viernes, abril 19, 2024

300 veces Gallardo, el forjador de una identidad

Por Daniela von Simons y Guillermo Rojas

Marcelo Gallardo llegó a los 300 partidos como director técnico de River, algo que sólo otros cuatro entrenadores habían logrado. Su ciclo comenzó en 2014 por Copa Argentina contra Ferro y ya lleva 11 títulos ganados, uno cada siete meses.

Más de 160 triunfos y un equipo que supo reinventarse constantemente. El River campeón de la Copa Sudamericana 2014 jugaba muy parecido al River modelo 2020. Solo un nombre se repite en esos dos planteles: Leonardo Ponzio, quien fue capitán durante gran parte del proceso.

El ciclo tiene un sello más allá de los apellidos. En el arco, Franco Armani rinde igual que Marcelo Barovero, Gonzalo Montiel abre la cancha igual que Mercado y Enzo Pérez se transformó en un recuperador nato, al mejor estilo de Matías Krannevitter. Muchos jugadores cambiaron su estilo, Montiel comenzó jugando de marcador central y hoy es el lateral derecho titular de la Selección Argentina.

Gallardo hizo debutar a 34 juveniles en estos seis años y cuatro de ellos hoy son jugadores habitualmente citados por la Selección: Exequiel Palacios, Lucas Martínez Quarta, Gonzalo Montiel y Guido Rodríguez. Emanuel Mammana y Germán Pezzella también fueron llamados en algunas oportunidades.

Gallarod es un técnico que también da confianza en todo momento a sus dirigidos. Gonzalo Martínez llegó al Millonario en 2015 y en febrero de 2017 era muy resistido por los hinchas. Un año y ocho meses después, le hacía el tercer gol a Boca en la final de la Libertadores, luego de haber tenido rendimientos altos que lo llevaron a ponerse la camiseta de la Selección.

Caso parecido es el del uruguayo Nicolás De la Cruz, que cuando arribó a River en 2017 no convencía a los Millos y en 2019 se los ganó con excelentes partidos y un golazo a Cerro Porteño, en los cuartos de final de la Libertadores 2019.

Los goles en el River de Gallardo llegan de cualquier manera, de jugada, pelota parada, de cabeza, de córner, de tiro libre o contragolpe. Con Gallardo está todo pensado, cuando parece que River tambalea, el Muñeco sorprende con una nueva táctica o un nuevo jugador para romper el esquema.

No se casa con una misma formación y a lo largo de los años varía entre el 4-4-2, 4-3-1-2 hasta 4-5-1. También sorprendió al poner a cinco defensores en algunas ocasiones, como en la final de la Libertadores 2018 ante Boca.

Siempre usó a los laterales como una pieza ofensiva fundamental. Buscan asociarse con los volantes creativos, o mismo avanzar con la pelota hasta el borde del área para terminar la jugada en un centro, mientras que los centrales esperan y cubren la zona hasta que los laterales retrocedan.

De mitad de cancha para adelante abundan los futbolistas de buen pie; Leonardo Pisculichi, Gonzalo Martínez, Matías Suárez o Juan Fernando Quintero; tienen o tuvieron entre sus tareas tanto asistir a los delanteros por medio de centros o pases filtrados como convertir goles ellos mismos.

Los delanteros, tanto los volantes ofensivos como los de área, buscan romper desde la táctica la defensa rival al estar constantemente en movimiento hasta encontrar un espacio para luego recibir la pelota.

Otros factores positivos de los equipos de Gallardo son la velocidad y la presión. El mediocampo defensivo, donde tantos años mandó Ponzio, es vital para cortar los ataques. Enzo Pérez o Nacho Fernández continúan con la misma táctica, y Fernández también cumple el rol del distribuidor de la pelota por el campo de juego.

En River hace seis años que no existe el correr atrás de la pelota, todo tiene un por qué y todos tienen una función. Gallardo revolucionó el fútbol argentino donde los proyectos futbolísticos escasean muy rápido y logró darle a River una identidad que perdura hasta el día de hoy.

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