martes, marzo 10, 2026

La deportista ucraniana que venció las secuelas de Chernóbil

Por Mariano Centeno

Cuando Oksana Masters nació, habían pasado tan sólo tres años de la tragedia de Chernóbil, el peor accidente nuclear registrado en la historia, ocurrido en 1986. Producto de una lluvia radioactiva que influyó en los habitantes más cercanos, miles fueron desplazados y otros, durante un largo lapso, convivieron con enfermedades, el miedo y la incertidumbre. Y bajo el techo de la casa de la familia de Oksana -porque aún no llevaba el apellido Masters-, nada pasó desapercibido. Su hogar no logró resistir las fugas y como consecuencia sufrió graves malformaciones congénitas: nació con un sólo riñón, sin tibias, la ausencia de pulgares, la presencia de una pierna más corta que la otra y en cada una de ellas con seis dedos en los pies. Esas fueron las primeras batallas que afrontó, pero que, con el pasó de los años, iban a desencadenar en marcas más grandes.

La situación económica tampoco aportó su grano de arena y sus padres biológicos optaron por dejarla en un orfanato para que Oksana tenga un rumbo diferente. En aquel hogar de huérfanos, ya no sólo los efectos de la tragedia azotaban su cuerpo, sino que también iba a ser víctima de abusos físicos y de la escasez de alimento en el lugar. Así vivió en una residencia donde la presencia del frío cortante era normal, hasta cumplir los siete años, cuando despertó la mirada de una terapeuta de Kentucky, Estados Unidos, llamada Gay Masters quien decidió adoptarla. Desde aquel entonces, Oksana había logrado dejar atrás su pasado para comenzar una nueva vida en Norteamérica. Pero aun así tuvo que afrontar más peleas. Primero la amputación de ambas piernas a los 9 años, luego las múltiples operaciones en las manos.

De todas formas, llegó a tener un vínculo con el deporte, una pasión que movió su vida. El primero fue el remo. Con él consiguió clasificar a los Juegos Paralímpicos de Londres 2012 donde obtuvo la medalla de bronce. Fueron años lúcidos hasta que las lesiones en la espalda emergieron y la llevaron a cambiar de rama. Esta vez al esquí y al biatlón. Desde entonces su palmarés creció sin parar. Formó parte de la delegación estadounidense en Río de Janeiro en 2016,  PyeongChang 2018, Tokio 2020, Pekín 2022, París 2024 y Milán Cortina en 2026. Logro tras logro, obtuvo un total de 20 medallas (15 en citas invernales), convirtiéndose en la atleta paralímpica de invierno más laureada de Estados Unidos.

El pasado sábado 7 de marzo revalidó su título como leyenda paralímpica cuando consiguió la medalla número 20 en los Juegos de Milán Cortina. No se trató de constancia, sino del contexto. Los últimos meses de 2025 fueron complicados. Rodeado de desafíos médicos y nuevas cicatrices en su vida. Donde su calendario personal se vio afectado por cirugías, infecciones, pero sobre todo sufrió una conmoción cerebral. Igualmente, fue en busca de la gloria.  Y en la prueba de Biatlón (deporte que consiste en una carrera de esquí de fondo en la que también hay pruebas de tiro) se impuso con un tiempo de 21 minutos y 21,3 segundos por sobre su compatriota Kendall Gretsch y la alemana Anja Wicket.

“Estoy en shock. No me esperaba esto. Solo esperaba pasarlo bien. Para ser sincera, no esperaba subir al podio, y mucho menos ganar el oro”, revela la parabiatleta asombrada, y continúa afirmando que el premio no es sólo de ella, sino que también es para el resto de atletas paralímpicos que fueron ignorados y a quienes les dijeron que nunca podrán alcanzar grandes logros.

Los Juegos Invernales aún no terminaron y Oksana Masters con 36 años tiene la oportunidad de seguir sumando medallas, de enriquecer su carrera deportiva con la bandera de Estados Unidos sobre sus hombros, pero además de seguir expandiendo su legado por él mundo: una referente que peleó ante las adversidades de la vida, un símbolo de superación que persiguió la gloría tras ser víctima de la mayor catástrofe nuclear del mundo.

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