ingreso se dio gracias a la cercanía de su escuela, del mismo nombre, con la institución, aunque funcionaban de manera independiente. De la mano de su profesor de Educación Física conoció el rugby, un deporte que no abandonaría jamás: desde que debutó en Primera División hasta el día de su retiro, nunca dejó de pisar el club.

Su camino en el cuerpo técnico comenzó en la Intermedia, la reserva del equipo, con la que alcanzó las semifinales durante tres instancias consecutivas. Ese desempeño motivó a la subcomisión a ofrecerle la conducción del plantel superior para encarar una renovación.

Hoy, la exigencia del rol demanda un esfuerzo considerable que restringe el tiempo con su familia y su trabajo formal, pero que aprovecha al máximo en el campo. Aunque los entrenamientos comienzan a las 20:30, Conde llega a las 19:00 para planificar la jornada con su staff. Para la preparación táctica y humana cuenta con Facundo Salas ,entrenador del seleccionado femenino Las Yaguaretés, como coach, además de un analista de video que edita material para que los jugadores analicen al rival cada martes.

Conde fue participe del equipo que jugó en Nueva Zelanda en el año 1986 acompañando al primer equipo.

“Y nada, es el laburo en campo que son tres veces por semana dos horas, más las horas anteriores que llego al club para planificar cosas, más el tiempo que hablás con otros entrenadores de tu propio staff durante el día, más que, ponele, yo veo cuatro o cinco partidos del rival con el que vamos a jugar cada fin de semana. Trato de analizar y de saber todo lo que es el presente del equipo con el que vamos a jugar”, explica Conde sobre su rutina.

Toda esta dedicación se da en un contexto plenamente amateur. San Cirano, ubicado en Villa Celina, no percibe aportes económicos de la Unión Argentina de Rugby ni dispone de viáticos para el plantel; son los propios jugadores quienes deben costear su indumentaria, suplementos, transporte y cuota social.

Esa misma filosofía de autogestión se refleja en las obras del club. Actualmente, la comunidad busca financiar la construcción de una cancha de césped sintético. 

“Nosotros ahora estamos viendo hacer una cancha de CP sintético y estamos juntando plata de nuestro bolsillo para poder afrontar esa obra, que es una obra carísima, pero que hoy es indispensable para hacer y bueno, dentro de todo lo que es la comunidad del club, entre socios actuales, ex jugadores, ex socios, padres, se va llamando uno por uno a ver cuánto podés poner vos, cuánto podés poner el otro, cuánto podés poner el otro y así vamos juntando dólar a dólar, porque es en dólares la obra, hasta poder afrontar el costo total de hacer una cancha de CP sintético que sale una fortuna de plata¨, relata el entrenador.

Supervisión del cuerpo técnico del entrenamiento diario del equipo de Primera.

Más allá de lo táctico, Conde busca transmitir sentido de pertenencia y unión, marcando la diferencia entre el club de barrio y la dinámica del fútbol profesional. Para él, San Cirano es una familia sustentada en el afecto y la cercanía diaria.

¨Valentino Laroca, ponele, yo a Valentino lo vi nacer, ¿entendés? Después uno de los mejores jugadores del equipo es el que está en Pumas Seven, Francisco Calelo, que Nicolás es el padre y es uno de mis mejores amigos. Yo a Francisco lo conozco desde que era bebé, para mí es como si fuera un sobrino, entonces la relación más allá de que tengo una relación entrenador-jugador, hay un vínculo personal muy intenso y de mucho cariño recíproco con todos los jugadores, en líneas generales¨, destaca.

Ese lazo afectivo se tradujo en momentos imborrables dentro de la cancha. Entre sus mejores recuerdos como DT sobresale la clasificación a semifinales del año pasado frente a Pucará, en condición de visitante, tras haber revertido un inicio de temporada adverso en la parte baja de la tabla. Un logro obtenido, según recuerda, a fuerza de garra, corazón y resiliencia

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