sábado, junio 22, 2024

Tablas entre el hombre y la mujer

Por Enzo Heras

El ajedrez es uno de los deportes más antiguos de la historia. Sufrió cambios a lo largo del tiempo pero aún así logró mantener su esencia. En el siglo XVII se volvió el predecesor del “chaturanga”, un juego de mesa de guerra muy popular en Oriente Medio, y se renombró “shatranj” en Occidente. La iglesia católica realizó distintos cambios en el juego y lo llamó ajedrez.

La idea de medirse en duelo mental ante otro era perfecta para demostrar superioridad en diversos ámbitos como intelectualidad, estrategia militar, mayor nobleza (sobre la clase social) e incluso ligar con mujeres, quienes eran apartadas y limitadas a observar o ni eso. Sólo los hombres eran privilegiados de tener el tablero y así continuó la actitud machista propia de la Edad Media hasta mediados del siglo XX con el crecimiento de los derechos femeninos.

Hace 500 años, dentro del tablero, en lugar de la reina se ubicaba el “consejero real” (“Firzan” en árabe) con una capacidad ínfima de movimientos. La reina Isabel I de Castilla, la mujer más poderosa de Europa en la segunda mitad del siglo XV, fue la primera en hacer un gran movimiento producto del disgusto que le generó la falta de presencia femenina. Decretó quitar al Firzan, colocó una reina y la volvió la pieza más poderosa. También modificó al alfil y así instauró el ajedrez moderno.

A pesar del nuevo gran rol, la mujer continuó apartada de la práctica, limitada a cumplir trabajo doméstico en su casa y a ser madre. En contraposición, los hombres gozaban de una vida sin condicionantes y para inicios del siglo XIX ya crearon clubes de ajedrez en los que reunirse. No fue hasta 1847 que se fundó en Países Bajos el primer club femenino. Luego la estadounidense Ellen Gilbert fue la primera mujer en jugar al ajedrez por correspondencia (cartas). Destacó por su logro de vencer al ajedrecista George H. D. Gossip (maestro en la modalidad), aunque luego sería acusada sin fundamentos de hacer trampa.

La inglesa Edith Helen, hija del reconocido ajedrecista Thomas Winter-Wood, marcó huella al ser de las primeras registradas en la historia en asistir y disputar un encuentro de ajedrez. Un ambiente muy hostil pero en el que con apoyo de su padre continuó, especializándose en “problemista” (mostrar situaciones a resolver con una imposición numérica de movimientos). 

El 23 de junio de 1897 se registró el primer torneo femenino oficial de la historia organizado por la Reina Victoria de Inglaterra en celebración de su jubileo. La competencia constó de 20 participantes (todas de la nobleza) que se batieron en un todas contra todas durante diez días y que dio como vencedora a la inglesa Mary Rudge con 18.5 puntos de 19 posibles. La entrada femenina al mundo era real, pero aún con un vasto camino por recorrer.

El machismo en toda la historia humana repercutió y repercute en toda mente existente. Los procesos evolutivos son lentos, tal como reflejó la historia. La lucha por la nueva concepción sobre las mujeres es en todos los ámbitos y cada vez más creciente, y el ajedrez no hace excepción.

El primer Mundial oficial organizado por la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) fue en 1927 y dio como ganadora a la británica de origen ruso Vera Menchik (foto), la primera en pisar fuerte en el ámbito competitivo, foco de múltiples ataques verbales. Albert Becket, un ajedrecista austríaco-argentino, la ninguneó en un torneo repleto de hombres en tono de burla de crear el “club Menchik”, que lo compondrían “todos aquellos que sean vencidos por Vera”, ya que consideró que nadie perdería ante ella. Ya sea por las vueltas de la vida, Becket fue el fundador y primer miembro.

Justicia para Vera Menchik, la primera ajedrecista que «jugaba como un hombre»

Miguel Najdorf, el mejor ajedrecista argentino de la historia, compitió sólo una vez contra Menchik, en el Torneo de Lodz, en Polonia en 1938. Najdorf reveló tiempo después que jamás la subestimó pero que no pudo “evitar los pensamientos machistas” antes de su enfrentamiento. El duelo culminó en tablas, las cuales fueron propuestas por Najdorf que se lamentó por no ganar. “No se aflija, no perder conmigo ya es suficiente”, le dijo Vera Menchik luego.

La alemana Sonja Graf fue una gran ajedrecista en paralelo con Vera Menchik. De infancia muy complicada por abusos tanto físicos como psicológicos, Sonja intentó refugiarse en el deporte y, aunque no escapó de la opinión pública, encontró una pasión. Con la intención de ser menos señalada buscó asemejarse en apariencia, con peinados y vestimentas usuales, a los hombres.

El campeonato Mundial femenino de 1939 (que se disputó en paralelo con las Olimpíadas masculinas) en Buenos Aires encontró a Graf y Menchik en la final, con victoria de Vera. En el contexto de la Segunda Guerra Mundial Vera Menchik falleció y Sonja decidió establecerse en Argentina. Durante su estadía escribió dos libros: “Así juega una mujer” y “Yo soy Susann”.

La Unión Soviética (URSS) fue la máxima impulsora de ajedrecistas en la historia. El título de campeón mundial se concentraba entre competidores soviéticos, tanto la rama masculina (Garry Kasparov, Anatoli Karpov, Borís Spassky) como la femenina (Nona Gaprindashvili y Maia Chiburdanidze). Si bien no todas las escuelas enseñaban ajedrez, era una actividad común en la región.

Georgia, país miembro de la URSS, era el principal generador de ajedrecistas mujeres, a tal punto que para las Olimpíadas se daba de baja a alguna para dar lugar a otra soviética. El hecho inaudito de Georgia sigue vigente con, por ejemplo, Ana Matnadze, quien también se nacionalizó española.

Nona Gaprindashvili (foto) fue una precursora del ajedrez femenino, pero sólo dentro de la Unión Soviética. Logró ganarse el respeto de todos desde temprano al ser la primera mujer en conseguir el título de Gran Maestro “absoluto” (incluye la rama de hombres). En el torneo absoluto de Lone Pine en 1987 empató con tres Grandes Maestros, uno de ellos el histórico argentino Oscar Panno. Con más de 80 años Nona Gaprindashvili continúa compitiendo en campeonatos senior.

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La década del 90 marcó el antes y el después en la historia femenina del ajedrez producto del nacimiento de las húngaras Susan, Sofía y Judit Polgar, conocidas en conjunto como “Las hermanas Polgar”. Sus padres, Laszlo y Klara Polgar, eran pedagogos y realizaron un experimento con sus hijas en el que ellos, desde su hogar, serían sus profesores de materias (sólo recurrían a la escuela para rendir exámenes) y también de ajedrez.

Susan, Sofía y Judit Polgar, de mayor a menor respectivamente, demostraron los primeros resultados en diversos torneos absolutos, y sólo absolutos ya que Laszlo opinó que debían medirse con varones. Conquistaron numerosos campeonatos juveniles y mundiales que denotaron el éxito del experimento realizado por sus padres. 

Sofía, sin embargo, decidió retirarse ya que carecía de interés en el ajedrez competitivo. Susan se volcó a los campeonatos femeninos y fue campeona del mundo en 1996, presentó inactividad en la década de los 00’ tras su embarazo, su mudanzae a los Estados Unidos y ser entrenadora.  

Judit fue la única que continuó con su ascenso a la élite absoluta, logró captar la atención de figuras como Bobby Fischer, Anatoli Karpov y, uno de sus rivales, Gari Kasparov, quienes reconocían su talento pero la menospreciaban por el mero hecho de ser mujer. Kasparov en 2002 perdería ante Judit y eso se rememoró como un nuevo gran paso del ajedrez femenino, no sólo por vencer su orgullo machista, sino también a un campeón mundial.

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En 2004 Judit Polgar se volvió la primera mujer en 15 siglos de historia en entrar entre los diez mejores del mundo en el ránking FIDE absoluto al alcanzar el octavo puesto. En 2014 se retiró de la escena profesional pero continúa ligada al ajedrez desde la formación educacional en las escuelas de Hungría. Madre de dos hijos, se negó a utilizar el mismo método que su padre por considerarlo “muy riesgoso”.

La china Hou Yifan, multicampeona del mundo de la rama femenina (foto), es la única que disputa en la actualidad un lugar entre los 100 primeros puestos del ránking mundial absoluto FIDE. Cada vez hay más mujeres dentro del circuito. Sin embargo hay incógnitas que siguen sin respuesta: ¿por qué los hombres son (en término de resultados) mejores en el ajedrez? ¿Por qué hay una división para cada sexo?

Carlsen-Nepo clash could go down to the wire: Hou Yifan | Chess News - Times of India

A principios de 2022 se hizo una prueba en Gibraltar denominada “la batalla de los sexos” que enfrentó entre sí a un equipo de diez hombres con otro de diez mujeres (todos de similar puntaje ELO) con la intención de poner fin al debate de habilidad entre ambos . El enfrentamiento duró diez días y culminó 53-47 a favor de la escuadra masculina.

Wei Ji Ma, profesor neerlandés especializado en psicología y neurociencia, sostuvo que no hay que comparar por lo cuantitativo (cantidad de hombres y de mujeres), ya que al ser menor la cantidad de participantes tienen peores resultados, sino por lo promedial. Las mujeres, reveló, resultan incluso con mejor puntaje que los hombres e indicó que en realidad habría que preguntarse “¿por qué las mujeres son tan buenas en el ajedrez?”. Esta teoría no es muy reconocida ni tomada en cuenta por los practicantes de la disciplina. 

La opinión popular señala la división por sexos como una discriminación hacia las mujeres ya que se las separa de la competencia masculina (o general). Sin embargo, son las mismas ajedrecistas las que desmienten tal acusación. Judit Polgar, las argentinas Carolina Luján y Florencia Fernández, las españolas Sabrina Vega y María Rodrigo Yanguas y múltiples jugadoras más mantienen que la rama femenina debe permanecer vigente ya que es la ventana de oportunidades por la que entran las mujeres.

En 2002 la Federación Española de Ajedrez (FEDA) eliminó la rama femenina, pero a pedido de las deportistas la decisión debió retractarse. Lo mismo intentó  en 2007, la FADA (Federación Argentina de Ajedrez) que buscó borrar los torneos femeninos infantiles para hacerlos mixtos. El hecho creó dos corrientes: aquellos que apoyaban la medida para reducir costos, aumentar el nivel y oportunidades, y por otro lado, los que se negaban por creer que se reducirían las oportunidades.

No hay una razón que justifique al 100% el porqué los hombres se presentan, en general, con mayor ELO a comparación con las mujeres. Diferencias físicas, la posible influencia de las hormonas y la psicología, otros apuntan a factores educativos o socio-geo-culturales. Y el problema discriminatorio sostiene que, en general, se encuentra en la educación inicial del pasado que repercute en lo sociocultural.

Ajedrecistas indican que no hay machismo en la competencia pero sí lo que rodea al deporte. Carolina Luján, Sabrina Vega y la ucraniana Anna MuzyChuk (campeona mundial) declinaron su participación del Mundial en Irán y Arabia Saudí por los tratos e imposiciones que sufren las mujeres en esos países. La denuncia pública por acoso que realizó la canadiense Alexandra Botez durante una transmisión en vivo. El destrato hacia las “Damas olímpicas” argentinas por parte de la FADA en el Mundial de Beirut, en Líbano.

Hubo avances de las mujeres: la argentina Melisa D’Oro (foto) fue la primera profesora transexual de ajedrez en 2012, o la trans Natalia Parés como la mejor competidora de España en 2008. También Damaris Abarca, que logró la presidencia de la Federación de Ajedrez de Chile tras ser electa.

Conocemos a Melisa D'Oro, la primera maestra trans

Casi todas concluyen que hay que tomar medidas que mejoren el panorama para la inclusividad y fomentar el ajedrez entre las mujeres, con incentivos económicos y acompañamiento. Llevarlo a las escuelas y enseñar que todos somos iguales. Tal vez así, en las próximas décadas, haya más mujeres en la escena y un mayor nivel general. Tratar a los hombres y mujeres de manera equitativa en el ambiente es la mejor forma de promover el deporte con un desarrollo a la par.

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