martes, diciembre 5, 2023

Por Farid Maggiori

Tiene las manos podridas”, dijo el médico de la Lazio tras negarse a inyectar al argentino, a poco más de una hora para el comienzo de la pelea porque, como se sabía, Carlos Monzón debía ser infiltrado antes de cada combate por problemas en sus manos. Cuando ya estaban por ir desde el hotel hacia el estadio, llegó Juan Carlos Lorenzo junto a dos médicos argentinos. Cada uno se encargó de una mano. Novocaína lista, pero solo duraría seis rounds. Así empezó todo. 

Ya en el Palazzetto dello Sport y ante 16 mil espectadores, comenzó la pelea. Monzón salió a ser Monzón y a no dejar que Benvenuti imponga su estilo. Tirando el jab de izquierda en todo momento para buscar abrirle paso al directo de derecha fue la clave de la pelea. Demoliendo a sus rivales, round a round, como siempre se lo caracterizó. Esa noche el santafesino subió al ring con la idea fija de traerse el título a la Argentina. “Me di cuenta de que Monzón no había subido a boxear, sino a pelear”, aseguró el italiano años más tarde. 

A medida que iban pasando los asaltos el argentino superaba cada vez más al local. Tanto fue así, que, en el comienzo del décimo segundo round, Amílcar Brusa le gritó a su pupilo: “Ese hombre está muerto”, y Monzón salió a rematar. A falta de un minuto para el final del round Benvenuti se refugió contra las sogas tras el incesante ataque del santafesino, que abrió camino con la zurda y fulminó con la derecha. A Nino se le aflojaron las piernas y cayó de manera vertical, haciendo el KO aún más espectacular. 

Carlos Monzón campeón del mundo, en Italia, ante el favorito y por knockout. Fue, sin dudas, una de las victorias más importantes de la historia del boxeo argentino. Defendió el título en 14 oportunidades, entre 1970 y 1976, hasta el día de su retiro. 

Monzón fue condenado a 11 años de cárcel por haber asesinado a su esposa, Alicia Muñiz, el 14 de febrero de 1988, tras haberla tirado del balcón de una casa en Mar del Plata. Falleció el 8 de enero de 1995 por un accidente automovilístico, en una de sus salidas transitorias, a los 52 años. 

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