sábado, abril 13, 2024

Qatar 2022, el mundial marcado por sangre

Por Pedro Ignacio Pérez Naveira

La Selección Argentina dirigida por Lionel Scaloni consiguió su pasaje rumbo a la próxima cita mundialista y ya falta menos de un año para poder ver a Lionel Messi disputar su quinta Copa del Mundo.

El Mundial de Qatar todavía no se jugó, pero ya está manchado por dos grandes esferas tenebrosas que lo van a rodear por siempre. Una es la corrupción que hubo detrás de su elección, los millones de dólares que puso el país asiático para ser la sede de 2022 y cumplir el sueño, o mejor dicho capricho, de sus jeques. La otra gran realidad es la explotación laboral para lograr en tiempo récord la construcción de 8 estadios, que siguen siendo remodelados en su totalidad para la realización del evento.

Nombres como el ex Balón de Oro Michel Platini, el ex presidente francés Nicolás Sarkozy, el ex mandamás de la FIFA Joseph Blatter y su mano derecha Julio Grondona, son quienes quedaron marcados luego de aceptar sobornos y hacer todo para cumplir el sueño qatarí, tener su propio Mundial. Ya con el evento en su dominio, llegaba la hora de construir y levantar estadios para mostrar el lujo, el dinero y el poder que posee Qatar. Pero, ¿qué hay detrás de todo el lujo que podremos ver el año que viene cuando nuestra Selección diga presente en el país asiático?.

Hubo 37 muertes entre los trabajadores directamente relacionados con la construcción de los estadios de la Copa del Mundo, de las cuales 34 están clasificadas como “no relacionadas con el trabajo” por el comité organizador del evento. Desde que el Mundial de Fútbol 2022 se asignó a Qatar en 2010, 6.500 trabajadores habrían muerto en obras relacionadas al Mundial, contó el medio británico The Guardian. La FIFA minimizó la cifra y dijo que “la frecuencia de accidentes en las obras del Mundial fue baja en comparación con otros grandes proyectos” alrededor del mundo.

El 90% de los trabajadores que están destinados al evento son inmigrantes. Alrededor de 1,7 millones de personas, pagan entre 500 y 4.300 dólares a las agencias de contratación para conseguir un trabajo en Qatar. Las terribles condiciones de vida obligan a los obreros a soportar el hacinamiento, la falta de higiene y seguridad en sus alojamientos. Hombres durmiendo en literas, en habitaciones para ocho o más personas. Sin embargo, el derecho qatarí y las Normas para la Protección de los Trabajadores permiten como máximo cuatro camas por habitación y prohíben el uso compartido de camas y el uso de literas.

Los agentes de contratación, además, hacen falsas promesas respecto al salario que recibirán los trabajadores y sobre la clase de empleo ofertado. Los 300 dólares al mes que a un hombre de Nepal le habían prometido que iba a cobrar resultaron ser sólo 190 una vez que empezó a trabajar en Qatar. Cuando los trabajadores explican a la empresa que les habían prometido un salario superior, ésta se limita a hacer oídos sordos. Así lo recuerda Mushfiqur, jardinero de la Aspire Zone: “El gerente sólo dijo: ‘Me da igual lo que te hayan dicho en Bangladesh. Cobrarás este sueldo y nada más. Si sigues protestando les diré que cancelen tu visado y te manden de vuelta a casa’”.

A veces no se pagan los sueldos durante varios meses. Esto puede tener consecuencias desastrosas, ya que los trabajadores no pueden pagarse la comida, enviar dinero a sus familias ni hacer pagos sobre préstamos asociados a la contratación. Una situación que a muchos los lleva al borde de la desesperación.

Entonces, ¿por qué la FIFA y su fundación permiten estos atropellos a una sociedad marginada que viaja a Qatar con el sueño de un trabajo y luego eso se vuelve una pesadilla?. Según su la página web, la Fundación FIFA es “una entidad independiente, con los objetivos de contribuir a la promoción de un cambio social positivo y de recaudar fondos para la rehabilitación y reconstrucción de infraestructuras deportivas dañadas o destruidas alrededor del mundo”. La fundación la preside el ex mandatario argentino Mauricio Macri, quien parece que se le pasó por alto las cuestiones sociales que radican en Qatar: tanto él como toda la FIFA deciden mirar para otro lado mientras se construyen estadios a base de sangre, sudor y lágrimas.

Este sistema de tercerización a la hora de contratar a los trabajadores lleva a que se vuelve completamente desbalanceada la relación entre jefe y empleados. Quienes llegan a Qatar, están obligados a trabajar en el puesto y lugar que les digan, no pueden buscar otro en caso de que la paga no sea buena o el trato sea tan malo como contamos anteriormente. A la vez, impiden que puedan dejar el país, estando prisioneros sin chances de escapar. Todos estos datos provienen de distintas investigaciones que realizó Amnistía Internacional en la última década.

Ahora estamos ante el auge del poder qatarí dentro del fútbol. En Paris Saint Germain, club del que son dueños, tienen a Neymar, a Mbappe, a Donarumma (MVP de la última Eurocopa), a Sergio Ramos y a Lionel Messi, uno de los mejores jugadores de la historia. Con el Mundial a la vuelta de la esquina, resulta escalofriante pensar en los mejores jugadores del planeta jugando en estos estadios, como si nada pasara, como si la frivolidad de ver a alguien jugar al fútbol pudiera tapar todos los horrores que hay detrás.

 

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