martes, julio 23, 2024

Rashford, roles y privilegios

Por Santiago Ballatore

Probablemente, cuando empezó a jugar en las divisiones menores del Manchester United, a los siete años, Marcus Rashford comenzó a entender su talento. Durante mucho tiempo, lo trabajó; vaya que lo hizo. En el momento en que debutó —y marcó un gol— en la primera división del club que lo había visto crecer, disfrutó, gozó. En 2020, con 22 y más de 100 partidos como profesional, asumió su rol en la sociedad. Tomó un riesgo, se expresó y, de la noche a la mañana, se convirtió en un ícono en la lucha por la desigualdad en Inglaterra.

El pasado 14 de junio, el delantero del Manchester United publicó una carta abierta destinada a los miembros del Parlamento inglés. El pedido era claro: que se diera marcha atrás con la decisión de que en las vacaciones no aplicaran los cupones de viandas de los colegios, que en estos tiempos complicados les habían dado un respiro a miles de familias a las que se les dificultaba cada vez más el acceso a las comidas básicas. En enero de 2019, última fecha de la que hay datos oficiales disponibles, el gobierno había anunciado que el 15,4% de las y los estudiantes —casi 1,3 millones— había solicitado el plan, que en inglés lleva el nombre de Free School Meals.

El tuit, que menos de 48 horas después de su publicación ya había superado los 150 mil retuits y 275 mil likes, se abre con una invitación a reflexionar, para ya en el segundo párrafo sí hablar del tema. En esa sexta línea escribe: “Entiendan: sin la bondad y generosidad de la comunidad que tuve a mi alrededor, no existiría el Marcus Rashford que ven hoy: un hombre negro de 22 años con la suerte suficiente para hacer una carrera jugando el juego que amo”.

Todo tiene un contexto, claro está. El asesinato de George Floyd del pasado 25 de mayo a manos de un policía de Minneapolis, en Estados Unidos, abrió una puerta que difícilmente vuelva a cerrarse. Personalidades de todo el mundo se manifestaron, algunas presencialmente en marchas, para visibilizar el racismo sistemático que hay en las sociedades modernas. Algunos deportistas, especialmente norteamericanos, ya venían haciéndose oír en los últimos años: desde LeBron James y sus peleas con Donald Trump a través de Twitter; pasando por Jaylen Brown, basquetbolista de Boston Celtics que en 2016 había dicho en una entrevista con el diario The Guardian que “el racismo existe en América. Obviamente cambió mucho, y por eso algunas personas piensan que desapareció. Pero está escondido en lugares más estratégicos”; hasta llegar a Colin Kaepernick y su emblemático acto de arrodillarse durante el himno nacional, ya que estar de pie significaba mostrar orgullo por la “bandera de un país que oprime a los negros y a las personas de color”. Rashford, tan lejos y tan cerca de estos referentes, siendo un hombre negro y de clase baja que, como expresa en la carta, poseía en su rutina el hecho de ir a buscar comida a comedores y ollas populares, tenía todas las de perder en un sistema que “no está hecho” para que familias como la suya triunfen.

Durante la cuarentena, aproximadamente 200 mil chicas y chicos no tuvieron acceso a las comidas básicas en Inglaterra. Dos estadios de Wembley repletos. “Hace diez años, yo habría sido uno de esos chicos”, lamenta en el párrafo que sigue al del escalofriante número.

30 horas después de la carta, volvió a invitar a la reflexión con un hilo de Twitter (@MarcusRashford), que consta de cuatro tuits, acompañados del hashtag #maketheuturn —den la vuelta en U—. El mensaje, claro: pensar en los privilegios que tenemos, que al día de hoy implican incluso tener agua para la ducha, electricidad y algo de comida en la heladera. Saber, identificar, que muchas niñas y niños en Inglaterra “se están preguntando por qué. ¿Por qué nuestro futuro no importa?”.

Un ratito más tarde, se anunció que, al final, el gobierno daría marcha atrás con su medida y entregaría cupones de viandas durante las vacaciones para las personas que habían calificado. “Miren lo que podemos hacer juntos”, puso en su cuenta el talentoso jugador. Talentosísimo. Más allá de cómo juega a la pelota, su talento hoy radica en otra parte. No hay dudas de que sabe posicionarse dentro de la cancha, pero ahora también encontró su lugar fuera de ella.

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