miércoles, abril 24, 2024

Por Lucía Gimenez

Eduardo Domínguez no usa WhatsApp ni redes sociales, no mira programas deportivos en la televisión y mucho menos le importa qué digan de él en esos ámbitos. El último técnico campeón del fútbol argentino entiende que sus mejores seguidores los tiene en sus futbolistas, porque su misión es que los jugadores le crean. Así conquistó el primer título del Sabalero, el pasado 4 de junio. Su equipo lo convirtió en protagonista de los festejos, lanzándolo al aire al grito de “Dale Campeón” mientras algunos jugadores lo sostenían,  pero al finalizar el partido que lo coronó, eligió no dar la conferencia de prensa. 

Inmediatamente después de esa noche histórica, el domingo 6, un grupo de niños, de entre seis y nueve años, se hizo presente en la casa de Domínguez, preguntando si los podía entrenar en la tarde. El director técnico no tuvo ningún problema, y hasta les llevó conos, arcos y pelotas a los pequeños. En un solo fin de semana no solo salió campeón, sino también le cumplió un sueño a varios niños y niñas de su barrio en Santa Fe. 


Idea de juego

Domínguez no duda en hacer hincapié en que con proyectos, ideas y trabajo todo se puede; y afirma que el crecimiento, en ciertas ocasiones, es mantener la ideología y la convicción en un mismo lugar. Elige dirigir usando traje o saco, manteniendo su barba y su pelo prolijos, fin de semana a fin de semana, considera ese, su lugar de exposición. 

En su estadía en Colón desde su llegada a principios de 2020, lleva en el banco 30 partidos, donde ganó en 17 ocasiones, empató 7 y perdió 6.  “El concepto de fracasar no lo tengo incorporado”, dice después de un entrenamiento con el plantel en el predio de Colón, de cara al próximo torneo. No reconoce perder como un fracaso sino que lo toma como parte de la vida, y agrega: “¿Cuántas veces nos salen mal las cosas en un día?, entonces si lo tomamos individualmente, fracasamos mucho en un día y no lo tomamos de esa manera”. 


Durante la Copa de La Liga Profesional 2021, el equipo de Domínguez logró estar puntero en su grupo las 13 fechas de la primera fase.

Aun así, reconoce los obstáculos que debe sortear a diario y hace mención de los mismos sin problema, los cuales pueden ser desde un entrenamiento que no sale bien o el rival, hasta si es un partido de visitante, o incluso el clima. Frente a estos factores, destaca trabajar para que no influyan tanto, pero de ser así, cree necesario tener la capacidad de, como equipo, tomarlo con tranquilidad, entendiéndolo como parte del juego, y de la vida misma. También manifiesta que, después de todos esos obstáculos, se encuentra “la luz en el camino” y es mucho más placentero que hacer todo bien, todo el tiempo.

“Yo hago lo que creo y lo que siento, con la confianza que me tengo”, admite, siendo ese rasgo lo primero que busca transmitirles a sus jugadores. De ésta, su segunda experiencia en el Sabalero, recalca que a los jugadores se les mostró una idea, pero principalmente se trabajó la seguridad en sí mismos, que podían jugar mejor y ser un mejor equipo. Quienes lo conocen en el club, resaltan su personalidad positiva, tranquila y trabajadora; destacando lo dedicado que es en todas las cuestiones que hacen que los jugadores puedan potenciarse en todos los ámbitos.

Domínguez es el yerno de Carlos Bianchi, el entrenador más ganador del fútbol argentino. Durante mucho tiempo se dijo que el Virrey tenía en sus contactos el celular de Dios, a quien llamaba en las instancias decisivas cuando sus equipos necesitaban una ayuda divina, y que aquel intermediario era el responsable de tantos títulos. Pero el técnico del último campeón no usó WhatsApp ni para tener esa conexión, ni para pedirle una ayuda al más allá en la definición del campeonato

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