viernes, junio 14, 2024

El covid dejó en evidencia una diferencia que juega en contra de las mujeres

Por Micaela Delzart

Stephanie Rea fue la primera jugadora del fútbol argentino en tener Covid-19. A diferencia de otros futbolistas de Primera que pudieron salir de las zonas precarias en donde nacieron, gracias al fútbol, ella vive en la Villa 31, en el Barrio de Retiro. Tiene dos trabajos (maestra jardinera y repartidora de comida por Rappi) porque el sueldo del club no le alcanza.

La arquera de Excursionistas dio positivo el 24 de mayo y las redes explotaron con insultos misóginos y clasistas hacia ella y su apariencia, y eso terminó afectándole más que la misma enfermedad.

“Si tuviéramos salarios parecidos al del masculino, no tendríamos la necesidad de salir a trabajar en estos casos, como la pandemia”, expresa su compañera de equipo, Ludmila Garzón, que también estuvo contagiada.

La delantera Garzón se infectó el 28 de agosto por tener contacto con familiares que habían dado positivo aunque ella no lo sabía. Fue asintomática, pero tuvo algunos dolores de cabeza.

La futbolista de reserva de River Camila Godoy fue la segunda jugadora en contagiarse, unas horas después que Rea; algo lógico porque comparten barrio en Retiro. Estuvo aislada por unos días en un hotel del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y luego le dieron de alta.

El lugar en donde viven estas deportistas se quedó varios días sin agua en ese momento y por eso las condiciones se hicieron más precarias y fue mucho más difícil plantarse al virus.

Las jugadoras no tienen casas tan espaciosas y tampoco cuentan con equipos para entrenar, a diferencia de los futbolistas del masculino. Tienen que prepararse en lugares mucho más chicos para competir en el torneo.

Roció Vázquez, mediocampista de San Lorenzo, se contagió junto a los seis integrantes de su familia. Aunque vive a unas cuadras del club, el Ciclón negó que haya tenido la enfermedad allí.

En Platense se contagiaron varios de sus futbolistas hombres y mujeres, entre ellas, Nerea Sosa, que compartió un mate con su hermana y su madre sin saber que estaban contagiadas.

Ella comentó: “Yo creo que la diferencia siempre va a estar, aunque no tendría que ser así. Por mi parte en el club nos brindan las mismas cosas que en el masculino. Hay que entender que el fútbol es semi-profesional, recién arranca y hay muchas cosas que limar. Yo siempre jugué por nada y ahora que me dan salario mínimo, lo recibo agradecida. No se puede vivir del fútbol porque no alcanza, pero tengo fe que algún día eso va a cambiar, hay que seguir trabajando duro”.

El responsable del fútbol femenino de la Asociación de Fútbol Argentino (AFA), Jorge Barrios, anunció en mayo que el subsidio del fútbol femenino se iba a terminar y horas más tarde lo desmintió: “La AFA continua con el apoyo porque así lo determina el presidente Claudio ‘Chiqui’ Tapia”.

En julio, la FIFA les brindó a las futbolistas el plan de apoyo Covid-19, que otorgará a las federaciones un millón y medio de dólares, de los cuales 500 mil serán destinados para proteger y garantizar que la reanudación del fútbol femenino se lleve a cabo en un entorno sano.

Varias futbolistas se tuvieron que ir al exterior para obtener mejores condiciones de vida, por eso, clubes Racing o UAI Urquiza tienen una gran parte del plantel nuevo.

Las jugadoras infectadas (que los clubes notificaron) fueron 11, aunque hay algunos que prefirieron no dar los nombres. Mientras las deportistas pelean por la profesionalización en su totalidad,  tienen que seguir jugando un partido más difícil que los jugadores de la misma categoría.

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