Por Micaela Cappovila y Martina Pérez de la O

El fútbol femenino ya no es un tema tabú como lo fue en décadas pasadas. Ahora es más frecuente ver transmisiones de campeonatos y, poco a poco, comenzar a leer titulares con traspasos de jugadoras. Así y todo, las diferencias con el masculino son notables.

La visibilidad en medios de comunicación sigue dejando mucho que desear ya que los derechos televisivos apuestan poco al fútbol femenino. La ganancia es nula, y la atención de los dirigentes también. El pasado 8 de octubre falleció Giuliana Gómez, jugadora del Club Argentino de Merlo y las compañeras culparon a la institución por negligencia y la falta de apoyo que tuvieron cuando les dijeron que tenían que “bancarse” el viaje a Rosario para disputar la fecha del torneo de Primera C. ¿Por qué el club no se hace cargo de los viajes y tuvieron que ir en autos propios a defender los colores y manejar después del cansancio por tres horas seguidas? Estuvieron solas, en el traslado y en el entierro, porque las autoridades fueron fantasmas. “A muy pocos dirigentes les importa el fútbol femenino, por eso nunca termina de crecer”, acusó la delantera de la selección argentina Romina Núñez en una charla referida a esta producción. Además, agregó: “El sueño de toda futbolista es jugar afuera de Argentina, pero cuando llegás es otra la realidad y pasan muchas cosas”.

Aunque de a poco se comienza a cambiar, y tal es el caso que la Confederación Brasileña de Fútbol informó que las integrantes de la selección femenina percibirán el mismo pago que el plantel masculino. La lucha por la igualdad de género sigue en pie y una de las acusaciones que se escucha con mayor frecuencia es la diferencia de salarios. Una mujer tiene que conseguir un trabajo fuera del deporte para poder tener una vida digna, y ni hablar si tiene que sostener la vida de una familia. El contrato básico que tienen las jugadoras en los clubes argentinos de la máxima categoría es el mismo que perciben los varones en la Primera C. Ronda los 37.000 pesos. Los patrocinadores prefieren invertir en el fútbol masculino, dado que una parte importante de la sociedad continúa pensando que la calidad y técnica de una futbolista es menor al de un hombre por las condiciones biológicas y morfológicas. Algunos canales deportivos prefieren repetir un partido amistoso del masculino que transmitir un encuentro importante de mujeres. Es una batalla en la que conviven constantemente los clubes femeninos por los derechos televisivos.

Otro tema es la utilización de las canchas. Tanto masculino como femenino se merecen ser locales en el estadio del club, no en un terreno de juego auxiliar como lo hacen las divisiones inferiores. No debería haber diferencias en eso, pero, sin embargo, las chicas no tienen la suerte de poder ser locales ahí todas las fechas por la poca convocatoria que poseen. “Cambiaría el jugar en los estadios, creo que este torneo qué pasó quedó demostrado que a la gente le gusta el fútbol femenino”, declaró la tandilense y actual jugadora del Club León de México.

La resistencia física de las mujeres es inferior, pero la técnica y precisión de su juego es comparable al de los hombres e incluso algunas de ellas han llegado a compararse con jugadores de élite masculinos. El campo de juego es exactamente igual en cuanto a dimensiones y lo que recorren son las mismas distancias, pero a pesar de eso, hay desventajas biológicas y por esta razón los varones resisten más tiempo en el campo. Otra de las diferencias que tienen es que hay muy pocas mujeres entrenadoras puesto que la mayoría, inclusive en la categoría femenina, son hombres.

Pese a las diferencias notorias, el fútbol femenino está en constante evolución, aunque debería avanzar con mayor rapidez para que las jugadoras se sientan acompañadas.