Por Felipe Meaños

El 2022 marcó la vuelta a la normalidad para un seleccionado argentino que padeció como ningún otro los años de pandemia. Luego de perder la competencia de élite que representaba la presencia en el Super Rugby y disputar partidos como visitante en condiciones más que adversas, este año, con staff renovado y la noticia de tener seis compromisos como local (tres en junio-julio y tres más en el Rugby Championship), Los Pumas se vieron con la posibilidad de reacomodarse en la escena internacional. El saldo, en números, fue negativo, ya que obtuvo cinco victorias y ocho derrotas en los trece encuentros disputados, pero hay aspectos positivos y negativos en cuanto al juego que se fueron desarrollando a lo largo del año.

El año comenzó con tres partidos frente a Escocia, con victorias 26-18 en Jujuy y 34-31 en Santiago del Estero y una derrota 26-9 en Salta que dejaron una buena imagen en el juego y por la vuelta a la localía en provincias en las que no es tan frecuente ver al seleccionado.

Ya en el Rugby Championship, tanto la serie frente a Australia (26-41 y 48-17) como los dos cruces con Nueva Zelanda (25-18 y 03-53) quedaron igualadas, pero luego del histórico triunfo frente a los de negro (el segundo luego del 25-15 en Australia del 2020 y el primero en territorio neozelandés), dejaron una pequeña chance de pelear por primera vez el torneo, pero las dos derrotas frente a Sudáfrica (36-20 en Avellaneda y 38-21 en Durban) se encargaron de dilapidar esa posibilidad. 

Los últimos tres compromisos del año fueron en Europa, en el marco de la ventana de noviembre, que comenzó con el equipo de Michael Cheika superando a Inglaterra por 30-29 en Twickenham en un domingo que ilusionó pero no pudo ser sostenido en el tiempo, ya que una deslucida caída 20-13 ante Gales y una goleada en contra por 52-29 en el cuarto test del año frente al combinado escocés dejaron más dudas que certezas para analizar este año.

En cuanto al juego, se vio cierto crecimiento en cuanto a lo colectivo en el principio del año, pero una falla recurrente en dos piezas claves atentó contra esto: Cheika sigue sin encontrar regularidad en los dos conductores. Durante todo el año, el australiano apostó por sostener como apertura al cordobés Santiago Carreras, que originalmente es wing y sigue jugando de esa posición en Gloucester (Inglaterra), y como medio scrum al mendocino Gonzalo Bertranou. La falta de roce en el puesto del primero, sumada al año irregular del segundo, que supo tener grandes momentos con Los Pumas hace no tanto tiempo, preocupan de cara al Mundial del año próximo y atentan contra el ritmo de un equipo al que cada vez le cuesta más tener la pelota, debido a otro factor negativo que se vio este año: la indisciplina. Si bien el seleccionado nacional recibió once tarjetas amarillas y una roja en todo el año, menos de una por partido, varias de ellas fueron en momentos clave, como la expulsión a Marcos Kremer en el último compromiso ante Escocia, por un innecesario penal que cometió en un ruck, dejó al equipo con 14 jugadores con una victoria parcial 8-7 promediando el primer tiempo, o las amonestaciones a Bertranou y Carreras en la caída frente a los Springboks como locales, también en la primera mitad.

Por otro lado, también hay puntos altos, varios casos de jugadores que se afianzaron en el XV titular y fueron de lo mejor del año: el caso principal es el de Emiliano Boffelli, que fue el goleador del año, llegó a los 237 puntos en 50 caps con la camiseta argentina y que, además de como wing titular, se estableció como pateador, supliendo la falencia de Carreras en ese caso. Otro que parece haber llegado para quedarse es el mendocino Juan Martín González, el ala de 22 años combina su gran tamaño (1,91 metros de altura y más de 100 kilos de peso) con destrezas de back, velocidad, gran juego aéreo y vehemencia en el contacto, que le valieron ser el nombre que faltaba en una tercera línea que sale de memoria junto con Pablo Matera y Marcos Kremer (el primero integró el “Equipo del Año” de World Rugby como ala)..

Son tan solo cuatro partidos los que separan a Cheika y sus dirigidos del debut mundialista del 9 de septiembre en Marsella, nada más y nada menos que contra Inglaterra, en los que deberá ajustar algunos aspectos para redondear un equipo que, por nombres, pero sobre todo por potencial, llega como candidato, pero que todavía no llegó a su techo.