viernes, junio 14, 2024

Brian Nieva, pasta de goleador

Por Santiago Laporte

Todo futbolista profesional anhela una retirada perfecta. Que ese día llegue cuando él elija, bajo los parámetros o circunstancias que él crea y no de forma prematura ni imprevista. Que llegado el momento, esté feliz y orgulloso por haber disfrutado durante muchos años de aquello que siempre lo entusiasmó. Un deseo que, lamentablemente, muy pocas veces se cumple. Ya sea por frustraciones, por decisiones contractuales con un club, porque ya nadie requiere de sus servicios o por una lesión tan inoportuna que logró hacerlo desistir y tirar la toalla.

Y al día siguiente se despierta y se da cuenta de que comienza una nueva vida, ya no habrá más entrenamientos, más fútbol, más goles. Una nueva vida en la que muy pocas veces se piensa de antemano como para llegar preparado. Como si se volviera a nacer.

Uno de estos tantos ejemplos es el de Brian Emanuel Nieva. El delantero, de 31 años -nació el 18 de abril de 1990-, surgió de la cantera de Independiente y era una de las grandes promesas de la institución ya que, hasta el día de hoy, ostenta un récord histórico para el club: es el goleador de las divisiones inferiores con más de 100 gritos. Lo que hacía presuponer que había futuro, tanto para él como para Independiente, pero en realidad no sería muy promisorio.

‘Braca’, como lo apodaron de chico por su parecido con Héctor Bracamonte, lleva la pasión por el fútbol, como bien se dice, desde la cuna hasta el cajón. “Aprendí a caminar gracias a la pelota, mis hermanos me la tiraban para algún lado y yo iba atrás”, comenta Nieva.

Desde su llegada al Rojo en prenovena, pasaron más de 10 años hasta que finalmente tuvo una oportunidad en la Primera División. Su debut en el plantel profesional fue la derrota 4 a 1 ante Godoy Cruz en el Apertura 2010, con Ricardo Pavoni como técnico, cuando ingresó a los 24 minutos del segundo tiempo en reemplazo de Patricio Rodríguez. Sin embargo, los cosas no se dieron como él esperaba: de los dos años que estuvo en Primera jugó solamente 14 partidos, alternando como titular y suplente.

Si bien no fue una pieza fundamental en el equipo, formó parte de los planteles que disputaron la Copa Sudamericana 2010 -que luego obtendrían venciendo en la final a Goiás por penales- y la Recopa Sudamericana 2011. “Viví muchas más cosas de las que me imaginé en Independiente y, hoy en día que no estoy más, me doy cuenta que fueron momentos increíbles”, recuerda Nieva con una sonrisa de oreja a oreja como la que tiene un niño cuando llega su cumpleaños. Luego, con el paso del tiempo y el cambio de entrenadores, no tuvo muchas chances en el plantel profesional del Rojo y decidió irse del club en busca de más rodaje.

Quizás no fue el momento indicado. El contexto tampoco ayudó, ya que el plantel de Independiente en ese entonces estaba repleto de estrellas y las oportunidades para los chicos de la cantera eran muy pocas, casi nulas. Al día de hoy, pasa totalmente lo contrario. El Rojo se encuentra repleto, pero no de estrellas, sino de deudas, lo que dificulta la llegada de jugadores con renombre y por esto en los últimos años han surgido muchos ‘pibes’ de las inferiores que han dejado boquiabiertos a todos.

Y, como si fuera poco, el final de la película no fue el mejor; o tal vez no fue el esperado para él. Más bien fue de esas que tienen un inicio y un desarrollo atrapantes, pero en el cierre ocurre algo inesperado que te deja totalmente impactado. Luego de una extensa trayectoria por el ascenso argentino, en abril de 2018, jugando para El Porvenir de la Primera C, sufrió la rotura de ligamentos cruzados de su pierna derecha en un entrenamiento. Intentó superarla, trató de aprovechar todo el tiempo posible para poder continuar, así como uno le exprime hasta la última gota a una naranja o como cuando usás esa remera que tanto te gusta hasta que las manchas o los agujeros te dicen “hasta acá llegué”. Sin embargo, no pudo, y finalmente tomó la decisión más difícil de su vida: colgar los botines.

Pero Brian no abandonó el fútbol. Eso es algo que no se deja nunca y él mismo lo recalca: “El futbolista siempre va a ser futbolista. Aunque ya no juegue de forma profesional trato de estar bien físicamente para cuando haya partido con los pibes, je”.

Actualmente, Brian trabaja en la fábrica de pastas Don Alfonso, un negocio familiar ubicado en San Francisco Solano, donde vivió toda su vida. Allí ayuda a sus padres y ellos lo ayudan a él dándole trabajo. Además, a través del ‘Patito’ Rodríguez, un enorme amigo que le dejó el fútbol, conoció a un representante que le ofreció la oportunidad de trabajar con él, ayudándolo y dándole una mano, para ir poco a poco aprendiendo y meterse en el mundo de la representación. Algo que lo tiene muy motivado y contento porque, poco a poco, vuelve a estar cerca del deporte que ama.

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