domingo, mayo 26, 2024

El anecdotario del futsal: los mejores recuerdos de los campeones del mundo

Por Julián Salvia

Las historias de jugadores que conformaron el plantel que se consagró campeón mundial por primera vez en Colombia 2016 y la de un referente de la liga local como Germán Muleck.

Un final para el infarto

En la final del Mundial 2016, Alan Brandi, catalogado como uno de los mejores jugadores del mundo, y quién nunca defendió la idea de arquero-jugador por el solo hecho de que no es su especialidad, tuvo que cambiar su rol en la cancha por una posición en la que nunca había estado, la de último hombre. Entre risas, recuerda que con la tensión del partido y su desesperación le estaba gritando como loco a Nico Sarmiento: ¡qué hago Nico, qué hago!”, como si le fuese a resolver todas sus dudas en ese momento. Para la suerte de él, tuvo solo una intervención, en la que cortó la pelota en defensa y se fue rápido de la cancha. 

 

Una historia de superación

Alguien que tuvo altibajos en el título internacional de Argentina fue Maximiliano Rescia, quien sufrió una rotura total y parcial en dos de sus ligamentos en el partido contra Costa Rica por fase de grupos. Del dolor y los nervios, y sin posibilidad de comunicarse con sus familiares, terminó mirando el encuentro desde el hospital, donde le confirmaron que su sueño había terminado y que tendría tres meses de recuperación: “Me llevaron en una silla de rueda para el hotel con el resto del equipo, imagínate lo que fue ese momento para mí, el verlos a todos contentos y yo entrando así sin querer amargarles el momento que estaban viviendo”

Sin embargo, el jugador argentino no quiso rendirse y se propuso regresar al certamen durante nueve días y, completamente apartado del plantel, se recuperó las 24 horas del día con los kinesiólogos. Su historia terminó siendo una superación al volver a las canchas en semifinales, contra Portugal y con todas las medidas que los médicos consideraban: ”Después de 14 días de que me haya roto prácticamente todo un tobillo, fue una alegría gigante en lo personal, y en lo colectivo también tras ganar el mundial”.

 

Boleto a la felicidad 

Para alguien que está dentro de la cancha, los nervios son los mayores enemigos. En cambio, para Damián Stazzone, la experiencia fue muy especial, por el hecho de que los partidos los iban ganando y seguían en el mundial, y que cada vez más gente estaba esperándolos en el hotel en el que se alojaban. Eso es lo que más recuerda: los hinchas argentinos que, con el correr de los encuentros, se iban interesando y se tomaban un avión a apoyar a los jugadores. Además, la llegada de los propios familiares y amigos para acompañarlos en el sueño de ser campeones, que cada vez se iba siendo más real: “Es un recuerdo que tenemos para toda la vida y que por suerte ayudo a que nuestro deporte siga creciendo”.

 

Todo era una sonrisa

Fernando Wilhelm le tocó, desde su rol de capitán, levantar la copa y el trofeo como mejor jugador del certamen, pero lo que más se guarda es lo posterior a eso: “Después de ganar el partido final fue toda una alegría, es muy difícil describir ese momento. Lo que más me llamó la atención fueron las caras de todos, estaban todos sonriendo, todos.. todos.. todos muy sonrientes, y creo que esa puede ser la descripción de ser campeones del mundo”. En el vestuario, en los pasillos, en el micro de vuelta, en el hotel, fue toda una fiesta entre sonrisas, todo estaba bien y fue una alegría imposible de describir para él, que seguramente va por encima de lo deportivo.

En lo deportivo, explicó que lo que consiguieron se lo hacen saber la gente mediante las redes. Si bien a él no le cambió nada la consagración, le llenó de orgullo el tener la medalla y las fotos en su casa, y esto le dio más responsabilidades: “No seas tarado, mira a donde llegaron, no lo arruines por una estupidez, ahora vos tenés una responsabilidad”. El hecho es que ahora sus nombres están en AFA como glorias del deporte, por lo que “de acá hasta que salude a este mundo me tengo que portar bien”, señaló, entre risas.

Antes fulbito, hoy futsal

Germán Muleck.

Si tenemos que hablar de cambios, uno muy grande se dio en la cantidad de chicos que se prueban en el futsal desde la consagración en el mundial de Colombia. Así lo explicó Germán Muleck, quien en su niñez no llegaban a completar un equipo: “Teníamos ocho jugadores y hasta ahí”. En cambio, señaló que hoy en día hay inferiores completas, de octava a primera, y también están las promocionales, en las que hay un plantel completo de diez a doce jóvenes que les gusta jugar, que están interesados y que les llama la atención el deporte.

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