sábado, marzo 14, 2026

Potrero y gambeta, la devaluación de un estilo

Por Matías Huentelaf

El fútbol argentino históricamente se forjó en los potreros y en los clubes de barrio, llevando consigo ese “estilo criollo” que lo diferenció del resto del mundo. La viveza, la gambeta y el engaño nacieron de esa construcción cultural que llevó a Argentina a formar jugadores de la talla de Diego Maradona, Juan Román Riquelme o Ariel Ortega, entre muchos otros.

Pero hoy, con sistemas cada vez más estructurados y robotizados, ese tipo de futbolistas parece quedar atrapado dentro de esquemas tácticos que muchas veces no favorecen su principal virtud: la improvisación. La gambeta, recurso histórico del fútbol argentino, encuentra cada vez menos espacio. Por eso surge una pregunta inevitable: ¿están los jugadores “mágicos” en peligro de extinción?

Actualmente son contados con los dedos de una mano los futbolistas capaces de hacer algo distinto a lo que vemos cada fin de semana en las canchas. Nombres como Hernán López Muñoz —sobrino nieto de Maradona—, Exequiel Zeballos o Claudio Echeverri (quien ya emigró al exterior) representan algunos de esos jugadores capaces de romper la lógica del sistema con una jugada individual.

Las estadísticas también reflejan esa tendencia. Según datos de SofaScore, futbolistas como Sebastián Villa y Jaminton Campaz —que llegaron al país desde otros rincones de Latinoamérica— lideran las tablas de gambetas completadas con un promedio cercano a dos por partido. Sin embargo, siguen siendo excepciones dentro de un torneo donde cada vez se arriesga menos.

“Se ha perdido un poco también por culpa nuestra, de los entrenadores, por querer que nuestros equipos jueguen en ‘modo play’ por decirlo de alguna forma. Los entrenadores hemos quitado un poco eso, el potrero”, señaló Marcelo Méndez, exentrenador de Gimnasia y Esgrima de La Plata.

La comparación con otras épocas resulta inevitable. El fútbol argentino supo tener en sus canchas a leyendas como Ricardo Bochini, Norberto Alonso, René Houseman o el propio Maradona, jugadores que hicieron de la gambeta una marca registrada de nuestro fútbol.

“El gambeteador, el que tiene regate, es el que de alguna manera te saca esa exclamación y el que te emociona, lo que todos queremos ver, queremos ver algo diferente. Y, además, no solo se queda en lo estético, es productivo para el equipo bien utilizado”, sintetizó Fernando Redondo, en una entrevista para Infobae.

Hoy, en cambio, los talentos parecen ser apenas pasajeros. Un juvenil debuta, juega dos o tres buenos partidos y enseguida llega una oferta imposible de rechazar para clubes con economías debilitadas. Así, el público argentino pierde la posibilidad de disfrutar durante más tiempo de lo más valioso que tiene este deporte: esos futbolistas capaces de hipnotizar a una tribuna o a un televisor con una jugada distinta. ¿Qué sería ideal? Demorar su debut en primera y tenerlos más tiempo con nosotros”, propuso Hugo Tocalli, en una nota con LA NACIÓN.

El fútbol argentino parece vivir una especie de devaluación de su estilo. Los entrenadores muchas veces no logran consolidar una idea de juego: dos derrotas consecutivas los dejan al borde del despido y los murmullos empiezan a bajar desde la tribuna. Ese clima permanente de urgencia termina generando un efecto: el miedo a perder suele imponerse.

Las estadísticas también reflejan esa tendencia. En 114 partidos disputados durante el período 2025-2026, la liga argentina registra el mayor índice de empates sin goles entre las principales competiciones del mundo. Un dato que expone un fútbol cada vez más cauteloso, donde el riesgo parece ser un lujo.

A esto se suma un torneo con 30 equipos, un formato que para muchos diluye la competitividad y baja el nivel de exigencia.

“Somos formadores y por eso tenemos un torneo de 30 equipos”, defendió el presidente de la Asociación del Fútbol Argentino, Claudio Tapia. Pero la realidad muestra un panorama más complejo. En los últimos años, clubes como River, Boca o Vélez, junto con algunas ventas puntuales —como la de Carlos Alcaraz desde Racing al Southampton FC— han sido los principales exportadores de talento hacia las grandes ligas del mundo. 

La estructura del campeonato expone una brecha cada vez más grande entre instituciones consolidadas y otras que apenas logran sostenerse económicamente. En ese contexto, predomina el exilio de talento a edad prematura ante la necesidad monetaria, los sistemas de juego rígidos, la urgencia por ganar y el miedo a perder.

 

Más notas