Por Micaela Tripodi

Durante la tarde nublada del 24 de septiembre, el avión partía desde Ezeiza rumbo a Asunción. En él viajaban, junto a sus entrenadores, los integrantes del plantel que iba a representar a la Argentina en el Mundial de Patinaje Artístico 2021. Allí estaban Ornella Caccin y Luciano Prieto, palpitando lo que sería su primera e inesperada actuación competitiva como pareja. Con el Club Atlético Lanús como punto en común y acompañados por un cuerpo técnico que nunca les soltó la mano, ambos daban inicio oficialmente a un proyecto que anhelaban hacía algunos años. 

“La clasificación al Mundial fue algo que no estaba planificado. Yo creo que se dio porque nos matamos entrenando, gracias a Lanús que nos brindó el espacio para poder hacerlo, incluso en época de pandemia. Eso hizo que no perdiéramos tiempo y lo capitalizamos al máximo”, expresó Caccin. 

Aun así, la pareja que arrastra un corto tiempo de trabajo desde sus comienzos a fines de 2019, culminó un aceptado desempeño en el torneo. Además, la deportista barilochense nunca había patinado en conjunto, mientras que el patinador más experimentado, de 24 años, sí lo había hecho: “Cuando me propusieron trabajar con Lucho, dije que sí, pero obviamente eso requería todo un entrenamiento previo porque yo no sabía nada”.

En esta misma línea, Caccin confesó lo difícil que le resultó adaptarse a la nueva  modalidad: “Al principio me costó mucho porque cuando patinás solo controlás tu propio cuerpo, pero al patinar con otra persona tenés que hacer una fuerza constante durante cuatro minutos y yo no estaba acostumbrada a eso, ni sabía cómo hacerlo. Es como que lo manejo yo, él me maneja a mí y ambos tenemos que ir avanzando juntos, si no nos quedamos frenados en el lugar”. 

Estas mismas inseguridades que se generaron en la patinadora debido al poco conocimiento de ambos como compañeros, también aparecieron durante el Mundial. “Al comienzo no me sentía muy segura porque hacíamos muchas elevaciones, él me revoleaba a mí para todos lados y yo todavía no tenía esa confianza, sobre todo cuando entramos a competir. Entrenando uno puede resolver muchas cosas, pero en el momento de la competencia, con los nervios y la adrenalina, no sentís nada y los cuatro minutos se te pasan volando. Entonces yo no sabía cómo iba a reaccionar él y si iba a tener la fuerza para aguantarme a mí esos cuatro minutos”, confesó. 

Asimismo, Caccin agregó: “La verdad que al principio tenía un poco de miedo, pero después del primer torneo me deje llevar porque me di cuenta de que Luciano sabe resolver un montón de situaciones porque tiene muchísima más experiencia que yo, que estoy aprendiendo con él”.

Por otra parte, Prieto destacó la capacidad de diálogo que se fue desarrollando gradualmente entre ambos y que contribuyó en la construcción de un vínculo de confianza: “Con Orne ya nos conocíamos porque en el ambiente del patín nos conocemos casi todos. Pero no la conocía como compañera. Nos hicimos muy amigos, más allá del patinaje, compartimos un montón de cosas fuera y eso también hace que podamos resolver cuestiones en la pista de otra manera. Hemos tenido charlas en las que dijimos que debíamos hablar cualquier cosa que nos pase, porque pasamos mucho tiempo juntos y el diálogo es importante”.

Aunque los dos pusieron de su parte para fortalecer la relación, también contaron con la ayuda de Sandra Ferro, psicóloga deportiva. Si bien en muchas ocasiones la psicología deportiva está infravalorada o es considerada una “moda pasajera”, es una rama que se aplica cada vez más y ayuda a los patinadores a controlar diferentes situaciones a las que se puedan ver expuestos. “La psicología mejora la concentración, la autoconfianza y la atención. Esto, a la vez, contribuye favorablemente ante la presión de una competición o incluso del día a día”, explicó Ferro, quien trabaja con Caccin desde que se mudó sola a Buenos Aires a sus 15 años.

“Aunque Sandra no viajó con nosotros, ya que solo viajamos con nuestro entrenador Gastón Passini, estuvo presente durante toda la competencia a la distancia. Hacíamos videollamadas en las que nos daba herramientas y algunos consejos. Hablábamos todo el tiempo”, contó Caccin. De esta manera, la psicóloga se convirtió en una pieza fundamental en la evolución del vínculo.

Caccin y Prieto: el esfuerzo detrás de la pasión

Ornella Caccin nació en Rosario, pero los recuerdos de esa etapa de su vida son inexistentes, ya que su familia se mudó a Bariloche cuando tenía apenas un año. Allí comenzó a patinar a los 4, en la escuela AG Patín, dirigida por Alexandra Gallmann. “Antes había probado otros deportes, pero cuando me metí en el patinaje, me enamoré. A partir de ahí, nunca dejé de patinar”, manifestó la deportista.

A los 6, empezó a competir y cuando cumplió 11 se cambió de escuela para ascender a la categoría “B” del patín artístico. En ese período conoció a los entrenadores Laura Vigil y Jordan Segovia, que iban de Buenos Aires. “Empecé a competir con coreografías que me habían marcado ellos. Ese año me había ido muy bien pero allá en la zona no tenía competencia. Entonces, cuando empecé a viajar a los nacionales me agarraba un miedo tremendo porque conocía solamente lo que yo sabía hacer, no veía a nadie y me encontraba con chicas que patinaban igual o mejor que yo”, recordó. 

El encuentro con Vigil y Segovia fue un punto de inflexión en su carrera. Ese mismo año, inició una seguidilla de viajes a la capital que la obligaron a cambiar su estilo de vida. “Tuve que tomar la decisión de hacer el colegio a distancia y obviamente hablarlo con mis papás, porque yo vivía con mis entrenadores. Desde los 11 a los 15 viví con mi entrenadora y a los 15 me fui a vivir sola”, contó la patinadora que supo ser campeona nacional cuatro años consecutivos.

Desde muy chica, Caccin se dio cuenta de que le encantaba patinar y era consciente de que en Bariloche podía avanzar, pero si quería lograr algo grande, debía dejar a su familia e irse a Buenos Aires. “Mis papás también lo sabían, es algo que nos sentamos a hablar también con mi hermano. Tengo la charla patente. Les dije ‘yo me quiero ir’ y ellos me apoyaron desde el primer día. Realmente me apoyan en todas las decisiones que tomo con respecto al patinaje. Al principio fue muy difícil, porque estuve mucho tiempo alejada de mi familia, pero siempre estuvieron presentes. Cuando ellos podían viajar, viajaban a verme competir. Pero pasábamos mucho tiempo separados”, describió Caccin, quien hasta los 16 hizo la categoría libre y luego se dedicó exclusivamente a la parte de danza.

El apoyo de la familia es un aspecto que tanto Caccin como Prieto tienen en común y se tornó fundamental en el desarrollo de sus carreras. El multicampeón recibió la colaboración de sus padres para poder viajar a competir en el Mundial de Francia 2016, donde consolidó una gran actuación y obtuvo el quinto puesto. Además, tuvo que realizar rifas y ventas de productos para terminar de solventar su viaje al viejo continente, el cual recuerda con emoción: “No sabíamos el nivel que había afuera. Cuando pisás la pista automáticamente decís `Llegué, después de tanto´”.

De igual forma, Caccin describe la realidad que sigue golpeando a un deporte de carácter amateur, como el patinaje, en Argentina: “La realidad es que son muy pocos los deportistas que pueden vivir solo del patín. Nosotros tenemos que estudiar, trabajar y entrenar, no solamente en pista, sino que hay todo un trabajo fuera de la pista: psicológico y físico. Por eso haber llegado a un Mundial haciendo todo esto es un gran logro”. La atleta actualmente se encuentra cursando el segundo año de la carrera de Odontología, en la Universidad Maimónides, situada en Caballito.

En esa misma línea, Prieto explicó que “mismo para asistir a un Nacional se complica desde este lugar. Todo cuesta, hasta lo más mínimo”. “Depende de uno mismo, como uno encare las preparaciones y las competencias. El profesionalismo se demuestra en la pista”, agregó.

A diferencia de su compañera, Luciano Prieto tiene más experiencia en materia de patinaje. Con solo 24 años, posee una amplia trayectoria que refleja la dedicación, el esfuerzo y la constancia que se necesita para alcanzar lo más alto en este ambiente. Sin embargo, el camino fue largo y estuvo atravesado por numerosas adversidades.

Prieto dio sus primeros pasos en la disciplina a los 7 años, en el Club Madero Central, en Zona Oeste. Ese mismo año logró ganar su primer Nacional en la categoría Escuela Formativa. No obstante, a los 15 sufrió su primera lesión importante. Las lesiones, el gran karma que padeció a lo largo de su carrera. Durante tres años trabajó en Vélez Sarsfield, pero después, por cuestiones económicas, siguió en Lanús, donde entrena actualmente y, según el propio Prieto, es la institución que le posibilitó dar el gran salto.

Al culminar la secundaria, el deportista debió elegir entre estudiar en la universidad o dedicarse exclusivamente al patinaje, y optó por este último. Desde 2008, Prieto consiguió varios títulos –tanto de manera individual como en pareja–, entre los que se destacan los Metropolitanos y Nacionales. Pero su primera oportunidad trascendental se dio en 2016, cuando logró clasificar al Panamericano y al Mundial disputado en Francia. 

El patinador atravesó distintas lesiones. Fisuras de tibia y peroné, y algunas dislocaciones en el hombro. Sin embargo, estas nunca pudieron hacer que abandone su carrera. 

En 2019, llegó a Lanús por medio de Viviana Canario, su profesora de patín. Actualmente, además de ser su lugar de entrenamiento para las competencias, también es profesor de danza de los más chicos: “El deporte es algo fundamental y que ayuda un montón a los chicos. Es súper necesario el apoyo de la familia y que siempre los lleven hacer el que les guste. El deporte no tiene género y tienen que animarse, no importa la edad que tengan, nunca es tarde para arrancar”.

De manera que el largo proceso que debieron recorrer los patinadores para introducirse en la elite del patinaje artístico finalmente tuvo sus frutos. En primera instancia, compitiendo por separado. Ahora, haciéndolo juntos en su primera presentación internacional como dúo.

La experiencia mundialista

Señores pasajeros, bienvenidos al aeropuerto Internacional Silvio Pettirossi-Luque. Por favor, permanezcan sentados, y con el cinturón de seguridad abrochado hasta que el avión haya parado completamente los motores y la señal luminosa de cinturones se apague”, señalaba la tripulante del avión en el que viajaba la delegación argentina. El sueño de todo patinador estaba por comenzar. “Cuando llegamos a Paraguay, yo estaba perdida. Luciano ya tenía experiencia porque compitió en otros Mundiales, pero esta era mi primera vez. Nunca había pisado una pista tan grande y hermosa, estaba todo muy bien armado. Él me decía ‘Dale, Orne, reaccioná’, porque yo estaba mirando todo y no lo podía creer”, rememoró Caccin.

“La verdad que fue emocionante el momento de la llegada, ya que no sabíamos si íbamos a viajar porque, como es un deporte amateur, todo lo tenemos que bancar nosotros, hay muy poca ayuda”, indicó Prieto. 

En su primera presentación, la dupla sufrió una falla producto del nerviosismo, que le hizo perder muchos puntos y los depositó en el puesto número 10. “En un momento de la secuencia trastabillamos, yo caí al suelo, me levanté y seguimos, pero perdimos el ítem”, explicó Ornella, quien añadió que igualmente estaban satisfechos, ya que “uno de los objetivos era quedar en el top 10”.

En la segunda y última presentación, la dupla tuvo revancha. Aunque el freestyle les salió muy bien, ya no tenían chances de escalar más puestos por la actuación en la primera parte. Quedaron en el noveno lugar. “Lo bueno es que supimos reponernos rápido y fuimos conscientes de que teníamos otra chance para seguir peleando”, reconoció Prieto.

Más allá del desempeño en pista, la pareja resaltó el compañerismo entre los integrantes del seleccionado: “Este año se vio una Selección súper compañera, a comparación de otros años”, contó Prieto. “Creo que fue producto de la pandemia, porque uno se concientizó sobre un montón de cosas. No sé si es que estoy en una categoría que ya somos todos más grandes entonces las cosas fluyen de otra manera”, comentó Caccin.

Además, la patinadora dijo que todos se hicieron muy amigos y compartían muchas cosas porque, a pesar de competir por separado, todos entendían lo que significaba estar ahí siendo deportistas amateurs argentinos: “Es mucho el esfuerzo que uno hace como para no disfrutar ese momento”.

A la vuelta, el dúo se tomó 5 días de descanso, pero rápidamente volvió a entrenar en vista del Sudamericano que –por la pandemia– se pasó para febrero de 2022 en la provincia de San Juan y será clasificatorio para el Mundial en Argentina. “La clasificación siempre fue el gran objetivo. Vamos a poner muchas pilas porque es una motivación extra que sea acá. Si clasificamos, va a ser un orgullo enorme”, declaró Ornella Caccin.