lunes, junio 24, 2024

Los Juegos del Che, fotógrafo en los Panamericanos

Por Maria Victoria Schirmer

Ícono de la lucha socialista revolucionaria en América Latina, la mano derecha de Fidel Castro o personaje central en la revolución cubana, son algunas de las atribuciones por las cuales es conocido el nombre del “Che Guevara”. Hijo, hermano, jugador de rugby, estudiante, fundador de la revista Tackle (ter­ce­ra pu­bli­ca­ción rugbistica en la his­to­ria ar­gen­ti­na), viajero inquieto, médico, marido y padre son las menciones que aluden en resumidas palabras, y a falta de muchas más, lo que fue el Che, antes de ser el Che.

Es conocida la afición que Guevara tenía por la fotografía, la usaba como retrato para documentar y denunciar injusticias sociales. “Lo visual es un modo de conocimiento, de aprehender lo vivido. La cámara le permite guardar experiencias personales, lo que le sorprende, lo que quería resaltar o conservar”, aseguró Cora Gamarnik, historiadora de fotoperiodismo que se encuentra realizando una investigación sobre la faceta del Che como fotógrafo.


“Mi trabajo durante los Panamericanos fue algo agotador en todo el sentido de la palabra. Mi promedio de horas de sueño no pasó de cuatro durante los Juegos, debido a que yo era también quien revelaba y copiaba las fotografías”, contó el Che en una carta a una compañera de la universidad.

Sus inicios con la cámara se pueden encontrar en el libro “Historias de Fotógrafos” de Marcos Zimmermann, y se remontan a 1954, cuando Ernesto -porque hasta ese momento era solo Ernesto, un joven de 26 años- llega a México junto con la que sería su primera esposa, Hilda Gadea, en un intento de huir del golpe de Castillo Armas contra el gobierno de Jacobo Arbenz en Guatemala. Para ese entonces, se hallaban sin dinero por lo que Ernesto y un amigo, Roberto Cáceres, utilizaron la fotografía, o más específicamente, una cámara retina de 35 mm prestada, como forma de ganarse la vida. Trabajando de reporteros callejeros todas las tardes recorrían los parques de la Ciudad de México en busca de historias que contar a través de imágenes. Una de esas tantas tardes, viajando en tren con la idea de llegar a Zócalo (formalmente conocida como Plaza de la Constitución), Guevara se cruzó con el médico y periodista argentino Alfonso Pérez Vizcaíno, quien dirigía la Agencia Latina de Noticias, creada en 1945 por Juan Domingo Perón como forma de competir contra las grandes agencias informativas de Estados Unidos. En su diario, el Che hace mención de este encuentro: “Conocí al jefe de la Agencia Latina, que es médico, simpatizó conmigo y me nombró corresponsal provisorio”.

El atleta argentino Juan Carlos Miranda ganó los 1.500 metros. Foto: Ernesto Guevara.

Así conseguiría el contrato de reportero gráfico para trabajar durante los segundos Juegos Panamericanos de la historia –los primeros fueron en 1951 en Buenos Aires- que se llevaron a cabo en México del 12 al 26 de marzo de 1955, y en el que participaron 22 naciones y casi 3.000 atletas; Argentina quedó segunda en el medallero con 27 oros y 73 medallas en total, destacando la actuación del equipo de básquet, que se transformó en el primer equipo en vencer a Estados Unidos (lo hizo 54 a 53) en una competencia de ese tipo.

Durante el desarrollo del certamen, Guevara cubrió todos los eventos, y se desempeñó no sólo como reportero gráfico, sino también como compilador de noticias, redactor, fotógrafo, laborista y cicerone de los periodistas que provenían de los distintos países de América del Sur. “Mi trabajo durante los Panamericanos fue algo agotador en todo el sentido de la palabra. Mi promedio de horas de sueño no pasó de cuatro durante los Juegos, debido a que yo era también quien revelaba y copiaba las fotografías”, contó el Che en una carta que escribió a Tita Infante, una amiga y compañera suya de los tiempos en que estudiaban medicina en la Universidad de Buenos Aires. También realizó numerosas entrevistas, una de ellas– que se puede encontrar en el libro “Rey de los caminos, Ernesto Guevara antes de ser el Che” del periodista Horacio López Das Eiras– a la tenista cordobesa Viola Livetti, que fue eliminada en cuartos de final de ese campeonato, que integró el equipo nacional del que formaban parte Enrique Morea y Mary Terán de Weiss, y que llegó a ser número uno del tenis femenino argentino en 1961: “¿Quién puede ser?, me pregunté sorprendida cuando me dijeron que un periodista argentino deseaba entrevistarme. Yo no era tan famosa como para que vinieran a verme. Cuando salí del vestuario vi que me estaba esperando. Lo recuerdo como si lo viera hoy; tenía un traje gris, una camisa blanca con el cuello asomado a la solapa, una cámara colgada y seguía con su pelo corto y su jopo”. Muchas de las fotografías que el Che sacó durante los Juegos se conservan en el archivo personal de Aleida March, su segunda mujer, en Cuba.

Algunos dicen que el sueldo de Guevara, y que Vizcaíno había prometido con un contrato de un año, era de 700 pesos mexicanos al mes, otros, que era de 500, en algunos portales indican que el acuerdo era por un total de seis mil pesos, y otros, que era de cuatro mil dólares; nunca se sabrá la cantidad exacta de lo que debía serle pagado, pero sí que recibió la compensación por su trabajo.  “La dichosa agencia pagó ya, y el dinero que tengo quisiera invertirlo en un viaje a Europa”, escribió el Che en una carta. El 16 de septiembre de ese año, el gobierno de Perón fue derrocado a través de un golpe militar. La Agencia Latina de Noticias se había disuelto unos meses antes; el 20 de junio, elaboró un documento en el que dejaba constancia acerca de la labor del Che Guevara como redactor, y con el cual se puede constatar su incursión en el mundo del periodismo deportivo. 

 

Ilustración de tapa: Augusto Papasidero

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