sábado, abril 13, 2024

Los allegados, esa excesiva elite que vio en vivo el fútbol pandémico

Por Santiago Hanimian

Debido a la pandemia, el número de personas que puede ir a las canchas en Argentina es limitado. Hasta la vuelta del público general con restricciones hace unas semanas, la AFA afirmaba que en Primera División podían ir 120 representantes del conjunto local y 75 del visitante, mientras que en las categorías del Ascenso deberían ingresar 50 por equipo, pero nada de esto secudía. No sólo que esos números no se respetaban en  la mayoría de los casos, sino que aquellos que tenían el privilegio de asistir a los partidos no se podían contener, y accionaban y gritaban sin miedo a que se escuche lo que dicen.

Aquellos espectadores que iban a presenciar los encuentros al estadio se dividían en grupos para poder ingresar: aproximadamente iban 33 dirigentes, 45 familiares de los futbolistas y el resto eran representantes de los sponsors de los clubes. Hasta ahí iba bien el asunto, pero hay quienes lograban hacer entrar a más conocidos, lo que provocaba un aumento notorio en ese número. “Fácil, son 200 por partido por parte de los locales”, declaró Nelson Laffitte, periodista que percibió eso en varias canchas a las que fue para cumplir con su deber.

 Si bien en el Ascenso la cantidad de personas era menor, la situación era distinta, ya que había clubes que respetaban lo establecido por AFA y otros que no. Por ejemplo, en Ferro únicamente iban los miembros de la comisión directiva y, según Gustavo Palmer, vicepresidente segundo del club de Caballito, “eran 39 los que iban”, haciendo referencia a que no veían la necesidad de exceder ese monto.

 Marcelo Frossasco, presidente del Comité de Seguridad Deportiva de la Provincia de Córdoba, tiene una visión similar a la de Palmer, la cual dio a conocer en una nota con Cadena 3: “No debería poder entrar nadie que no acredite una función específica en el club y forme parte de la delegación”. Esto fue luego del cruce entre los allegados y jugadores de San Lorenzo, luego de caer por 2-0 ante Talleres.

 El caso del Ciclón no es el único, debido a que algo similar sucedió en los dos clubes de Avellaneda. En Racing, después de la derrota contra Godoy Cruz, se escucharon gritos que, ante las miradas desafiantes de los futbolistas, pedían que Enzo Copetti juegue de 9, mientras que los de Independiente les gritaron a sus jugadores que jugaban “horrible”, después de la derrota contra Atlético Tucumán.

 Por su parte, los medios de prensa tienen que seguir otro protocolo, permaneciendo únicamente “en el sector signado por el club local”, así como lo especifica el boletín del ente rector del fútbol argentino. Uno de los periodistas que también va a los estadios es Daniel Guiñazú, quien piensa que la formalidad se cumplía, pero por afuera, se habilitan otros ingresos, tal como él sabe que pasó en el encuentro entre Platense y Boca, en donde “la Policía de la Provincia autorizó el acceso de conocidos barras boquenses”.

 Casos de estos hay muchos, así como el de Tomás Aristondo, un hincha xeneize como cualquier otro que fue a ver el partido contra Estudiantes y no quiso dar declaraciones al respecto, luego de que se difundiera una foto que subió a sus redes sociales. Sin dudas, uno de los puntos que más se repitió en esta cuestión de los allegados es que la reglamentación no se cumple y, si los que no la respetan son los que mandan, ¿qué más se puede esperar?

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