Por Thomas Somoza

Los clubes deportivos de la Argentina cumplen una función fundamental para afrontar la pandemia provocada por el coronavirus. En especial los que se ubican en Buenos Aires, debido a la cantidad de casos en esa zona del país. Sus espacios son puestos a disposición de los gobiernos para tratar a personas contagiadas de COVID-19 al armar hospitales de campaña y también con los testeos que se hacen, por ejemplo, en San Lorenzo. Pero, particularmente en las instituciones barriales y del ascenso, también se realizan ollas populares, donaciones o alojamiento de personas cercanas a las correspondientes zonas.

Andrés López es el director de la Tecnicatura en Periodismo Deportivo de la Universidad Nacional de La Plata y, en este sentido, afirma: “Es el espíritu y el valor que tienen nuestros clubes sociales y deportivos, que son el pilar de nuestra cultura como seres sociales argentinos. No existe, en la mayor parte del mundo, instituciones como nuestros clubes”. Y agrega: “Me parece que es vital entenderlos, conocerlos y defenderlos. Están al servicio de la comunidad y lo demuestran a cada momento. Con la pandemia ha quedado absolutamente claro”.

En la misma sintonía, Jorge Spina, médico  hace 30 años, recibido de la Universidad de Buenos Aires (UBA) que reside en Castelar, opina: “Me parece espectacular que los clubes aporten con sus espacios. Porque, además, no creo que se lo esté dando al Estado ni a un gobierno: se lo está brindando al pueblo argentino”. Y quien le da mayor dimensión a la acción de los establecimientos es Nara Sagaseta, integrante de la academia de baile Jea Dance: “Es un acto servicial, necesario en estos tiempos tan particulares. La participación comunitaria y la labor interdisciplinaria entre instituciones genera conciencia de lo que estamos viviendo”.

Como plantean los investigadores argentinos María Eugenia Rosboch y Flavio Peresson, los “clubes sociales” en sus orígenes comenzaron a organizarse con el objetivo de fortalecer la amistad y solidaridad entre vecinos. Eran —y son— espacios barriales y comunitarios en los que se creaban sólidos lazos sociales entre quienes formaban parte. Con el paso de los años tomaron mayor relevancia hasta convertirse en lugares de contención con su oferta deportiva para niños y niñas que pueden caer en peligrosas costumbres de la calle. La Ley Nacional de clubes de barrio y de pueblo (Ley 27.098) le dio más fuerza al objetivo de la inclusión social cuando se sancionó el 17 de diciembre de 2014. En ella se establece que los clubes inscriptos en el Registro Nacional deben recibir ayudas económicas desde la Secretaría de Deportes con las que podrán mejorar las instalaciones y los servicios que brindan.

Aquí surge la cuestión de cuán relacionados deben estar los clubes y el Estado, más allá de la situación excepcional en la que el mundo está adentrado. Para orientar una respuesta, Carlos Leavi, Doctor en Comunicación y docente de la UNLP, sostiene: “Lo que tiene que haber es una vinculación profunda y permanente, que de alguna manera lo establecía la Ley Nacional del deporte. No importa cuál sea el gobierno, sino que el Estado tiene que asumir como deber generar las mejores condiciones posibles para que los clubes se desarrollen”. Y pone como ejemplo a las exenciones impositivas, subsidios y la garantía de que no habrá desigualdades dentro de los establecimientos.

Sin embargo, estas asociaciones civiles sin fines de lucro se vieron en cuantiosos problemas en los últimos años, como con la dolarización de las tarifas de los servicios esenciales como el gas o la luz, que se tornaron impagables y resultaron en la casi quiebra de algunos clubes. O la intención del expresidente Mauricio Macri de convertirlos en sociedades anónimas deportivas, lo que implicaría que los socios y las socias dejasen de ser quienes tomen las determinaciones mediante asambleas y pasaran a ser definidas por la persona que decidiera invertir en la institución. El periodista Alejandro Wall lo esclarece: “La doble tenaza implicaba infligir una crisis económica y financiera en los clubes y, a la vez, darles la solución: las sociedades anónimas”. Aunque, finalmente, cuando se pronosticaba un sufragio secreto, todo quedó en un proyecto que no fue votado en la Asamblea Extraordinaria de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) que se llevó a cabo el 29 de noviembre de 2018.

En este punto, Gustavo Modroff, hincha de Atlanta que no faltó a ningún partido desde 2011, sentencia: “Mauricio Macri ya desde que era presidente de Boca quiso sociedades anónimas en los clubes y erradicar su forma social”. Y advierte: “Los clubes son nuestros, de los hinchas y socios, quienes toman las decisiones, avalan o se ponen en contra de una Comisión Directiva e interfieren en las decisiones de las cosas que se quieren hacer”.

Sobre esta situación, Leavi expresa: “El deporte es una práctica sociocultural que tiene que ver con nuestra humanidad, con nuestra identidad, con cómo nos relacionamos y por ende no debe estar sujeto a las lógicas del mercado”. Pero aclara que eso no quiere decir que no se pueda generar un negocio o una rentabilidad para quienes decidan hacerlo.

López aporta: “Equiparar a los clubes con las empresas es algo que no sirve, no es lo mejor, al menos para nosotros como argentinos. Yo no sé cuántas empresas donaron sus depósitos para hacer camas y se pusieron a disposición del Estado para ayudar”. Y contrapone que sí conoce a empresas que despidieron gente y salieron a reclamar ayuda del gobierno. “Es parte de la visión empresarial —continúa López— que tenía el gobierno anterior, que es pensar en el signo pesos por encima de todo”.

¿Qué ayudas recibieron estos clubes que tanto aportan a la sociedad? El Ministerio de Turismo y Deportes —comandado por Matías Lammens— anunció, a través de la Secretaría de Deportes —con la exleona Inés Arrondo a la cabeza—, el Programa de Apoyo en la Emergencia para Clubes. Se trata de un subsidio de hasta 60 mil pesos que podrán ser utilizados para solventar gastos en los servicios, infraestructura, campañas de prevención conforme a las pautas sanitarias que estableció el gobierno o para desarrollar capacitaciones para trabajadores, socios y dirigentes.

El beneficio se suma a la resolución 173/2020 del gobierno nacional, en la que se establece que a los clubes de barrio y sociedades de fomento no se les realizarán cortes de los servicios de luz, gas por redes y agua corriente, telefonía fija e internet y TV por cable, en caso de falta de pago de hasta tres facturas consecutivas con vencimientos desde el 1 de marzo de 2020. Y también se los incluyó en el Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y a la Producción (ATP), que contempla, entre otros puntos, el apoyo del Estado para pagar hasta el 50% de los salarios de los trabajadores.

En conclusión, los clubes sociales, barriales y deportivos de la Argentina son parte de la historia que hace al país. No solo por esparcir el fútbol a lo largo de la metrópolis de Buenos Aires con la ayuda del ferrocarril. Sino porque también efectúan objetivos esenciales en situaciones de emergencia, como se aprecia en medio de la pandemia, e incluso en la cotidianeidad de la gente que a ellos acude para practicar una disciplina, recrearse o estrechar lazos sociales. Son parte de la cultura argentina, pero también han sido castigados en el último tiempo. Su papel queda a la vista de todos y todas, por eso hay personas que dan batalla para que no cierren sus puertas en épocas devastadoras y para que sigan cumpliendo con su fundamental rol social.