martes, febrero 27, 2024

Perico Marante, nacido y consagrado en La Boca

Por Pablo Mena

Corría el año 1948, Boca se preparaba para disputar un nuevo partido cuando una figura entró al campo de juego. Esa figura era el presidente de la Nación, Juan Domingo Perón, quien previo al encuentro se tomó una foto junto a un zaguero corpulento y alto de nombre José Marante. Este jugador, quien había debutado hacía ya más de 10 años fue uno de los jugadores más leales que tuvo el cuadro de La Ribera y solo se separó de Boca durante unos meses en 1940 y en el año de su retiro.

José Manuel Perico Marante nació el 27 de febrero de 1915 en La Boca, para ser más exactos en la avenida Patricios. Hijo de un transportista de chatas y con una infancia sin mayores problemas, entró al club de sus amores, Boca Juniors. Aquí, Marante hizo todas las categorías inferiores hasta que en 1934 debutó en la victoria de Boca ante Huracán por 4-0.

Descrito por su hijo, Norberto Marante, como un hombre de pocas palabras, era también muy respetado por sus rivales, al punto de que cuando realizaban apuestas previas a los superclásicos, el dinero era guardado por Perico hasta que se defina quién salía victorioso. Fue tal la repercusión de Marante con su carácter que en Ferro es considerado un ídolo a pesar de haber jugado tan solo un año.

“En Ferro se hizo jugador”, así es como describió su hijo el pase de Marante a Ferro en 1939. Perico era titular indiscutible de Boca hasta que al negociar su contrato no logró el acuerdo tan solo por un peso y fue dado de préstamo al club de Caballito, donde desplegó un fútbol diferente al que estaban acostumbrados sus seguidores. Pasó del fútbol rústico y hecho solo para ganar, a un fútbol vistoso, con un despliegue distinto para la época. Fue en Ferro que Marante evolucionó como jugador. Este tipo de préstamo no fue como los actuales en los que el jugador vuelve a su equipo de origen. Cuando venció el contrato, Marante regresó a su casa en La Boca y dio por terminada su carrera al no ser llamado por el club de La Ribera. 30 días después, Valussi, el zaguero titular de Boca, se lesionó, y la dirigencia del club xeneize optó por llamar a Perico. Al regresar Valussi de su lesión, Marante iba a ser descartado nuevamente aunque la hinchada lo amaba. Sin embargo nuevamente se lesionó un central de Boca y Marante nunca más salió del equipo titular. 

Debutó en la Selección argentina en 1945, aunque como suplente de José Salomón, histórica figura de Racing. En 1946, en un encuentro ante Brasil, el brasileño Jair Rosa Pinto quebró a Salomón y fue Marante quien lo suplantó. “Nunca más pisó el área”, fue lo que le decían los más veteranos al hijo de Perico, a quien apodaban Marantito de forma cariñosa. Con la Selección nacional fue campeón del campeonato Sudamericano (Copa América) de 1947 en Guayaquil, donde fue capitán y fue parte del único tricampeonato de la historia de la Copa América.

Según su hijo, el apodo Perico tiene dos orígenes posibles. El primero es que tenía un loro y el segundo es que en el Sudamericano de 1947, en la final contra Paraguay, fue alcanzado por una patada en la cara que le quebró la nariz. Nadie se dio cuenta de la quebradura hasta que cuando volvió a su casa, luego de salir campeón, su esposa lo vio y reconoció al instante que algo le había pasado. Su hijo también aclaró que el apodo no fue creado en un ámbito familiar o de amigos, sino que fue la propia hinchada la que empezó a decirle Perico de manera cariñosa.

Tiempo después de su retiro en 1950 en Nacional de Montevideo, tuvo muchos años en los que era considerado una celebridad por las calles de La Boca e incluso cuando caminaba la gente le decía: “Chau Perico” de forma respetuosa, ya que su figura dejó en el hincha un agradecimiento increible. Muchas veces cuando iba a tomar una cerveza los dueños de los bares decidían no cobrarle, algo que a Marante le molestaba mucho, por lo que dejaba de frecuentar esos lugares. El sentía que debía devolverle el cariño al hincha y siempre fue muy atento ante sus fanáticos.

Luego de su carrera como futbolista, Marante comenzó su carrera como director técnico. Dirigió a Barracas Central, Almagro y fue el primer técnico en la historia de Villa Dálmine, que en ese momento era un club del torneo Aficionado (Primera D). En Dálmine fue parte de un equipo histórico. En tan solo un año al mando, consiguió el título de cuarta división con 21 partidos ganados y tan solo uno perdido. También contó con la delantera más goleadora y la mejor defensa con 80 goles a favor y 16 en contra. Luego de eso ganó la tercera división y el ascenso.

En Villa Dálmine fue donde Marante consiguió una suma importante de dinero, debido a que la fábrica de la que derivó el equipo (Dálmine Siderca) pagaba por partido. Es decir, si se ganaba por goleada iban a cobrar mucho más que si ganaban por 1-0. Los trabajadores en esa época también cobraban dos sueldos, el de la fábrica y el del equipo. 

Durante su paso por Almagro, el club era muy pobre y no podía pagarle, por lo que quedó con una deuda muy grande con Marante. Años más tarde, cuando llegó una nueva comisión, intentaron pagarle lo que le debían, algo que Perico rechazó muchas veces. Ante la insistencia, el ex zaguero pidió que la deuda sea repartida entre el plantel de ese momento de Almagro. La comisión no olvidó el gesto y años más tarde, al encontrarse con el hijo de Perico le dijeron: “Tu viejo es un grande, pero como persona”. Y agradecieron el gesto.

Su familia aún lo recuerda como una gran persona y un jugador honorable a pesar de no haberlo visto en su etapa profesional. Su nieto, Hernán Marante, contó que a pesar de haber jugado como el capitán de Boca durante 10 años, tuvo que trabajar de encargado en un garage porque los sueldos en aquella época para los jugadores no eran como en la actualidad y era necesario conseguir un empleo luego del retiro: “Antes era un orgullo jugar en Boca o en River, no se jugaba por la plata, se jugaba por el honor y respeto. Mi abuelo rechazó una oferta para ir a jugar al Milan cuando en esa época era imposible ir a jugar al exterior”.

Su otro nieto, Leandro Marante, también cuenta con orgullo que su abuelo fue jugador del Xeneize y relató cómo una vez entró a un conventillo de La Boca que se estaba incendiando y rescató a una bebé que había sido olvidada por su madre. También tiene un espacio en su casa a modo de museo en el que guarda camisetas, medallas y otras pertenencias.

Los últimos años de Marante estuvieron plagados de problemas de salud. Comenzó a desarrollar una enfermedad, desconocida por sus familiares, que le hacía perder fuerza y lo iba consumiendo. Quien alguna vez fue un potente deportista y un zaguero de categoría necesitaba que lo bañen porque había perdido la masa muscular para moverse con comodidad. Su hijo Norberto cuidó de él hasta el último momento y agradeció la oportunidad de pasar tiempo con su padre, a quien admiraba con locura. José Manuel Perico Marante, leyenda de Boca y del fútbol nacional, falleció un 27 de agosto de 1993 a los 78 años en su domicilio en Sáenz 905, Lomas de Zamora. Este año se cumplirán 30 años desde su deceso y a pesar de que muchas nuevas generaciones no conozcan su nombre, su historia vive grabada a fuego en la memoria de los más veteranos y la gloria está consagrada en el museo del club al que le dedicó gran parte de su vida y su amor, Boca Juniors.

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