jueves, febrero 22, 2024

Mary Terán de Weiss: nuestra campeona oculta

Por Joaquín Arias

En el año 2006 se inauguró en la zona sur de Buenos Aires un gran estadio dedicado exclusivamente al tenis. El recinto, gracias a una movida por parte de algunos legisladores, obtuvo el nombre de Mary Terán de Weiss. Allí han jugado leyendas de la talla de Roger Federer, Rafael Nadal y Gabriela Sabatini, y fue el campo de batalla de Argentina en la Copa Davis. Sin embargo, gracias a la omisión de diversos periodistas, políticos y hasta de las entradas oficiales, al día de hoy es conocido simplemente como “Parque Roca”. Ese pasaje de la luz a la oscuridad fue lo que marcó la vida de la primera gran tenista argentina. 

María Luisa Beatriz Terán nació en Rosario, un 29 de enero de 2018. A diferencia de los grandes referentes tenísticos que irían surgiendo en aquella época, sus orígenes fueron más bien humildes. Era hija del bufetero del Rowing Club, y allí fue donde comenzó a hacer deporte, demostrando tener una habilidad excepcional. “Mi padre y ella solían estar en el club todo el día y hacer todo tipo de actividades, pero fue en el tenis donde mi tía destacó. En ese momento jugaban para conseguir alguna golosina o un vaso de gaseosa”, sostiene Alfredo Terán, su sobrino. Esas actividades incluían carreras de velocidad, remo y natación, donde Mary con solo 15 años logró cruzar el Río Paraná en una competencia varonil. El tenis empezó a ser una parte de su rutina cuando un entrenador sueco de apellido Sanders la descubrió y se la llevó al Club Atlético Rosario para pulir su técnica. Ya para fines de la década del 30 se posicionó como una de las mayores promesas del “deporte blanco” a nivel nacional.

Era descrita como una jugadora que sorteaba su delgadez y su baja estatura con una enorme movilidad y resistencia para afrontar partidos largos, “una gacela en la cancha”. Liliana Morelli, escritora del libro Mujeres Deportistas, uno de los primeros trabajos en donde la historia de Mary es contada, destaca el rol de su figura en la construcción de su mito: “No solo contrastaba con el resto por su apariencia física, sino que también por su elegancia a la hora de vestirse. Fue la impulsora de los modelos femeninos en el tenis, con las faldas y las blusas escotadas. Toda ropa deportiva exclusiva para ella. También usaba accesorios como relojes y pulseras, lo que puede ser común ahora pero que en su momento impactaba. Si a todo eso le sumamos su encanto natural no dejaba indiferente a nadie”. 

En 1940, viajando en tren a Córdoba, conoce al que sería el amor de su vida, Heraldo Weiss, el capitán argentino de la Copa Davis. Tres años después se casaron y formaron la pareja perfecta del circuito. “Juntos viajaron por todo el mundo, y siempre llamaban la atención por sus atuendos y su simpatía. Eran celebridades del estrato más alto, aparecían en la tapa de El Gráfico y se sacaban fotos con la Reina Isabel de Inglaterra”, afirma Morelli y agrega: “A Mary la vivían halagando por su belleza y Heraldo se lo tomaba con humor. Incluso en India un maharajá quiso comprarla y él le preguntó cuánto pedía”. 

La cuarta década del siglo fue la que impulsó su carrera. Ocupó el primer lugar a nivel nacional en 1941, 1944, 1946, 1947 y 1948. En este último año pegó el salto internacional, ya que alcanzó los cuartos de final de Roland Garros y ganó el Plate de Wimbledon, un certamen en el que jugaban las jugadoras que perdieron durante el torneo. Con estos éxitos se posicionó entre las veinte mejores del mundo. Ya para 1950 comenzó a acumular diversos títulos en el exterior, en el Reino Unido, España, Alemania y hasta Pakistán. “Era apoyada por la Asociación Argentina de Tenis y marcas como Dunlop para realizar esos viajes, siendo prácticamente la única con tal beneficio”, sentencia Morelli. En 1951 llegaría un momento clave: los Juegos Panamericanos de Buenos Aires. Allí se consagró como una de las máximas estrellas, ganando dos medallas de oro y una de bronce. A partir de ese momento la política tomaría un rol clave en su vida. 

En pleno auge del peronismo, las simpatías de su marido con el gobierno justicialista hicieron que pudiera conocer en persona a Juan Domingo Perón. Y gracias a su simpatía con “El General” consiguió el cargo de Jefa de los Campos Deportivos Municipales. Sin embargo, antes hubo un episodio que la marcaría para siempre. Enfermo desde hacía un tiempo, Heraldo Weiss falleció un 30 de agosto de 1952. “Era el principal estandarte para su vida tenística, su compañero más leal. Fue un vínculo tan fuerte que a ella ni siquiera se le ocurrió contemplar otro amor”, asegura Alfredo. Quizás como manera de recordarlo eligió abocarse a su ideología peronista. 

Decidió que su objetivo era popularizar el deporte. “Abrió las escuelas de tenis para chicos que por su condición no podían tener siquiera raquetas. Se las conseguía la Fundación Evita”, cuenta Alfredo y opina: “Hasta ese momento el tenis era un deporte de ricos y llevarlo al nivel del pueblo le costó a mi tía un fuerte rechazo”. Morelli, sin embargo, tiene una mirada diferente: “Es cierto que quiso popularizarlo, pero a partir de esa buena intención se cometieron abusos de poder. El Estado prácticamente quería expropiar los clubes de tenis. Igualmente, ella quedó en el medio de una disputa entre los sectores como la CGT que querían copar los terrenos y los directivos antiperonistas de los clubes que querían mantenerlos como estaban”. Pese a los tironeos constantes, Mary se encargó principalmente de reformar el Lawn Tennis Club, aumentando su capacidad y mejorando su infraestructura. En aquellos instantes su adhesión al “régimen” era tapada por la gran cantidad de logros que obtenía en sus giras. 

Ya para 1954 y con el gobierno tambaleando por la crisis económica, ella y Perón mantenían reuniones personales en el despacho presidencial. Eva Perón había fallecido apenas un mes antes que Heraldo Weiss, y esa soledad que sentían ambos fortaleció su amistad. En el libro “Mary Terán de Weiss”, de Roberto Andersen, el autor relata que en una ocasión, mientras contemplaban las joyas de Evita, Perón le había pedido casamiento a Mary, sin haber mediado una relación romántica. Ella, educadamente, lo rechazó: “Me siento muy honrada señor, pero estimo no ser la indicada. Usted ha perdido una esposa, poseedora de una fibra política, cualidad de la que no estoy dotada. Usted es digno de tener una compañera de esa línea. Yo vuelco mi pasión por la actividad deportiva”. 

Un año más tarde el gobierno fue derrocado por la Revolución Libertadora. Marcela Stieben, periodista que investigó aquellos años, indica: “Ella estaba compitiendo en Alemania cuando se enteró. Saquearon su casa y se llevaron sus bienes mientras no estaba, y con la AAT intervenida mandaron un telegrama pidiendo que no la dejen competir más. Sin más remedio tuvo que mandarle una carta al mismísimo Perón (exiliado en España) para que le facilitaran la ciudadanía y se pueda quedar a vivir allí”, agrega. En su libro Del poder al exilio el ex mandatario se refirió a ella como su “cuarta o quinta amante”. Una vez establecida en Barcelona y representando al país ibérico siguió cosechando éxitos, llegando hasta el top 10 mundial según varios periodistas de la época. Esas conquistas fueron totalmente invisibilizadas por la prensa argentina. 

En 1959, con el gobierno frondizista, volvió al país. “Tuvo que empezar de cero”, recuerda su sobrino: “Se compró un nuevo departamento y empezó a entrenar para volver a competir en el circuito nacional, así cerraba con broche de oro su carrera”. Él sostiene que si bien la AAT no le encontró irregularidades y la dejó competir, fueron los clubes y las jugadoras las que comenzaron una campaña de exclusión contra ella: “Todas las puertas se le cerraban, inclusive la del club donde estuvo por 20 años y fue socia honoraria, Belgrano Athletic. A ellos se les sumaron otros clubes de la élite a la que tanto molestó con su ideología”. Tres años estuvo parada hasta que el histórico presidente de River Plate, Antonio Vespucio Liberti, le ofreció integrar el equipo para el interclubes. Su entusiasmo por reaparecer en los courts fue efímero, ya que todas sus rivales decidieron no jugar contra ella y por lo tanto el campeonato quedó anulado. Algunas tenistas quedaron resentidas por su accionar al frente de los clubes tenísticos, pero otras simplemente debían acatar el boicot o serían castigadas. Desde la AAT adujeron “razones morales” para apoyar este comportamiento. 

“Mi situación constituye una inhumana e injusta persecución, alentada por el inconfesable deseo de evitar que vuelva al primer plano en mi deporte favorito”, fue su manera de abrir una carta abierta que se publicó en El Gráfico, pero que no tuvo ningún efecto. Sus rivales seguían sin aparecer en las canchas y se dedicaban a agredirla verbalmente fuera de ellas. Para no perjudicar a River, decidió ponerle fin a su trayectoria tenística. Había disputado 1100 partidos con 832 victorias y 28 títulos internacionales. No obstante, tuvo que alejarse del ojo público durante años. “Estaba cansada de sufrir tantas injusticias. La llamaban por teléfono, la amenazaban, fue una lucha permanente. Eso influyó en lo que le terminó pasando”, rememora su sobrino. 

Los años siguientes los pasó administrando un negocio de deportes y de vez en cuando viajaba a ver partidos de tenis en el exterior. “Ahí la recibían como le correspondía, continuaba codeándose con las leyendas y la gente importante. Después volvía y no le daban un mísero reconocimiento. Ni siquiera con la vuelta del peronismo en el 73. Ella se había distanciado de la ideología y por eso no fue reivindicada por la militancia a diferencia de otros exponentes”, afirma Stieben. 

Mario Baizán, periodista político, pudo conocer a Mary antes de su final: “Ella vivía con su madre y con todos sus trofeos, pero totalmente aislada del mundo tenístico. Hablaba con nostalgia de lo pasado, de sus grandes éxitos, con la modestia que caracteriza a los grandes. De vez en cuando dejaba lugar a un lógico resentimiento, pero en la mayor parte de las charlas mostraba ese estoicismo de haber estado acostumbrada al olvido despiadado”. Su madre siempre fue su gran compañía y su muerte a los 98 años fue quizás el golpe que le faltaba para tomar su determinación. “Ahí le ganó la depresión después de una larga batalla. Ella prefirió apurar su fin antes que seguir en la sombra”, sentencia Baizán. El 9 de diciembre de 1984, Mary Terán de Weiss, a los 66 años, decidió arrojarse del séptimo piso de un edificio de Mar del Plata. Falleció en el acto. La única persona del mundo del tenis que se acercó a su velorio fue Enrique Morea, su compañero en aquellos históricos Panamericanos del 51 y un ferviente antiperonista que nunca dejó de respetarla. 

“Si a Evita no la perdonaban por ser mujer, conmigo no iban a ser menos. Yo además de peronista era una mujer que había logrado destacarse mundialmente en un deporte que era exclusividad masculina, esas cosas en este país no se perdonan”, decía la propia Mary en aquellos años de marginación. En las últimas décadas muchos comienzan a conocer su historia, gracias a la difusión mediática y al nombre del estadio. Sin embargo, su figura sigue acarreando un boicot silencioso, que quizás le da la razón a sus dichos. Es cuestión de tiempo saber si la sociedad podrá sacarla de su forzoso olvido.

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