Por Ezequiel Aranguiz

El 26 de mayo de 1991, un vuelo comercial que iba desde Bangkok a Viena sufrió un accidente que causó la muerte de los 313 pasajeros y de los 10 miembros de la tripulación. Mozart -como había sido bautizado el avión- era un Boeing 767 de Lauda Air, aerolínea perteneciente al ex automovilista y tricampeón de la Fórmula 1 Andreas Nikolaus ‘Niki’ Lauda.

La investigación quedó a cargo de la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte de Estados Unidos -NTSB-, en colaboración con Boeing, la compañía fabricante del 767. Pero Lauda insistió en ser parte de la búsqueda: además de ser uno de los mejores pilotos de autos de la historia, era piloto de avión certificado y volaba sus propias aeronaves.

En el documental ‘Mayday: el vuelo de Lauda’, Herbert Volker, periodista y biógrafo de Niki, aseguró que el austriaco estaba muy interiorizado con la catástrofe, no sólo porque se trataba de su empresa sino también porque lo relacionaba con su propio accidente.

En el Gran Premio de Alemania, el 1 de agosto de 1976, Lauda perdió el control de su Ferrari -aún se desconoce el motivo exacto- y se estrelló contra un muro. Su monoplaza se incendió y él quedó atrapado durante varios segundos. Con quemaduras de tercer grado y los pulmones afectados por la inhalación de gases tóxicos, apenas logró sobrevivir.

“Lo peor de la vida es no saber la verdad y en muchos accidentes, no se sabe qué paso. Por eso quiero encontrar una respuesta”, declaró Lauda a medios tailandeses durante la investigación. Meses después del desastre aéreo, la NTSB concluyó que un cortocircuito había provocado el despliegue del inversor de empuje del motor izquierdo y que los pilotos no estaban correctamente capacitados para manejar la situación.

El piloto profesional argentino Martín Greco explica a El Equipo: “El inversor de empuje es un mecanismo de frenado para el aterrizaje. En la parte trasera de la turbina se abren dos ‘ventanitas’ tapando el chorro de gases que tira y, por la forma de flecha que tiene, desvía el aire en el sentido contrario, haciendo que el avión frene”. Según vuelos de prueba ejecutados por Boeing, la activación del inversor no causaría el accidente.

Pero Lauda respaldaba a sus pilotos y creía que había otra explicación. La grabadora de voz de la cabina reveló que tanto el capitán como el primer oficial habían seguido correctamente la lista de control, una guía proporcionada por la empresa fabricante del avión que detalla cómo actuar ante una alarma o emergencia.

A causa de esto, Niki viajó a la sede central de Boeing para realizar vuelos de prueba en los simuladores de la compañía. Este experimento demostró que, a la altitud en la que volaba el 767 antes del accidente -unos 6300 metros-, el despliegue del inversor causaba una caída libre letal. Por su parte, las pruebas de la empresa estadounidense se habían realizado a un máximo de 3000 metros.

Como conclusión, se determinó que, al desplegarse un inversor de empuje a una gran altitud, el avión no obtiene la sustentación necesaria. “La sustentación es la capacidad de un objeto de mantenerse en el aire y para entenderla, hay que comprender cuatro fuerzas opuestas: la tracción, producida por la turbina; la resistencia, generada por el movimiento de la aeronave; el peso, que lo tira hacia abajo por la gravedad; y la sustentación, contraria al peso”, explica Greco. Y agrega: “A mayor altitud, menor es la densidad del aire, el avión tiene un menor rendimiento y, por lo tanto, genera menos sustentación”.

Gracias a la perseverancia de Lauda en la búsqueda de la verdad, no sólo se limpió el nombre de los dos pilotos que perdieron la vida en el vuelo 004: el diseño de los inversores cambió, se agregaron más dispositivos de bloqueo y se corrigió la lista de control. “Es lo único positivo de este tipo de catástrofes, la aviación ahora es más segura”, reflexiona en el documental.

Niki Lauda falleció el 20 de agosto de 2019 y, como dijo su familia en el comunicado que anunciaba su muerte, sus logros únicos como atleta y empresario son y serán inolvidables.