jueves, febrero 22, 2024

Román, el sueño argentino pintado de azul y rojo

Por Micaela Arana

En los pasillos donde solía juntarse a tomar mates con sus compañeros y de vez en cuando a jugar al metegol, Lucas camina ahora, lento y frenando en cada puerta a saludar a algún conocido, mientras comenta que extraña ese lugar más de lo que alguna vez imaginó. “Es difícil de poner en palabras”, suelta una vez que se ubica en una de las mesas del buffet del club que lo vio crecer, esas que están más alejadas del resto de la gente. Se ceba un mate y, cuando apenas comienza a hablar, es interrumpido: “¡Pocho! ¿Me puedo sacar una foto con vos?”, grita un chico desde lo lejos.

Lucas Román dejó hace seis meses Ferro, el club donde se formó, para incorporarse a La Masía, la escuela de fútbol a la que fue Lionel Messi. Y hoy, ubicado en una de esas mesas en donde un año atrás se sentaba a comer y a jugar al truco, relata una historia en la que explica cómo se trabaja en el semillero del Barcelona.

Técnica y talento. La receta es así de simple. La posesión de la pelota, asociarse y combinar, defender atacando y atacar defendiendo y buscar siempre el área rival. La escuela azulgrana es como un laboratorio de fútbol donde los jugadores se van haciendo uno por uno, de manera artesanal y forjados tras miles de horas de dedicación personal. Forman futbolistas, pero sobre todo personas. Buscan el talento sin importar las condiciones físicas. “No sé cómo explicarlo, es distinto que acá. El ritmo con el que se juega es diferente, es mucho más rápido. La pelota va más rápido”, dice Lucas Román, mientras le firma la camiseta al segundo chico que se acerca a saludarlo.

Pocho Román, de 19 años, es hoy el único argentino que forma parte de La Masía. Meses atrás le tocó compartir equipo con su compatriota Román Vega, quien tras la finalización del préstamo en el equipo catalán retornó a Argentinos Juniors. Fueron 13 los jugadores argentinos que a lo largo de la historia pasaron por las inferiores del club, teniendo en cuenta que es el segundo país, detrás de Brasil, que más jóvenes exportó a las inferiores del Barcelona y siendo Messi el principal y culpable de que los ojeadores se fijen en Argentina. Tras la llegada de Lionel en el 2001, cada argentino que llegaba a La Masía era catalogado como “la próxima promesa del fútbol argentino”.

 Santiago Ramos Mingo, Román Vega, Sergio Araujo, Maximiliano Rolón, Lucas Román, Ángel Hoyos y Luciano Becchio fueron los futbolistas que jugaron en el segundo equipo del Barcelona post Messi. Ninguno de ellos, hasta ahora, llegó a jugar un partido en la Primera del Barcelona de manera oficial. “No es fácil triunfar en el Barcelona”, reconoció Xavi Hernández en una entrevista con Sport. Las estadísticas marcan que sólo uno de cada diez chicos que pasan por La Masía logran debutar en la Primera del Barcelona, mientras que, de los nueve restantes, la mitad alcanza a jugar profesionalmente. Hay una salida de la que nadie quiere oír hablar cuando está en La Masía, pero que los formadores se empeñan en reiterar, según cuenta Román. Un requisito fundamental en la formación de los jugadores es alejarlos cuanto más puedan de los conceptos como “éxito”, “triunfo” o “fama”. Los entrenadores pretenden disminuir las ilusiones de los chicos y evitar que solo se focalicen en el éxito y la popularidad como única meta, y prepararlos, de alguna forma, para un futuro quizás alejado del césped del Camp Nou.

Estudios, análisis, seguimientos intensos, miles de jugadores entrenando diariamente para llegar a Primera, pero también, muchas veces, una gota de azar es lo que permite triunfar. Messi llegó en el 2000 al club a través de un contrato firmado en una servilleta de papel. Fue una especie de “contrato” firmado por Carles Rexach, quien por ese entonces era secretario técnico del Barça, que se comprometía a fichar a Lionel, a pesar de que eso incumpliera las normativas del club. Meses más tarde, en enero de 2001, un grupo de entrenadores de inferiores lo recibió, reconocieron su talento técnico, pero lo rechazaron. “Es muy chiquito”, dijeron. Dos meses después, el club fichó formalmente a Messi y comenzó a entrenar con el Infantil A de Rodolfo Borrell. “Que de tu cantera salga el mejor jugador del mundo es un número de la lotería que te toca una vez en la vida. Generalmente, los grandes equipos fichan a ese tipo de jugadores, pero no los generan”, dijo una vez el ex jugador y director deportivo español Andoni Zubizarreta.

La estabilidad emocional del jugador, la proximidad de sus parientes y el cuidado hacen, casi siempre, que se desarrolle mejor. Cuando Messi llegó al Barcelona lo hizo acompañado de su familia y siempre la tuvo muy cerca. “Mis viejos viajan seguido a visitarme. A veces también vienen mis abuelos y primos”, ratifica Román.

La captación de los jugadores es la etapa clave para el éxito a futuro. Siempre que haya una idea de dónde buscar, cómo y con qué características, el proceso se vuelve más sencillo. El objetivo del Barcelona es detectar a todos los jugadores que tengan las cualidades que identifican al club: calidad técnica sin tener en cuenta el físico, inteligencia táctica, velocidad de desplazamiento y de ideas. De esta forma, jugadores que otros clubes rechazan por su físico pasan a formar parte del proceso de captación azulgrana. Así es el prototipo de jugador que el Barcelona busca. Y eso es lo que, de alguna manera, lo vuelve diferente al resto: tener en claro el perfil del jugador que necesitan para la forma de jugar que tiene el club.

Pero, ¿dónde buscan a este tipo de jugadores? A lo largo de los años hubo Masías en distintos puntos de todo el mundo: Dubai, Egipto, Kuwait, Varsovia, Nueva Delhi, Fukuoka, Santo Domingo, Lima y Buenos Aires. En la localidad de San Justo existe un lugar que hoy pertenece al Club Deportivo Riestra. Bastante descuidado, con sus paredes llenas de grafitis a medio pintar, el predio que ocupa seis manzanas dentro del barrio de Villa Luzuriaga supo ser alguna vez el lugar donde se desarrolló el “Proyecto Barcelona Luján”, un plan del club catalán para llevar adelante una especie de La Masía en pleno corazón de La Matanza. El predio se llamó “La Candela”, y perteneció a Boca desde 1961, cuando el histórico presidente Alberto J. Armando compró seis hectáreas por 13 millones de pesos. Hoy es utilizado para eventos deportivos y otras veces se alquila para que algunos clubes realicen sus pretemporadas.

Pablo Forte, director del Proyecto Barcelona Luján, el cual estuvo vigente hasta el 2011, fue el encargado de buscar y seleccionar a los jugadores más talentosos. “La clave estaba en detectar la forma de golpear la pelota que tenían los jugadores que observábamos. La técnica natural indica su nivel. Evaluamos su capacidad para resolver situaciones complejas. Si buscaba entregar la pelota en la segunda opción de pase que tenía, o si lo hacía siempre en la primera. La actitud ganadora, emprendedora. Y el biotipo físico, aunque la altura no es determinante en la elección, porque a jugadores de igual tamaño, gana el más talentoso, el más habilidoso”, explicó. Joan Laporta, actual presidente de la entidad catalana, se erigió como una figura destacada en este proyecto. En 2007 recibió a Forte en Barcelona y le ofreció respaldo, con la promesa de que cada temporada, los cinco argentinos más destacados tendrían la oportunidad de probarse en las instalaciones de La Masía. “Viajaba un jugador de cada categoría a Cataluña. Pasaban una semana allí. Te sentías un privilegiado, y ni te digo si te tocaba viajar afuera”, cuenta Nahuel Barboza, actual futbolista de Gimnasia y Esgrima de Mendoza con paso por la filial argentina del Barcelona.

“La creación de Barcelona Juniors Luján en el 2007, club del que fui socio fundador, dejó muchas cosas. Un estilo de trabajo, una forma de preparación y una marca importante. Tanto, que muchos de los jugadores que captamos hoy aspiran a llegar a la Primera de varios de los clubes más importantes del fútbol argentino, como Boca, Vélez, River, Racing, Lanús o Arsenal”, añade Forte. La filial del Barcelona en Argentina tuvo un campeón del mundo, Nahuel Molina, y al mediocampista de Boca Ezequiel “Equi” Fernández, entre otros.

Son las seis de la tarde del 26 de junio de 2023, el sol ya dejó de iluminar la ciudad de Buenos Aires, y en el corazón del barrio de Caballito un grupo de chicos que no superan los diez años llegan preparados para su entrenamiento semanal en el club verdolaga. El que parece ser el más chico de todos se acerca, medio emocionado, con una camiseta del Barcelona. Lleva el 18, con el apellido “Román” en la espalda. “Nunca me imaginé estar donde estoy. De chiquito miraba a Messi y pensaba que yo también quería algún día jugar ahí. Hoy vuelvo acá y no puedo creer que haya tantos chicos pidiéndome fotos y diciéndome que soy su ídolo. ¿Si sueño con jugar en la Primera? Obvio. Pero disfruto del proceso. Lo que estoy viviendo es un sueño”, dice Lucas, medio emocionado, también.

 

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