martes, abril 16, 2024

Pancho Varallo, el caso que inauguró el mercado de pases argentino

Por María Eva Pietrantuono

El mercado de pases despierta más y más pasión con el paso de las temporadas, con hinchadas que quedan más y menos conformes; con las que terminan agradecidas como las que no. La devoción a los distintos ídolos o queridos de un club puede estar atada a la “lealtad” que éste profese. Casos como el de Mauro Zárate y el enojo de los fortineros por dejar Vélez, o mismo la angustia que en su momento expresaron muchos culés luego de que Lionel Messi anunciara su salida del Barça. Pero esta dinámica no es algo novedoso y de hecho data de varios años atrás. Uno de los primeros en el fútbol argentino fue el de Francisco Varallo.

Este delantero, conocido como “Pancho”, vivió un siglo completo. Y cien años son más que suficientes para tener algo qué contar. Aunque el oriundo de La Plata logró superar esa expectativa: a los 20 enfrentó a Uruguay en la Final del primer Mundial de Fútbol de 1930 –la cual recordaba siempre indignado – y conoció una derrota no perecedera; además, supo ser el máximo goleador de Boca por décadas con 181 tantos, solo desplazado por un tal Martín Palermo. Sin embargo, una de las historias tal vez menos contadas, aunque no menos digna de replicar, es la de su ida de Gimnasia y Esgrima de La Plata –tras la conquista del que sería el único título del Lobo– y el desamor sufrido por la hinchada, para luego llegar al siempre todopoderoso Xeneize. 

Varallo nació el 5 de febrero de 1910 en la localidad platense de Los Hornos. Sus inicios futbolísticos fueron en el club barrial 12 De Octubre, pero no tardó en llegar al Bosque: solo necesitó un partido en la tercera división, en el que convirtió los nueve – sí, casi diez– goles del encuentro, para ganarse con 18 años un lugar en la primera categoría de Gimnasia. Y fue en ese 1928 que su historia de amor Tripera comenzó, una relación ida y vuelta. 


Al regreso del Mundial del 30, el goleador mudó sus tantos a La Boca. La contratación fue uno de los hitos del incipiente profesionalismo, el cual se había decretado ese mismo año como respuesta del gobierno dictatorial de José Félix Uriburu ante las huelgas de los futbolistas.

 

El club de La Plata fue la vidriera perfecta para darse a conocer ante el mundo del fútbol: con 29 goles en 64 partidos jugados, logró ser parte del equipo que conquistó en 1929 el excepcional campeonato del Lobo, luego de superar a Boca por 2-1 en una final que se jugó en en el viejo estadio de River. Pero había un detalle: el deporte aún era amateur, y se hablaba de un “amateurismo marrón” porque los jugadores recibían compensaciones no blanqueadas. 

En ese interín llegó el Mundial del 30 y Pancho fue; se suponía que continuaría en su club a la vuelta del torneo pero, para mala suerte de los Triperos, el goleador mudó sus tantos a La Boca. La contratación fue uno de los hitos del incipiente profesionalismo, el cual se había decretado ese mismo año como respuesta del gobierno dictatorial de José Félix Uriburu ante las huelgas de los futbolistas, quienes reclamaban por el la libertad de pase que no tenían por la entonces vigente Ley Candado: el club debía autorizar cualquier cambio. 

La noticia del pase de Varallo al Xeneize no fue bien recibida por la hinchada del Bosque, menos aún cuando el artillero convirtió cuatro goles en el 5-0 de Boca a Gimnasia en el primer torneo oficial de 1931, el cual tuvo como campeón al equipo de La Ribera.

El descontento no desapareció en el tiempo cercano: “El día que Gimnasia se paró en la cancha y se dejó ganar en 1933 contra San Lorenzo me la vi mal. Yo no venía nunca los domingos a La Plata y ese día le pegaron a Viola un pelotazo y lo acompañé. ¿Para qué?… En el tren me vieron los hinchas de Gimnasia. Y cuando me bajé del andén me agarraron a trompadas y a patadas. Ellos no entendían lo que yo sentía por Gimnasia, era todo lo contrario”, contó Varallo en una entrevista con el periodista deportivo Alejandro Fabbri para TyC Sports.

Porque si bien el jugador había aceptado aquella oferta de Boca por 8.000 pesos al principio de los 30, a lo que se sumaban 800 mensuales, el Cañoncito aseguró que no deseaba abandonar su club: “Yo ganaba 10 pesos por domingo en Gimnasia, así y todo les dije a mi padre y a mis tíos que no me iba ir”. Además, en reiterados reportajes contó que el Lobo lo había “salvado del Servicio Militar”, que desde 1901 al 1995 tuvo carácter obligatorio en Argentina. 

El Gráfico 30/01/1996.

Sin embargo, es difícil encontrar una herida que el tiempo no sane. A lo largo de su vida y hasta su fallecimiento el 30 de agosto de 2010, Varallo no perdió oportunidad para expresar su cariño por el club que lo vio nacer. Y, pasado el furor sentido a causa de su decisión por el cambio de curso en su carrera, la misma gente Tripera respondió con gratitud y reconocimiento. “Se fue una parte grande de la historia de Gimnasia, un ídolo y artífice del título del 29”, fueron algunas de las palabras que emitió la Institución ante la partida de Pancho, día que tanto en el club de la Boca como en el Bosque fue declarado duelo. 

La pasión está al mando en el fútbol argentino y el mercado de pases no parece ser la excepción. Solo el tiempo va a revelar las sorpresas que tiene preparadas cada temporada, así como alivianar el despecho o la alegría que la novedad de turno pueda causar. 

Solo queda esperar. 

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