domingo, marzo 3, 2024

La nueva Argentina: cuando quedarse es mejor que irse

Por Nicolás Caram

Argentina, esa tierra cuyos antepasados trabajaron para recolectar los frutos que sembraban en ella. Un producto, como puede ser el vino, que era el resultado del cuidado constante, como la sombra ante el agobiante sol o también, la regadera ante el sofocante y asfixiante calor de verano. Un producto que se exportaba -y se exporta- hacia el otro lado del océano Atlántico. Un producto que porta la bandera celeste y blanca. Aunque, justamente como el destilado del mosto de uva, a veces los mejores resultados son aquellos que se almacenan hasta alcanzar su apogeo.

La “industria” nacional no solamente se sustenta con el vino, sino también con el fútbol, aunque comparten similitudes entre sus productos. Los jugadores que surgen de los semilleros, conocidos como potreros, son sembrados y transferidos para continuar su desarrollo, incluso cuando están listos para exhibirse más allá de la frontera. Así como el vino, existen casos de jugadores que han descartado la posibilidad temprana de llegar a Europa, con ejemplos para todos los gustos.

Uno de ellos fue Erik Lamela, el actual ganador del premio Puskas y que se desempeña en el Sevilla de España. Un fútbol al cual podría haber llegado mucho antes ya que, a sus 12 años, el Barcelona posó sus intereses en el entonces jugador de las inferiores de River. Un pase que interesaba al joven “Coco” pero que sus padres, por medio de un acuerdo con el presidente de turno José María Aguilar, finalmente rechazaron a cambio de una beca para él y sus hermanos.

çEl camino de Lamela siguió ligado a la institución de Nuñez hasta su debut en Primera, cuando el 13 de junio de 2009 entró desde el banco frente a Tigre en la victoria por 3 a 1. Sin embargo, el zurdo y Europa parecía que estaban atados con un hilo rojo, aquel que une dos nombres que están destinados a encontrarse. Así fue como con apenas 4 goles en 36 partidos disputados, un descenso y ascenso con River, la Roma se hizo con los servicios del jugador -por 18 millones de euros- y la aventura por el Viejo Continente lo llevaría por Italia, Inglaterra y ahora España, donde todo podría haber comenzado.

Sin embargo, a veces las oportunidades, como los trenes, pasan solo una vez y más cuando ese tren va en sentido al Santiago Bernabeu, la línea Real Madrid que dejó pasar Augusto Batalla. El actual arquero de San Lorenzo confesó que en 2014, cuando aún no acumulaba minutos en Primera pero sí era el arquero titular de la Selección Sub 17, llegó a su puerta la oferta del Merengue tras una destacada actuación el Mundial de Clubes Sub 17 de 2013, el cual conquistó la institución de Nuñez ante el Atlético Madrid, Real Madrid y Barcelona. Una propuesta con la que muchos futbolistas solo pueden soñar, pero que el propio Batalla decidió rechazar tras una charla con Marcelo Gallardo.

En ese entonces, el arco del Millonario estaba cubierto por Marcelo Barovero, pero que ya tenía en la mira el retiro de la institución y el Muñeco le aconsejó al juvenil quedarse para ser el sucesor de Trapito, en lugar de continuar una carrera formativa y de -probable- suplencia en el Real Madrid o, dentro de su filial, el Real Madrid Castilla. El nacido en Hurlingham decidió aceptar la propuesta de Marcelo Gallardo para cumplir su sueño de pibe. La suerte deportiva no le fue tan generosa y terminó de decantar su préstamo a Atlético Tucumán en 2018. Del “Decano” pasó a Tigre en el mismo año y después emigró al fútbol chileno. Un primer paso por Unión La Calera en 2019 y un segundo en O’Higgins entre 2020 y 2021 fueron suficientes para que regrese al país y selle su llegada a San Lorenzo, donde aún milita pero solamente cedido de River.

En otros casos, a veces es necesario un guiño de la suerte para poder continuar la evolución dentro de un ambiente contenido, así como la conservación y fermentación del vino en las barricas de roble para desarrollar el resultado de mayor esplendor. Esa barrera que es levantada por un “no” suele aparecer, sobre todo, cuando aún se está en una edad de “alevín”, como se conoce a las inferiores del fútbol español, las cuales integró por unos días Julián Álvarez.

El actual jugador del Manchester City defendió el color blanco merengue del Real Madrid en 2011. Si bien fue durante una corta prueba de pocos partidos, el nacido en Calchín, Córdoba, logró convencer a los formadores de los “Blancos”, pero el destino simplemente dijo que no, ya que en ese entonces el Real Madrid no permitía el fichaje de jugadores menores de 13 años, Julián tenía 11 y el pasaje de vuelta asegurado a Argentina. Esto no desanimó al juvenil, quien continuó su trayectoria hasta convertirse en el “9” titular de River Plate, campeón de Libertadores, Copa América y la “Finalissima”, estos últimos dos con la Selección, y ganar su regreso a europa bajo las órdenes de Pep Guardiola en los Citizens.

Ahora esta secuencia suma un nuevo episodio que nuevamente tiene como protagonista a una promesa del fútbol argentino que podría haber debutado en territorio del “viejo continente”. Es el caso de Gino Infantino, el polifuncional zurdo de 19 años que se desempeña en Rosario Central y tuvo una prueba de “Blanco” y otra de “Amarillo”. Con tan solo cinco años llegó al Club Renato Cesarini, de donde salieron jugadores de la talla de Augusto Solari, Martín Demichelis y Javier Mascherano. Llegó a destacar en la institución de su Rosario natal al punto que, cuando aún no había alcanzado los 10 años de edad, uno de los entrenadores le consiguió una prueba de 15 días en el Real Madrid. La familia Infantino acompañó a su hijo a “La Fábrica”, como se conoce popularmente a la cantera blanca, que intentó retener al argentino ya que se habían librado de la política que los privó de fichar a la “Araña”. Sin embargo, los clubes no lograron llegar a un acuerdo y la historia de Gino en Europa parecía llegar a su fin, pero no fue un punto final, sino punto aparte.

Al regresar a Renato Cesarini, mantuvo su rendimiento y captó la atención de la Agrupación Deportiva Infantil Unión Rosario (ADIUR), otro club de barrio poco visto en Rosario. Allí, en 2017 llegó su primera citación a la Albiceleste sub 15 que comandaba en ese entonces, y hasta hoy, Diego Placente. Pero esto no sería todo ya que también tuvo la posibilidad de realizar una prueba de 20 días con la camiseta del Villarreal, debido a un convenio que mantiene con ADIUR. Allí podría haber permanecido si no fuera porque su familia no podía acompañarlo, por lo que decidió rechazar la posibilidad y volver a Argentina. Hoy, con 19 años, ya cuenta con 52 partidos en la primera de Rosario Central, y fue capitán de la Selección sub 20 que dirigió Mascherano en el Torneo Esperanzas de Toulon, aunque quedó fuera de la lista que campeonó en L’ Alcudia. Sin duda es una historia que se escribe día a día y a la cuál no habrá que quitarle el ojo.

En un presente donde todo parece consistir en llegar a Europa lo antes posible, al mejor postor y, ocasionalmente, en desmedro del presente entorno, exportar la etiqueta de “Hecho en Argentina” es una condición que a veces se pierde, justamente producto del apuro. Como todo, a veces es cuestión de saber esperar el momento adecuado, ya que acortar el camino puede llevar al desperdicio de una oportunidad que es única y que, más en un proceso formativo y de desarrollo, implica mucho más que simplemente “jugar a la pelota”.

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