Por Francisco Garrido

A diez años del descenso de River a la B Nacional, El Equipo investigó qué pasó en la reunión entre Cristina Fernández de Kirchner, presidenta de la Nación en ese momento, y Julio Humberto Grondona, presidente de la Asociación del Fútbol Argentino. Como escribe el periodista Andrés Burgo, autor del libro “Ser de River en las buenas y en las malas”, “el pasado siempre se descubre”.

En 2016, Guillermo Marconi, titular del Sindicato de Árbitros Deportivos de la República Argentina, había confesado que Grondona “hizo todo lo posible para que River no se fuera al descenso” y que fue la única vez que pidió “algo indebido”. Las declaraciones estaban relacionadas a esta reunión. Marconi y Sergio Pezzotta, quien dirigió la Promoción entre River-Belgrano en 2011, siguen padeciendo lo que vivieron en aquel partido. Pezzotta dice que no le hace bien “hablar de ese tema”, que su familia “no la pasó bien” , que recibieron presiones de Grondona y que Cristina pidió que River no perdiera la categoría.

Una de las personas más allegadas al gobierno en esa época le relató a El Equipo cómo surgió la reunión, de qué manera se desenvolvió y el post. El 26 de junio de 2011, el club de Núñez perdió la categoría luego de caer 2 a 0 en la ida contra Belgrano en Córdoba, dirigida por Néstor Pitana, y de empatar 1 a 1 en el partido de vuelta en el Monumental. Desde el gobierno realizaron un análisis real y de sentido común luego de que el equipo dirigido por Juan José López fuera derrotado en Córdoba el 22 de junio. La política actuó para que se tome conciencia de lo que podía llegar a ocurrir en el partido de la revancha. Cristina veía que se podían producir disturbios no solo en la Capital, sino en todo el país. Su objetivo era que Grondona reviera el posible descenso de River. Oscar Barnade, periodista deportivo en Clarín y Sportscenter, considera que “pudo haber sugerencias, charlas de café”. También que “es lógico que la Presidenta no quisiera tener en el país un problema mayor por la depresión de mucha gente”.

Una persona muy allegada al gobierno le alertó a Cristina lo que se podía generar si uno de los dos equipos más grandes de la Argentina descendía. Hay que tener en cuenta que a la Presidenta no le interesaba el fútbol y, además, que es hincha de Gimnasia y Esgrima La Plata. En efecto, los dos argumentos que se formularon como estrategia para que tomara cartas en el asunto fueron que River se iba ir a la B en el torneo que llevaba el nombre de Néstor Kirchner que podía quedar manchado en la historia por la violencia que se produciría en las calles.

Cristina pensó unos segundos y ordenó llamar a Grondona. El contacto fue directo. Atendió su chofer e inmediatamente “el Papa”, como le decían en su intimidad, se hizo cargo del pedido. Minutos después, “Don Julio” arribó a la Quinta de Olivos. Lo llevó su chofer. Entraron por uno de los accesos a la casa presidencial, no por la puerta principal. La charla tuvo lugar en la última oficina de la Jefatura de Gabinete en Olivos. La reunión no duró más de cinco minutos. Solamente ingresó un mozo a servir café, el único que vio a los protagonistas en acción, pero no sabía el motivo del encuentro.

Grondona, en esa reunión, aseguró con mucha liviandad que “lo mejor que le puede pasar a River es irse a la B”, y lo respaldó diciendo que “económicamente repuntará y lo va a ordenar como institución”. No estaba para nada errado, porque tiempo después terminó pasando. Por algo manejó el deporte con más peso en el país de 1979 hasta su muerte en 2014.

Allegados al gobierno den esa época corroboran que la frase “que River no se vaya a la B” nunca existió. Muchos podían conjeturar que como el torneo se llamaba “Néstor Kirchner” de alguna forma iban a favorecer al equipo millonario. Es utópico pensar que los partidos se resuelven desde un gobierno y no en la cancha por los jugadores. Quizá sí, pero no cabe pensar que un jugador se haga un gol en contra a propósito, o que le de un pase mal a un compañero con intención. Hay cuestiones que pueden llegar a tener un guiño político, como si se jugaba con público o no por lo que había pasado días antes en el partido en Córdoba. Sin embargo, desde el gobierno kirchnerista manifiestan: “El tema de seguridad e hinchada lo manejó la AFA y no nos involucramos”. Y enfatizan: “No había ninguna necesidad en meterse en decisiones futbolísticas”.

“Si Cristina hubiera querido, hubiese dicho que River no desciende. Ni en pedo lo iba hacer, ni decir”, asevera una persona cercana a ella. Así lo considera el periodista Barnade: “Si Cristina lo pidió, no lo consiguió”. No había un beneficio del gobierno si River no descendía. Se podría realizar un paralelismo con lo que sucedió en 2009 con Gimnasia, cuando estuvo muy cerca de perder la categoría ante Atlético de Rafaela y con dos goles sobre la hora de Franco Niell se salvó del descenso. Cristina no se metió. Después, sí, llamó a los jugadores y los felicitó, pero esa fue su mínima participación.

Hoy, desde el gobierno señalan que la relación entre Grondona y Cristina fue siempre distante, un vínculo cordial. Una persona próxima a la actual vicepresidenta garantiza que fue la primera y única reunión privada entre ellos, que se vieron tres veces en actos públicos. A pesar de lo que afirman desde el gobierno, Marconi explica: “El día posterior al primer partido en Córdoba, Grondona me pide juntarse en forma inmediata. Había estado con la Presidenta de la Nación y le informó que tenía noticias de que si descendía River era un escándalo y habría focos de violencia en todo el país. Me pidió que fuera a su departamento; él estaba por irse a su campo y tuvo que cambiarse por el llamado de la Presidenta. Me manifestó que el Colegio de Árbitros había decidido que los encargados de dirigir eran Pezzotta o Pompei”. Las designaciones las hacía el presidente del Colegio, Jorge Romo. Pezzotta declaró que Grondona lo llamó y le dijo: “Si esto sale mal, nos matan a todos. Nos van a colgar del Obelisco”. Y que la última frase antes de cortar fue: “Estoy en sus manos”.

El arbitraje de Pezzotta fue polémico. Lo imposible se hizo realidad, los cimientos más fuertes no podían derrumbarse y se derrumbaron. El árbitro no cobró una infracción de Claudio “Chiqui” Pérez a Leandro Caruso dentro del área en el primer tiempo. Hay infinitas cuestiones y dudas sobre ese referato. Sentido de la realidad exige Barnade: “Grondona estuvo 35 años. No nos podemos poner en distraído de lo que hacía con los que impartían justicia y lo que significaba un pulgar arriba o abajo para los árbitros de parte de él”.

Luego de esos 90 minutos “hubo premio para Pezzotta”, cree Barnade, ya que instantáneamente pasó a dirigir partidos de jerarquía. “No era tan buen árbitro como para que lo premien tanto”, indica Burgo. Sin embargo, todos estos juicios se derrumban de manera muy simple. Como lo defiende Barnade: “Vos ganás porque sos bueno y perdés porque te tiran atrás los árbitros. Pongámonos dos dedos de frente, los dos jugadores de River se chocan, ¿Por qué Grondona se lo instruyó, a pedido de Cristina, para que se salve River? ¿El jugador de Belgrano que hace el gol del empate, la quiso tirar afuera porque Cristina dijo de salvar a River del descenso?”. Además, ¿Qué pasó con Pavone? ¿Erró el penal a propósito?”.

Burgo cree que “la mayor responsabilidad es de River que no supo hacer un gol. Tenía un equipo de mierda, con un buen plantel no te vas a la B. En conclusión, se fueron al descenso los jugadores”.

Puertas adentro, Darío Olmos, legendario entrenador en las inferiores de River, comparte la sensatez: “Hubo soberbia del mundo River ya que se subestimó el momento y se percibía miedo escénico de algunos jugadores”. De todas formas, Marconi sustenta que en la reunión entre Cristina y Grondona hubo aprietes. “Tenés que pensar que es un tema en el que había intervenido el gobierno a través de su máxima autoridad, no hubo una gestión intermedia. Nunca en mi vida lo vi tan presionado y tan mal a Julio. Lo vi muy mal, muy mal. Y después que salió de la reunión con la Presidenta me transmitió esa ansiedad. Estaba angustiado”.

Próximos al gobierno aclaran que no fueron “partícipes de si Grondona tenía un plan. No sabemos qué planteó y qué medidas tomó después de la reunión. Lo que entendió e hizo es problema de él”. Y refutan toda información de un pedido de Cristina, que cuando terminó de hablar con Grondona se manifestó tranquila porque el lío no era suyo y no había pedido nada.

El gobierno no hubiese ganado nada. No tenía relación con el presidente de River, Daniel Passarella, ni ningún interés económico. Hubiese perdido si el estallido hubiese sido más grande. Se pensaba que iba a haber muchos más problemas de los que hubo ya que se tenía como ejemplo lo que había pasado en Córdoba en el partido de vuelta cuando la hinchada de River rompió el alambrado de la tribuna, entró al campo y les pegó a sus jugadores. La barra brava estaba dando un indicio de que de local podía desatar algo catastrófico. Asimismo, era la primera vez que uno de los dos equipos más grandes de la Argentina se iba a la B, algo novedoso y no sabían con qué se iban a encontrar. Cercanos a la Casa Rosada admiten que esperaban incidentes “más fatídicos, pero la tragedia fue más interna, en la cancha, alrededores del Obelisco y en sectores pequeños”.

Hoy, en diálogo con El Equipo, Marconi se abstiene y se contradice con algunas ideas que manifestó tiempo atrás: “A mí tampoco me consta que haya existido la reunión, yo solo cuento lo que me dijo Grondona. Después, si es realidad o no lo que Grondona me comunicó, es un tema absolutamente abstracto”.

La cuestión es emplear razonamientos lógicos: River se fue a la B y desde el gobierno no se atacó a la AFA. Si el pedido hubiese sido otro, como lo afirma Marconi, posterior al descenso se deberían haber presenciado modificaciones en la estructura del fútbol argentino y no ocurrió, ya que lo demandado por Cristina no se cumplió. Las hipótesis de que esa reunión fue para favorecer y salvar a River están refutadas. Es aplicar la racionalidad. Si se hubiesen cobrado tres penales hubiese sido un acto de corrupción y manejo de un partido, nada extraño en el fútbol argentino. Es más, si la orden de parte del gobierno a la AFA hubiese sido que River no descendiera, se hubiese quedado la A y no fue así. Lo sostiene una de las personas de confianza de la actual vicepresidenta: “Si el gobierno le hubiese dado una indicación a la Asociación del Fútbol Argentino de algo que se tenía que hacer, se cumplía”.

Incluso, se pueden sumar las peleas entre Passarella y Grondona. Olmos, insertado en el día a día de River hace muchos años, deduce que “Passarella lidió con la persona incorrecta y se la devolvieron”. Del mismo modo, Los Borrachos del Tablón, desde su cuenta oficial “Los Borrachos Del Tablón 14”, le estiman a El Equipo que ponerse en contra a “Don Julio” no fue favorable. El convencimiento es aún cada vez mayor de que en esa reunión el objetivo no era auxiliar ni perjudicar a River.

Quedó evidenciado. Por más que digan lo que digan, River se fue a la B.