jueves, febrero 22, 2024

Cómo son las pensiones en el fútbol argentino: la escolaridad más allá de lo que pase en la cancha

Por Dafne Villalba

El instinto de todo chico es jugar. Aprovechar cada momento para tener esos ratos de distensión; y en un país como Argentina, donde está muy arraigada la cultura deportiva, no es extraño que un gran número de chicos visiten los clubes desde muy pequeños. Según un relevamiento del Observatorio Social del Deporte, el 80% de los chicos entre 6 y 17 años realizan alguna actividad física. Pero hay algunos que van más allá, que buscan convertir el deporte en una profesión de la cual poder vivir. Hay chicos que deciden viajar kilómetros lejos de su familia y amigos para cumplir un sueño, que en el país más futbolero del planeta es difícil de lograr. Acá es donde entran las pensiones.

“El club exige que los chicos tienen que culminar sus estudios y el chico que no rinde en la escuela no juega”, declara Laura Lamas, miembro de la comunidad educativa del colegio de Racing, institución que además de contar con una pensión para inferiores y juveniles, también cuenta con un colegio primario y secundario donde los futbolistas llevan a cabo su educación (otros clubes como Vélez y River también comparten esta modalidad). En la teoría todo suena espectacular, pero Lamas muestra también la otra parte de la situación: “Después en la práctica sabemos que si el chico se destaca en el fútbol por más que no le vaya bien en el colegio juega igual porque tienen que ganar. Es un poco gris”.

Así como cada persona es un mundo, cada ciudad también, y al llegar de lugares tan diversos es difícil aplicar una vara única para todos: “Por lo general el tema de la evaluación en los colegios deportivos en su mayoría vienen muy atrasados. Por ejemplo, en idiomas a la profesora le cuesta muchísimo porque quizás a algunos chicos les figuraba que tenían el idioma inglés y nunca lo cursaron en sus colegios”. Ante esta situación, la institución debe tomar partido en el plan a seguir, aunque este no sea siempre el escenario ideal: “El tema de la evaluación tratamos de que sea áulico y mediante trabajos prácticos, en las pruebas que he tomado he tenido que reducir contenidos porque sabía que en su mayoría iban a fracasar”.

La ventaja de que el colegio pertenezca al club es que permite que los profesores conozcan a los chicos de pensión y puedan identificarlos del resto del grupo, Laura Lamas da su visión: “Obviamente un colegio deportivo no es lo mismo que un colegio del estado privado, en un colegio deportivo los chicos ya tienen un objetivo claro que es tratar de ser jugadores de fútbol, y el colegio viene a ayudar y a ser un aporte a toda su formación académica”. Además aclara que todos los chicos son iguales dentro del aula. Aunque a aquellos que viven en la pensión se les toma en consideración si deben faltar por partidos o entrenamientos, se les toma un recuperatorio o se les cambia la fecha de algún trabajo.

“Al principio de la cursada costaba bastante mantenerlos enfocados en el curso porque ellos venían del entrenamiento, comían y venían para el colegio. Hasta que logran tomar ritmo se hacía bastante complicado”, con su declaración, Laura Lamas deja en claro que las instituciones no están preparadas para estos chicos que quedan fuera del sistema clásico, y enfoca su testimonio en la necesidad de un cambio.

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