martes, junio 25, 2024

Alemania y un estilo de vida

Por Sebastián Rodrigo Martín

Cada cuatro años, llegado el campeonato por la Copa del Mundo o la Eurocopa, el espectador estándar del fútbol -y el que no también- suele cuestionarse cómo es posible que Alemania siempre aparezca como favorita en los papeles. Cómo es posible que cuando se hable de candidatos, ellos siempre sean mencionados. Pero claramente, esto no es una mera casualidad o una fortuna del momento. De hecho, todo lo contrario. Es una causalidad. Por la preparación, el trabajo, la evolución y la ejecución de un proyecto serio y derecho que los alemanes mantienen como política en su país y en su fútbol.

Un estilo de vida

Para empezar, es importante explicar una de las características más fuertes e influyentes en la historia del país. Alemania, a lo largo de su historia, ha sabido levantarse ante los malos momentos. Están acostumbrados a salir de las malas, de levantar cabeza y seguir. Sin importar cuán devastado o mal pueda haber quedado. Capaz de recuperarse después de dos guerras mundiales en las cuáles fue protagonista y de las cuales quedó prácticamente destruida, económica como socialmente. Y no solo eso, sino que volvió a ser una potencia en el mundo, en todo sentido. Es algo cultural. El tratar de ser los mejores o, al menos, intentarlo, es parte de ellos. Esa sensación de que siempre se puede hacer mejor, esa forma seria y comprometida de trabajar y, principalmente, esa capacidad de resurgir luego de episodios catastróficos.

En el fútbol, Alemania también lo hizo. También resurgió, salvando las distancias entre una Guerra Mundial y un simple partido de fútbol. Sería una falta de respeto si se quisiera poner en la misma balanza un episodio de semejante envergadura y vergonzoso como lo es la guerra, con un encuentro o campeonato de un simple deporte pasional. No es la intención. Lo que sí la es, es explicar cómo un país, basado en un proyecto y un estilo de vida, es capaz de, ante la adversidad, revertir la situación. Y es que tan solo hace falta ver cómo luego de nueve años de la Segunda Guerra Mundial en la que Alemania quedó totalmente destruida y fundida, logró, en lo económico, fundar dos marcas deportivas que actualmente son las mejores del mundo: Adidas y Puma. Vistieron por primera vez en la historia de los mundiales a una selección en Suiza 1954, mundial que casualmente -todo lo contrario- fue la vuelta de los alemanes a una competencia internacional posguerra. Y vaya que casualidad, o mejor dicho, causalidad, que Alemania fue campeona tras ganarle la final a la -por entonces- todapoderosa Hungría de Puskas. Volvieron, ante todo pronóstico, a ser los mejores. En todo sentido.

 

El quiebre

Seguramente el quiebre o, si se mira desde un lado más “positivo”, el punto de partida para la evolución del fútbol alemán fue la Eurocopa 2000. La “excusa” perfecta para pasar página, y proyectar una nueva, y mejor.

En esta competición, y pese a haber salido campeón cuatro años antes, Alemania decepcionó quedando eliminada en fase de grupos. Fue última en la primera fase, la cual compitió con Portugal, Rumania e Inglaterra, con apenas un gol a favor y cinco en contra. Logró tener su peor actuación en un certamen desde el mundial de Francia 1938. Fue la gota que rebalsó el vaso. Un antes y un después en el fútbol alemán. Además, a lo sucedido se le adjuntaba al hecho de que en Francia 1998 (mundial donde queda eliminada en los cuartos de final ante la sorpresiva Croacia de Davor Šuker) Alemania había presentado al equipo en promedio más viejo (28 años) en la historia de la competencia.

La Federación Alemana de Fútbol (mayormente conocida como DFB) implementó una nueva política con la que todos los clubes pertenecientes a esta -incluidos los de segunda división- deban invertir en centros de entrenamiento, capacitación (también para los entrenadores) y principalmente de formación juvenil. En 2003, luego de ser subcampeona del mundo en Corea-Japón 2002, se puso en marcha un un programa de desarrollo de talentos que tenía como objetivo la búsqueda y la identificación de promesas, con el fin de captarlas y educarlas.

De esta manera, los clubes se vieron obligados a tomar este tipo de iniciativas. Era fácil y claro: el que no invertía en sus juveniles, no podía competir en la Bundesliga. Así, Alemania empezaba a encaminar su nuevo proyecto juvenil.

Siglo XXI

Con este en marcha, Alemania volvió a ser protagonista de las competencias internacionales. Quizás, lo más sorprendente fue que no fue muy paulatino. Contrariamente, los alemanes llegaron a la final del mundo de Corea-Japón 2002 perdiéndola ni más ni menos que la Brasil de Ronaldo, Ronaldinho y compañía. Pero, pese a la derrota en la final, volvían a ser protagonistas en un mundial de fútbol. En realidad, nunca dejaron de serlo porque histórica y estadísticamente Alemania siempre lo fue. De hecho, es la selección con más finales y semifinales jugadas. Más de la mitad de los mundiales que jugó, terminó entre los primeros cuatro puestos. No es un dato para nada menor. Y, en el del 2002, volvía a hacerlo.
La Eurocopa Portugal 2004 no fue la prevista para ellos. La, por entonces, selección dirigida por Rudi Völer quedó eliminada en fase de grupos (tercer puesto) y no pudo dar la buena imagen que ellos esperaban. Esta competición, a diferencia de la Copa del Mundo, nunca le fue “fácil” a Alemania. Obvio que sus resultados no son para nada “malos”. De hecho, es la selección -junto a España- que más veces la ha ganado (tres) y la que más veces llegó a una final (seis). Pero, en base a sus muy buenos resultados y actuaciones en los mundiales, uno cree que en las eurocopas tendría que ser igual o incluso mejor (porque no participan los países del resto del mundo -principalmente sudamericanos, quiénes a lo largo de la historia han ganado mundiales).

Sale Völer, entra Jürgen Klinsmann como director técnico. Pero con él también entra una nueva mentalidad, de funcionamiento y de características. El seleccionado dejo de contar en su mayoría con jugadores físicamente fuertes, preponderantes y aguerridos. Comenzó a incluir a futbolistas más pequeños, no tan robustos pero llenos de técnica. Además, Klinsmann implantó un juego mucho más profundo y ofensivo. Poco a poco iban encontrando su estilo de juego.

Llega el 2006, Alemania es la sede de una nueva Copa del Mundo. ¿Está entre las favoritas? Sí. Por localía, plantel y funcionamiento. Y, pese a no hacer un mundial malo, quedó eliminada en semifinales contra Italia. Luego, los dirigidos por Jürgen Klinsmann se quedarían con el tercer puesto después de vencer 3-1 a Portugal.

En la Eurocopa 2008 jugada en Austria/Suiza, y ya dirigidos por Joachim Löw, quien había sido el ayudante de campo de Klinsmann, y así lograr seguir con el proyecto y con la misma filosofía, Alemania volvió a demostrar toda su capacidad futbolística y logró el subcampeonato, perdiendo la final contra la gran España de Del Bosque y compañía, la cual también fue la responsable de la eliminación del seleccionado alemán, por 1-0, en semifinales del Mundial de Sudáfrica 2010.

En 2012, Alemania llegó a semifinales de la Eurocopa Polonia/Ucrania donde pierda 2-1 contra la subcampeona selección italiana (la campeona fue España, nuevamente). Como tantas otras veces en su historia, y principalmente en los últimos años a partir del proceso de desarrollo juvenil, los alemanes repitieron estar entre los cuatro primeros de una competición internacional.

El gran fruto después de todo el trabajo realizado, la gran cosecha del desarrollo implementado por la DFB, fue el Mundial de Brasil 2014. No solo fue campeona ganándole la final a Argentina, sino que fue ampliamente superior al resto de los países participantes de la competencia. Juego dinámico, inteligente, ofensivo, y sobre todo, determinante. Tanto que logró una de las mayores goleadas en la historia de los mundiales, cuando le ganó al anfitrión Brasil en las semifinales ni más ni menos que 7 a 1. Esa selección arrastraba a jugadores que años atrás recién estaban haciendo sus primeros pasos en la selección mayor (como el capitán Philipp Lahm o Bastian Schweinsteiger -entre otros grandes jugadores-), pero también incluía jóvenes, algunos que ni siquiera pasaban los 24 años y que fueron grandes protagonistas durante la competición (el goleador del mundial Thomas Müller -24- o el autor del gol en la final Mario Götze -22-). Por fin, luego de tantos años estando entre los cuatro mejores, logró ser la mejor de todas, ser campeona del mundo.

Rusia 2018 y un nuevo punto de partida

El punto más interesante de todo este desarrollado y largo proceso puede llegar a ser el Mundial de Rusia 2018. ¿Más que Brasil 2014? Sí. Alemania, luego de salir campeona de la Copa Confederaciones en 2017 por 1-0 ante Chile, quedó sorpresivamente eliminada en fase de grupos, teniendo una de sus peores actuaciones internacionalmente en toda su historia. Con un grupo que, en la previa del mundial, era considerado “fácil” o “accesible” para la -por entonces- campeona del mundo (México, Suecia y Corea del Sur completaban el grupo). Y pese a esa predicción, terminó última.

Lo interesante en esto no es que haya quedado eliminada tan temprano y rápido en un mundial (lo cual también lo es), sino más bien que ante eso -lo que en Argentina se consideraría como un fracaso- lo primero que hizo Alemania fue renovarle el contrato a su técnico Löw para que siga al mando del seleccionado por cuatro años más. Ante un mal resultado y una -quizás- “mancha” en todo este exitoso proceso, decidió seguir creyendo y apostando en él para y por el bien del fútbol alemán. Decidió seguir creyendo y apostando por un mismo estilo de juego que, desde la llegada de Jürgen Klinsmann y luego con la de su ayudante de campo Löw, tanto ha logrado en el seleccionado. Cuesta creer que ante una selección, pero principalmente un país, que históricamente se ha caído y ha sabido levantarse para volver más fuerte, no lo haga una vez más. Porque además, tiene con qué. Por la prioridad que los clubes y la Federación le dan a las inferiores y a las juveniles nacionales; por la capacidad para poder encontrar, potenciar y hacer debutar a los chicos; y por la calidad de todo ese engranaje que provoca que los alemanes sean potencia y favoritos en cada competencia internacional. Alemania volverá a serlo como siempre lo supo hacer. Porque es su estilo de vida: envidiable y un ejemplo a seguir.

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