martes, febrero 27, 2024

Joaquín Berthold: de León a villano Disney

Por Dafne Villalba

En los partidos de hockey entre clubes no suele haber relato ni comentario, al menos en la Argentina. De haber habido un relator, ese típico domingo de hockey hubiese dicho algo así: 

“Salida a favor de SAG. La va a hacer… ¿EL ARQUERO? ¿Qué va a hacer Berthold? El arquero con todo el equipo puesto levanta la bocha y la patea por el aire. Va a parar directamente a la otra punta de la cancha. Berthold la baja y de un toque manda un centro directo al área contraria. El arquero de Quilmes sale a achicar pero en ese momento Berthold se le adelanta, recibe la bocha y con un paso se saca de encima al arquero y la clava directamente en la red. Gooool. Gooool de SAG. Gooool del equipo de Polvorines. Otra vez Joaquín Berthold sorprende con ese recurso realmente increíble. Su marca registrada”.

¿Un poco confuso, no? ¿Acaso Berthold se teletransporta y desde su puesto de arquero termina metiendo un gol? Aunque sería una anécdota realmente increíble, la respuesta es mucho más simple: “Tengo goles de asistencia directa a mi hermano. Tengo uno que es una patada a Guille que cruzó toda la cancha diagonal, la pelota picó y tiró el centro y mi otro hermano Mártin se tiró a desviar. La toqué yo una vez, mi hermano Guille una vez, mi hermano Martín una vez y fue gol. Y mi papá filmando y llorando. Tenemos un gol Berthold en Primera con un toque cada uno”. Fundadores de la Sociedad Alemana de Gimnasia, los Berthold son una familia que se desvive por el club. Los tres hermanos hasta llegaron a jugar algún partido en Primera con su padre, que hoy -y con 78 años- continúa jugando mundiales +70. 

Joaquín llevá en su muñeca izquierda el escudo del club que lo convirtió en la persona que es hoy. Un tatuaje desgastado por el paso de los años pero cuyo significado permanece impoluto. Con 43 años, tiene una meta que cumplir antes de poder dar un paso al costado en el mundo del deporte: “Lo voy a tener que esperar a mi hijo. En un trabajo que él hizo cuando terminó séptimo grado puso que su sueño era jugar con su papá en la Primera del club. Si uno tiene en las manos la posibilidad de cumplir el sueño de su hijo lo tiene que hacer”.  

Desde los 12 años, Joaquín Berthold formó parte de manera intermitente en el seleccionado argentino. A sus 17 años ya había sido convocado al seleccionado mayor y con 21 años fue subcampeón del mundo pero decidió con sus idas y vueltas priorizar su pasión por las artes escénicas y la actuación. Por su contrato con Disney para grabar lo que sería la serie más vista globalmente, Violetta, Joaquín tuvo que renunciar a participar en el Mundial un mes antes del inicio: “Los acompañé de otro lado. Siento que cada decisión que tomé la tomé consciente. Junto con la TV Pública comenté el juego de Las Leonas y Los Leones, y era muy loco porque hace tres meses eran mis compañeros. Así que les hacía notas y me largaba a llorar con ellos”.

A la sociedad en general le incomoda el hecho de no poder encasillar a alguien en un lugar fijo. ¿Cómo vas a ser actor y jugar tan bien un deporte al mismo tiempo? Y es esa convergencia de identidades que se suponen diferentes son lo que a su vez lo convierten en una persona tan completa: “Yo vengo de otro palo totalmente, vengo soy actor y deportista. A veces digo me pongo los pads y soy deportista, me saco los pads y soy actor”. Luciano Cáceres, actor con quien comparte una compañía de teatro, halaga en él la facilidad de formar grupo y unir a las personas, sobre todo en un ambiente como el actoral dónde la presión y el ego muchas veces genera divisiones. “Mi profesión que se basa en la observación y en el trabajo con el otro y en la emocionalidad y en la fragilidad y trabajar con todos nuestros estados emocionales.Cuando yo armo grupos tanto en el club o en España o con los leones o con lo que sea, siempre estuve en un lugar donde estoy atento a la emocionalidad de planteles de 20 de 30 o de 40 personas y que no todos piensan igual y no todos vienen del mismo lugar”, dice Joaquín sobre el tema y además le atribuye un peso importante a Piscis, que es tanto su signo solar como su luna, y suele estar ligado a esta emocionalidad a la que se refiere.

Su trabajo lo lleva a viajar por todo el globo: filmar una serie en Austria y después hacer una gira de teatro por Europa. Lo acompañan siempre que pueden su familia: su esposa, Luciana,  y sus hijos Malena y Lautaro,  junto con su perro salchicha Boris. Pasa unos meses jugando en Complutense, su club en España, en el que también todos los miembros de su familia jugaron una temporada.  Pero si hay algo que no negocia jamás es volver a defender el arco de SAG: “Cuando me voy, el arquero al que le tocó atajar me dice Bueno te lo cuido un ratito hasta que vuelvas. Pero sabes un poco de antemano de que ese es mi lugar, siento que un poco es mi lugar en el mundo. Algún día va a dejar de serlo pero hoy vuelvo y es como volver a mi casa”.

Rubio, carilindo y de ojos claros: la combinación perfecta para interpretar galanes de novela. Su pasión por el arte y el deporte parecen hechas la una para la otra. “Me salvé mucho siendo arquero porque por mi carrera creo que siendo jugador me hubiese lastimado mucho porque no le tengo miedo a la bocha, me tiro de cabeza a desviar”. El portero en el hockey está protegido de pies a cabeza y Joaquín ejerce una profesión en la cual su cuerpo es su instrumento. En caballeros, por la fuerza que tienen, una bocha puede llegar a adquirir una velocidad de 120km/h, y digamos que un personaje caracterizado por su belleza, como algunos de los que interpretó, no puede llegar con el rostro o el cuerpo todo magullado si no es por la trama.

“Cuando yo elijo hacer las obras no me pongo los domingos, pero cuando son contratos tengo que cumplirlos y muchas veces me he ido o después del partido corriendo y apurando a toda la tira para que arranque puntual o muchas veces me he ido a mitad del partido y me quería morir porque mientras estoy manejando como loco para llegar a la función me van relatando el partido. Cuando llego a la función ni me bañé, así que imaginate que mis compañeras que me tocaba chapar me odiaban”, cuenta.

Es difícil cuando uno tiene pasiones que tiran con la misma intensidad. Hay momentos que se prioriza una u otra pero lo que tiene de sorprendente el caso de Joaquín Berthold es la entrega que le pone a lo que se propone y es así como logró ser deportista de élite y hasta jugar con el seleccionado nacional, al que sólo llegan unos pocos, y a su vez ser un actor reconocido a nivel mundial, tanto en cine como en teatro y con una trayectoria que no para de crecer. De León a villano Disney, Berthold demuestra que nunca hay que encasillarse y que siempre lo más importante es seguir el camino de aquello que te apasiona.

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